hola.com

diciembre, 2008


19
diciembre 08

SOY UN DESASTRE CITIL

Me estoy recuperando de mi última cita infructuosa. Algo avanzaba el otro día y por fin me decido a contarlo. Soy un desastre citil. No logro una sola cita exitosa.

 

He reflexionado sobre lo que me dijo hace unos años una tipa en un curso de guiones que hice en Cuba “hija, ligas fatal, debes practicar y para eso, lo mejor es que practiques con los que no te gustan”.

 

Y eso voy a hacer. Mejor dicho, eso es lo que estoy haciendo sin saberlo.

 

El otro día di con uno en internet que parecía fenomenal. Quedamos. Hacía un frío de mil demonios. Aparecí en el bar envuelta en trapos. Presuntamente era ropa, pero como llevaba tantas cosas parecía un muestrario de telas. El hombre puso una cara muy rara. Mientras me sentaba me fui quitando cosas. Eso suena genial, a striptease “sesi”, pero no fue exactamente así. Me quité la bufanda y metí los flecos en la tapa de pisto que tenía él. Me quité el abrigo y tiré estruendosamente el servilletero. Me dejé puesta la chaqueta de debajo del abrigo, y me la quité rápidamente cuando aprecié que, con cara de espanto, él contaba los pelos de gato que había en las mangas. Podíamos haber pasado la velada así, yo callada y él contando pelos de gato de mi chaqueta, podíamos haber pasado siglos… los pelos eran infinitos.

 

Y cuando mi atuendo ya era más o menos normal empezamos alguna conversación. No sé por qué, en un momento dado, él me preguntó si yo había vivido con mi anterior pareja. Mi cara de angustia fue mayor aún que la que le quedaba a él por lo de los pelos de gato de mi chaqueta. No, no, le dije, nunca viví con él. Lo dije con tono de mujer moderna, independiente, que está por encima de todo (y por debajo de mucha ropa) aunque en realidad lo que quería era haberme puesto a llorar desconsoladamente recordando la de veces que insistí a mi ex con lo de vivir juntos y la de veces que su Peter Pan interno le hacía decir un no rotundo. Y a partir de ahí, la conversación ya no fue bien.

 

Antes de irse me regaló un libro (que yo interpreté como si me regalaran un anillo con un pedrusco). Así que me fui a casa, me lo leí y le escribí dos días después un mensaje al móvil “Me ha encantado. Muchas gracias. A ver si nos vemos”. Me contestó. ¡Qué nervios! ¿Dónde querrá que nos veamos mañana? Pero su mensaje decía “Genial. Me alegro. Saludos”. Ay, qué chasco.

 

Saqué tres conclusiones de esta cita: no ir de moderna e independiente cuando busque novio, practicar más con los que no me gusten y cepillar más a menudo a este gato. Que se suman a: no ir con botas de agua de ranas a las citas y no quedar en un parque por si va en chándal.

 

Sigo soltera.


10
diciembre 08

MEJOR DICHO, ES COMO BUSCAR PISO

El otro día me dio la vena filosófica y ahí sigue esa vena. Como no encuentro novio me da por pensar. Qué cosas. ¡No tengo yo ganas ni nada de encontrar novio para dejar de pensar…!

 

Decía que buscar novio es como buscar trabajo, pero he seguido dándole vueltas y he llegado a la conclusión de que buscar novio, es como buscar piso.

 

Casi todo lo que ves, o tiene muy pocas luces, o no está bien amueblado, o tiene derramas, o cargas, o es muy pequeño, o demasiado hermoso para una sola persona. Y ves feos, lejanos, ruidosos, interiores, compartidos…

 

También te puedes encontrar con que hay mucha gente interesada en el mismo o peor aún, te dicen que es para ti pero cuando te decides descubres que ya tiene inquilina (o inquilino, lo cual es mucho peor en mi símil). Y puede pasar que cuando estás firmando aparece el anterior inquilino y la cosa se tuerce. O incluso a veces, cuando vas a firmar, el tipo ha desaparecido.

 

Eso me está pasando en mi búsqueda de novio por internet. He visto bastantes semisótanos, otros de altura pero con mal acceso. También he visto algunos muy parecidos a los que ya he tenido, o con el trastero lleno de cosas raras, o sin posibilidad de que quepa todo lo que he acumulado con los años.

 

Ay, qué desazón. ¿Para qué gaitas me he puesto a buscar piso, si estoy bien como estoy? Ay, no, si lo que buscaba yo era novio.

 

Bueno, otro día. Hoy hace demasiado frío para buscar novio.

 

¿Que qué tiene que ver? Yo sé lo que me digo. No se puede buscar novio si llueve, porque puedes aparecer con botas de agua en la cita. No se puede cuando los días son cortos porque hay que aprovechar el día y te aparece en chándal. Y no se puede cuando hace un frío espantoso porque… cada vez que lo recuerdo se me abren las carnes. Sí, el otro día tuve nueva cita, había 200 grados bajo cero aproximadamente, y cada vez que recuerdo el aspecto con el que aparecí en el bar se me saltan las lágrimas (y a él, imagino, pero en su caso de risa histérica). Otro día si me recupero lo cuento, hoy no tengo cuerpo.

 

Sigo soltera y en mi piso.


4
diciembre 08

BUSCAR NOVIO ES COMO BUSCAR TRABAJO

 

Un día, a lo tonto, te pones a buscar trabajo. Estás bien como estás, pero no se sabe por qué de pronto te da por mirar qué hay en el mercado (laboral). ¡Anda, mira éste qué interesante! Piden lo que yo sé hacer, reúno casi todos los requisitos, el sueldo “a convenir” (con lo cuál deduces que pagarán un pastón, que es exactamente lo que a ti te conviene), está en tu ciudad, la empresa tiene buena pinta… Y piensas, ale, a lo loco, mando mi curri, es un reto profesional, nuevas metas, conocer gente nueva (nueva para ti, de ellos muchos serán viejos), un aliciente, una ilusión. Venga, no lo pienso, me ilusiono, lo mando y a esperar que contesten.

 

A veces esperas y esperas y desesperas y nunca más vuelves a saber de ese empleo. Y lo olvidas.

 

En otras ocasiones, a los pocos días te contestan. Te desborda la ilusión, ¡ay, que me da! El lunes a las 11 tengo la entrevista. Es una hora espantosa, pero qué más da, le dices a tu jefe que tienes podólogo y te plantas en la entrevista con los nervios dando la lata. ¿Qué tal te ha ido? Genial, qué trabajo más bueno, seguro que les he encantado, me ha salido de maravilla, una nueva ilusión en mi vida, qué reto, qué bello es vivir, la vida es esto, metas y metas.

 

Esperas y esperas y esperas sin desesperar. Y un día zas, te llaman, te citan a las 12 el jueves (otra vez podólogo) y te dicen que te dan tanto (ah, el sueldo no era a convenir por lo que se ve, pero no pasa nada, lo importante es que es un reto, es progresar en la vida) y te vas a tu trabajo feliz con un papelito con la nueva oferta en firme, te tocas las narices, te tomas un café con tus compañeros, miras en internet viajes baratos a Hawai o a Londres o a Murcia… y cuando llegas a casa… Te sientas, te tomas un vino, reflexionas y piensas: ¿para qué puñetas quiero yo un nuevo trabajo si en el que tengo estoy bien, si mi ambición es nula, si paso de conocer gente nueva, si total el nuevo sueldo me daría para tres sanjacobos más al mes nada más, si…?

 

Ya estamos. Te has metido en un berenjenal para nada, has perdido medio centenar de pelos y dos uñas con los nervios, en tu trabajo se tienen que aguantar la risa con lo de tus visitas al podólogo… Virgencita que me quede como estoy.

 

Eso pasa cuando buscas novio, con la excepción de que si un pretendiente te ofrece un “sueldo a convenir” el temita tiene su historia, olvídalo. ¿Para qué quieres un novio si ya estás divinamente como estás?

 

Sigo soltera y en el trabajo de siempre (pero sigo buscando).