Me estoy recuperando de mi última cita infructuosa. Algo avanzaba el otro día y por fin me decido a contarlo. Soy un desastre citil. No logro una sola cita exitosa.
He reflexionado sobre lo que me dijo hace unos años una tipa en un curso de guiones que hice en Cuba “hija, ligas fatal, debes practicar y para eso, lo mejor es que practiques con los que no te gustan”.
Y eso voy a hacer. Mejor dicho, eso es lo que estoy haciendo sin saberlo.
El otro día di con uno en internet que parecía fenomenal. Quedamos. Hacía un frío de mil demonios. Aparecí en el bar envuelta en trapos. Presuntamente era ropa, pero como llevaba tantas cosas parecía un muestrario de telas. El hombre puso una cara muy rara. Mientras me sentaba me fui quitando cosas. Eso suena genial, a striptease “sesi”, pero no fue exactamente así. Me quité la bufanda y metí los flecos en la tapa de pisto que tenía él. Me quité el abrigo y tiré estruendosamente el servilletero. Me dejé puesta la chaqueta de debajo del abrigo, y me la quité rápidamente cuando aprecié que, con cara de espanto, él contaba los pelos de gato que había en las mangas. Podíamos haber pasado la velada así, yo callada y él contando pelos de gato de mi chaqueta, podíamos haber pasado siglos… los pelos eran infinitos.
Y cuando mi atuendo ya era más o menos normal empezamos alguna conversación. No sé por qué, en un momento dado, él me preguntó si yo había vivido con mi anterior pareja. Mi cara de angustia fue mayor aún que la que le quedaba a él por lo de los pelos de gato de mi chaqueta. No, no, le dije, nunca viví con él. Lo dije con tono de mujer moderna, independiente, que está por encima de todo (y por debajo de mucha ropa) aunque en realidad lo que quería era haberme puesto a llorar desconsoladamente recordando la de veces que insistí a mi ex con lo de vivir juntos y la de veces que su Peter Pan interno le hacía decir un no rotundo. Y a partir de ahí, la conversación ya no fue bien.
Antes de irse me regaló un libro (que yo interpreté como si me regalaran un anillo con un pedrusco). Así que me fui a casa, me lo leí y le escribí dos días después un mensaje al móvil “Me ha encantado. Muchas gracias. A ver si nos vemos”. Me contestó. ¡Qué nervios! ¿Dónde querrá que nos veamos mañana? Pero su mensaje decía “Genial. Me alegro. Saludos”. Ay, qué chasco.
Saqué tres conclusiones de esta cita: no ir de moderna e independiente cuando busque novio, practicar más con los que no me gusten y cepillar más a menudo a este gato. Que se suman a: no ir con botas de agua de ranas a las citas y no quedar en un parque por si va en chándal.
Sigo soltera.

