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enero, 2012


26
enero 12

Una cita, un chequeo.

He pedido hora en un doctor (entiéndase que no pongo “/a” porque me da lo mismo que sea sr. o sra., con que tenga la titulación me vale). Pues eso, que he pedido hora, para hacerme un chequeo general en profundidad. Ojo, que no se preocupe nadie, ni los que me habéis cogido cariño leyéndome ni los que me lo teníais de antes. Yo me encuentro estupendamente, pero voy a revisarme ya mismo las transaminasas, los triglicéridos, la glucosa, los profiteroles, todo. Por supuesto, que me miren de arriba abajo el páncreas, el hígado, los riñones, la casquería en general. Y que vean si tengo el hueso de la cadera flojo como para partirse a la primera caída, si tengo los reflejos en orden, alopecia, las encías perjudicadas, y si mi estómago y mis dos intestinos asimilan bien el cereal, los lácteos… En fin, una revisión propia de la edad.

¿El motivo de este ataque? Sencillo. Ayer tuve una cita con un jovencito de casi 30. El chico majísimo, pero oye ni una arruga, ni un achaque, que si un venga otro vino que si un me zampo la tapa sea lo que sea que tenga, que si en mangas de camisa en pleno invierno, así el tío ¡a lo loco! sin pensar en las consecuencias.

Yo no puedo. No puedo volver a vivir una situación como la de ayer. La conversación fantástica pero unas ganas me daban de decirle “mastiiiica”, “bebe más despacio que te vaaaas a ahogaaaar”, “ponte una rebequiiiita”. Un sindiós.

Y llevo casi 24 horas dándole vueltas, qué mayor estoy, qué mayor. Y mañana no estaré sola, imagino que en la sala de espera habrá más de un empresario de esos de 70 años que echan los higadillos al subir los dos escaloncitos del restaurante y tomando sal de frutas escuchan a la joven que les acompaña, menor que mi cita normalmente, un vamos a bailar. Eso sí tiene que ser un buen golpe. ¿O es que ellos lo ven distinto?


13
enero 12

Quéjate hombre, quéjate.

Yo cuando me pongo, me pongo. Quiero decir que estoy decidida a encontrar novio online y dicho y hecho, lo estoy buscando. Y me lo estoy tomado en serio, nada de sentarme frente al ordenador en esquijama y con un moño chungo hecho con una pinza de colores, no. Me lo estoy tomando en serio y como soy muy moderna me he preparado un agüita con gas y una rodaja de limón, que le da un toque muy distinguido. Y de estar en zapatillas nada, yo con taconazo, que como estoy sentada no me van a doler los pies.

Pues ale, a buscar. Mira, este tiene buena pinta. Pero antes de leer su perfil ya me estoy yo haciendo un moño con la pinza, es que su nick es Sóloparati y me desconcierto. Miro en la parte superior de la pantalla un dato, en este momento hay 59.523 personas conectadas. Me desconcierto ¿sólo para mí de las 59.523 o es que eso se lo dices a todas? Se lo pregunto por el chat, lee mi respuesta pero no me contesta. Sigo muy desconcertada y me quito los tacones.

Voy a mirar más, veo uno majete. Me pongo los tacones otra vez, hay que estar presentable aunque no te vean, eso lo sabe una y punto. La foto, regulera pero digna. Voy a leer. Se describe no con mucho tino, porque no cuenta gran cosa. Ah mira, esto es distinto dice “No me puedo quejar”. ¿Por qué no se podrá quejar? Me preocupo. En un país como este en el que nos quejamos hasta de lo mucho que nos quejamos, y este hombre no puede, es raro. Me quito los tacones, bebo un sorbito de agua con gas y me trago una pipa de limón, no aprendo ¿por qué no le quitaré la pipa? Hoy no es mi día, ¡qué tos me ha dado, maldita pipa! Corto que me voy a poner el esquijama.

Sigo soltera, me voy a quejar un poco.