” En un asador de la Villa, de cuyo nombre no puedo acordarme – porque no nos patrocina esta sección- , mucho tiempo ha que vivía una hidalga cabellera (sic) de las de traga, coma y beba, rocín flaco, adarga antigua y galgo comedor….” Pequeña variación sobre El Quijote.

CAPÍTULO XXVI
En el último capítulo dejamos a nuestros amigos en una bucólica escena plena de felicidad, clavadita a “ La merienda campestre” de Manet sólo que en vez de hallarse recostados a las orillas del Sena estaban en el suelo de un asador avileño.
Aquella estampa engordaba de felicidad hasta que irrumpió la benemérita derrumbando la puerta.
- ¡Todo el mundo al suelo!- Exhortó uno debajo de un tricornio y un bigote. Pero como todos estaban en el suelo, nadie movió un dedo.
- ¡Todo el mundo de pie!- gritó esta vez el guardia civil. Pero como llevaban casi cuatro días en postura de indio Cherokee tenían las articulaciones y los músculos agarrotados y no podían levantarse.
- Tire de mi por favor, que levantarme a mi si que bene mérito- acuñó Gabina. Bobarín intentaba agarrarse a una tubería mientras rogaba a Gabina que le ayudara.
- Empuja Gabina, empújame fuerte hacia arriba.
- ¡Eso hago!, ¡leñe!
Un estruendoso pedo atravesó la sala peinando sus melenas pero como la ventosidad bien podía haber sido de cualquiera, nadie se inmutó; nadie excepto la benemérita que lo confundió con un disparo.
- ¡Todo el mundo al suelo!- volvió a exhortar el guardia civil.
Una Bobarín jadeante y sudorosa por el esfuerzo se reveló indignada – ¡Póngase usted de acuerdo leñe que no estoy para bromitas!
- ¡Qué abuso de autoridad!
- ¡Habrase visto!
- ¡Silencio, les habla su teniente!
- Shhhhh…callad que este es nuestro y es teniente…
- ¿Teniente de qué? Porque no es lo mismo tener gallinas que un ganado de vacas.
- Señoras les ordeno silencio, la situación es grave y comprometida.
- ¿Quién está comprometida?, ¿No serás tu traidora?, ¿No te habrás liado con este sin contármelo? – preguntó Bobarín a Gabina.
- ¡Que se callen! – volvió a gritar el Guardia Civil mientras les mostraba una fotografía de Cary Grant- ¿Han visto a este hombre? Es un ladrón muy peligroso…-
- ¡Huy peligroso…!- dijo la otra.
- Shhhhh, cállate que nos lo enchironan…
Por si no lo recuerdan, Cary Grant para aquél entonces ya era un caballo y pacía tranquilamente en el comedor del restaurante.
- Nos han informado fuentes fehacientes de que el malhechor se encuentra en este…lo que sea esto- dijo mirando la impresionante estampa impresionista.
- ¿Y se fía usted de lo que le diga una fuente?
- Aquí ladrones no tenemos, lo que tenemos son chorizos- apuntilló Gabina.
- Eso, eso y gracias a ustedes se nos están quedando fríos.
- ¿Y ese caballo que pinta aquí?
- Pintar nada, más bien le han pintado a él en un bonito retrato ecuestre que nos ha hecho este caballero.
- Pa mi que tu sabes algo- susurró el teniente al caballo poniendo cara de Robert Redford. Pero el caballo no le enseñó ni el diente, porque era regalado.
Su teniente, mi teniente y el teniente de todos registró el local con sus hombres y al no hallar rastro del peligroso maleante abandonaron el restaurante a excepción del cabo mayor, un señor mayor que Matusalén- que se había sentado a comer con aquel excéntrico elenco.
- ¡Oiga nuestro teniente, no se vaya! Que se ha dejado usted un cabo suelto!- grito Gabina a lo ji,ji,ji- mientras brindaba con el cabo.
- Tranquilidad, a este paso los Miserables al lado nuestro van a parecer un boudeville-
- Ay…- suspiró Boabrín- Gabina es una gran comprendida.
-Dirás incomprendida- dijo el cabo suelto.
- A la que no comprende usted es a mi, digo “ comprendida”. Ha nacido dentro de su tiempo.
- ¡Ay qué cosa más rara! Yo nací en un tren.
- Jiji, no me digas que el parto marchó sobre raíles.- infirió Gabina que ya nos tiene acostumbrados a sus chascarrillos “Ji-ji-ji”
El cabo mayor, y tan mayor, la miraba ensimismado.
- Usted no me recuerda, la conozco del pueblo, soy aquél mozuelo al que usted daba calabazas.
- Ya recuerdo, y terminó usted poniendo una tienda de calabazas.
- El mismo. Me enamoré de usted de un plantón a primera vista.
- ¡Qué cosas tiene!
- Dígame que está usted libre para entregarle mi corazón.
- Pues la verdad, dicen que me he liado con un rumor…
- ¿ Y qué rumor es ese?
- El ultimo se llamaba Detente.
Bobarín clavaba sus dagas enamoradas en Cary Grant deseando mantener un rocín con el rocín, es decir, una amistad con derecho a roce.
- Gabina, estaba yo pensando últimamente en comprarnos un dos caballo pero ¿ No crees que con uno nos basta?
- No sé si nos pega con las cortinas- respondió Gabina mientras propinaba impetuosas palmadas en el lomo al caballo.
- Míranos ahora. ¿Recuerdas? En el pueblo nos los comíamos…
Dedicado a Iñaki Retenaga Santamaría, aunque no le guste que a los toros Bobarín se ponga la minifalda.
Fotografía : Retrato Ecuestre lo que me ecuestre. Acrílico por Clorata de Potasa