El retoque fotográfico es el gran ilusionista de nuestro tiempo. Nada por aquí, nada por allá, y, por arte de magia, la imagen que vemos tiene poco que ver con la realidad. O, más bien, digamos que es una realidad dulcificada, que borra los defectos y potencia las cualidades.
Por eso, cuidado con creerse las imágenes de las modelos. Las personas que desempeñan ese trabajo lo hacen porque cumplen las dos premisas de su profesión: ser guapas y fotogénicas. Además, saben posar y dar lo mejor de sí ante la cámara. Interpretan un papel. Y, por supuesto, deben cumplir ciertos requisitos físicos. No todas las mujeres tienen estas cualidades, al igual que no todas tienen capacidad para ser buenas contables, sacarse el título de abogado o ser profesoras capaces de transmitir entusiasmo a sus alumnos. Pero… hay algo más. Mucho más. El trabajo de fotógrafos, maquilladores, estilistas y demás parte del enorme equipo que da forma y crea esas imágenes que tan aparentemente naturales resultan contribuye a crear una ficción muy hermosa, pero irreal. Nadie es tan guapo como aparece en las fotos de moda. Ni tan perfecto. Y es que todo este esfuerzo conjunto se unen actualmente las más exquisitas técnicas de retoque fotográfico y de ordenador, que corrigen hasta el más mínimo defecto, incluso aquellos que no podrían considerarse como tales.
Porque el retoque – llámese Photoshop o cualquier otro programa de tratamiento de imágenes – no sólo elimina granos, borra ojeras o difumina arrugas. “Rebana” las lorzas que no se deben ver. Tapa esas costillas que se marcan en las mujeres muy delgadas. “Aplana” los pezones que se transparentan en un vestido demasiado liviano. Vuelve más blanco y luminoso el blanco de los ojos. Se deshace de callitos y durezas mejor que cualquier podólogo. Hace desaparecer las venitas rojas, la celulitis, ¡lo que haga falta! Es decir, crea a la persona perfecta.
Y que nadie piense que estas técnicas son patrimonio exclusivo de las fotos de moda. Se usa en publicidad, en reportajes de celebridades, en las campañas políticas… Cualquier imagen que vaya más allá de las instantáneas familiares pasa por la magia del ordenador para crear un mundo – aparentemente – impecable.
Por eso, la próxima vez que alguna de vosotras vea una foto y piense que ya le gustaría tener esa piel, o esos muslos perfectos, más vale que sea más indulgente consigo misma y recuerde que, con un poco de Photoshop, la vida (en papel) se ve más bonita. Pero no es más que eso: papel. No realidad. Porque en la vida real, como decían en “Con faldas y a lo loco”… “Nadie es perfecto”.

