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noviembre, 2006


27
noviembre 06

Las fotos mienten (y mienten mucho)

El retoque fotográfico es el gran ilusionista de nuestro tiempo. Nada por aquí, nada por allá, y, por arte de magia, la imagen que vemos tiene poco que ver con la realidad. O, más bien, digamos que es una realidad dulcificada, que borra los defectos y potencia las cualidades.

Por eso, cuidado con creerse las imágenes de las modelos. Las personas que desempeñan ese trabajo lo hacen porque cumplen las dos premisas de su profesión: ser guapas y fotogénicas. Además, saben posar y dar lo mejor de sí ante la cámara. Interpretan un papel. Y, por supuesto, deben cumplir ciertos requisitos físicos. No todas las mujeres tienen estas cualidades, al igual que no todas tienen capacidad para ser buenas contables, sacarse el título de abogado o ser profesoras capaces de transmitir entusiasmo a sus alumnos. Pero… hay algo más. Mucho más. El trabajo de fotógrafos, maquilladores, estilistas y demás parte del enorme equipo que da forma y crea esas imágenes que tan aparentemente naturales resultan contribuye a crear una ficción muy hermosa, pero irreal. Nadie es tan guapo como aparece en las fotos de moda. Ni tan perfecto. Y es que todo este esfuerzo conjunto se unen actualmente las más exquisitas técnicas de retoque fotográfico y de ordenador, que corrigen hasta el más mínimo defecto, incluso aquellos que no podrían considerarse como tales.

Porque el retoque – llámese Photoshop o cualquier otro programa de tratamiento de imágenes – no sólo elimina granos, borra ojeras o difumina arrugas. “Rebana” las lorzas que no se deben ver. Tapa esas costillas que se marcan en las mujeres muy delgadas. “Aplana” los pezones que se transparentan en un vestido demasiado liviano. Vuelve más blanco y luminoso el blanco de los ojos. Se deshace de callitos y durezas mejor que cualquier podólogo. Hace desaparecer las venitas rojas, la celulitis, ¡lo que haga falta! Es decir, crea a la persona perfecta.

Y que nadie piense que estas técnicas son patrimonio exclusivo de las fotos de moda. Se usa en publicidad, en reportajes de celebridades, en las campañas políticas… Cualquier imagen que vaya más allá de las instantáneas familiares pasa por la magia del ordenador para crear un mundo – aparentemente – impecable.

Por eso, la próxima vez que alguna de vosotras vea una foto y piense que ya le gustaría tener esa piel, o esos muslos perfectos, más vale que sea más indulgente consigo misma y recuerde que, con un poco de Photoshop, la vida (en papel) se ve más bonita. Pero no es más que eso: papel. No realidad. Porque en la vida real, como decían en “Con faldas y a lo loco”… “Nadie es perfecto”.


15
noviembre 06

Cosmética por (puro) placer

Hemos estado hablando de la cosmética que no funciona; de la publicidad engañosa; de los durísimos cánones de belleza. Pero, ¿por qué no destacar también su faceta sensorial, placentera, hedonista y deliciosa? Y es que a veces, una crema es más que una crema. ¡Es una gozada! Es un pequeño placer que nos permitimos, para uso y disfrute estrictamente personal.

Recuerdo mi primer lujo cosmético. Fue con mi primera paga extra, cuando tenía 20 años: nada más cobrar, salí corriendo a la perfumería de lujo más cercana y me compré un gel de ducha y una crema de cuerpo de mi perfume favorito por aquel entonces, Chanel nº 19. Sólo el hecho de haber estado pensando tanto tiempo en comprarlas, de haber estado esperando la paga, de llevar varias semanas mirando el escaparate de la perfumería… le daba un algo especial. Esa misma noche, me preparé un baño de espuma con el gel y luego me puse la crema. Por cierto, sólo en los brazos y el escote, allí donde podía disfrutar del olor. Y cada vez que huelo ese perfume recuerdo el placer que me dio mi super tarro de crema, que personificaba para mí el lujo más absoluto.

Hoy en día, veinte años después, sigue habiendo productos que destacan como “algo especial”. Algo que, por el simple hecho de aplicármelo, me hacen sentir mejor. Los reservo para momentos especiales, cuando me siento muy triste o, por el contrario, estoy feliz cual perdiz. Son cosméticos fetiche, pequeños talismanes privados para llevar a flor de piel. Por ejemplo, mi perfume en aceite de Narciso Rodríguez: el día que necesito un mimo, me lo pongo en los brazos para olerme a mí misma cuando me voy a dormir. Mi crema de cuerpo Shedonism, de Origins, que es como una caricia. La mascarilla de Pantene Pro V que me dejo puesta todo el día y que significa que no pienso salir de casa. El aceite de Monoï de Klorane que me recuerda al verano y que necesito meter unos segundos en el micro para calentarlo y que se licue. El aceite de Alquimia para las manos, que lo deja todo pringoso pero que huele de maravilla… Todos son, a su manera, cómplices de momentos que son, única y exclusivamente para mi misma.

Claro que hay otros productos que son para compartir a dúo, pero esos… los dejaré para otro día.

P.D. Sigo con devoción los comentarios al blog: me siguen ¡apasionando! Creo que se puede aprender algo de todos y cada uno de ellos, ¡qué gozada!


4
noviembre 06

Estar guapa, ocupación a tiempo completo

Respondiendo al tema “ser bella, ¿un estilo de vida?”, Concha escribe en la sección de comentarios “para cantantes, actores, etc., su belleza es una obligación implícita en su trabajo”. ¡Totalmente de acuerdo! Hay profesiones en las que dar el tipo – figurada y literalmente – forma parte del sueldo. Para la gran mayoría de los mortales, no. Para la Kurkova, engordar cinco kilos le puede hacer perder 5 kilos – pero de los de las antiguas pesetas. Al resto, en general, nos produce depresión, mala leche y que nos apriete el vaquero (eso, si no hay que cambiar de talla), pero no altera significativamente la cuenta corriente. La verdad, si yo supiera que perder 5 kilos (o 10 ó 15, que no me vendría nada mal, por cierto) iba a suponer que me iban a doblar el sueldo… como que me iba a sentir más motivada, la verdad. Llamadme interesada, pero me animaría bastante. Así que es más fácil ponerse las pilas cuando forma parte de tu sustento o de tu carrera que para el resto de los mortales. Aunque, ahora que lo pienso, ¿por qué Marlon Brando sigue ostentando el récord de actor mejor pagado por minuto porlo que le pagaron en Superman cuando ya estaba convertido en ballenato…? Como diría Asterix, “están locos estos romanos”.
(P.D. Jefe, por cierto, si le ha interesado la idea de cambiar kilos por aumento, podemos hablar cuando quiera…)


2
noviembre 06

Retomando la cosmética milagrosa…

Anonadada, estupefacta y emocionada (muy emocionada) me he quedado al leer los comentarios a estas primeras entradas en el blog. En primer lugar, por ser muchos. En segundo, por la calidad de los mismos. La verdad es que cuando un periodista escribe, solo ante el ordenador, es fácil olvidarse que quizás alguien leerá ese texto, y que tendrá algo que decir al respecto. Para mí está suponiendo un auténtico placer disfrutar de ese diálogo: todo lo que contáis, todo lo que decís, me recuerda que hay alguien al otro lado y, la verdad, anima muchísimo, que a veces una se siente muy mayora y con muy pocas ganas de currar.

Parece ser que muchas estáis de acuerdo en que no existen las cremas milagrosas. Y, por ejemplo, en el caso de las cremas anticelulíticas, es cierto que éstas no hacen mucho más que mejorar la circulación, alisar la piel y movilizar un poco toda la movidilla de la celulitis, y hasta pueden ayudar a reducir uno o dos centímetros de contorno, pero no sirven de nada si, después de darse uno la crema, se lanza a tomar unas patatas bravas con un doble de cerveza… Pero si a una mujer le gusta cuidarse y aprovecha el momento de aplicarse la crema para darse a la vez un masaje y notar que está haciendo algo por si misma, ¿por qué no?

Pero más allá de las (casi) siempre exageradas promesas de la publicidad, hay mucha cosmética muy honesta. Por ejemplo, los protectores solares. Quien quiera que alguna vez se haya quemado justo la zona donde se había olvidado darse crema sabe perfectamente que funcionan, ¡vaya si lo hacen! O las barras de labios. Dan lo que prometen: color. Claro que si alguna mujer cree que por usar determinada barra de labios vendrá George Clooney a invitarle a las patatas bravas y doble de cerveza de antes… Mmmm, casi mejor que se ahorre el dinero del labial y se pida además unos boquerones en vinagre. Para quitarse el disgusto o algo…

Hay mucha cosmética que funciona muy bien. Incluso muy, muy bien. Pero dentro de sus límites, que, generalmente, son mucho más pequeñitos que los prometidos por la publicidad. De la misma forma que los anuncios de coches no sacan la realidad habitual de los mismos (es decir, constantes atascos en vez de hermosas carreteras solitarias), ¿por qué iba a hacerlo la cosmética? A cada consumidor le corresponde decidir dónde le vale la pena invertir su dinero, que para eso es suyo y hace con él lo que quiere.


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