Para las estrellas de cine y las modelos hay ocasiones de sobra para sacar las armas cosméticas, las lentejuelas, los tacones y ponerse guapas. Para el común de los mortales, las ocasiones festivas quedan bastante más limitadas, así que frente a los que consideran que arreglarse es una tarea agotadora, están quienes disfrutan de poder dejar volar la imaginación y sacar los brillos por una noche. ¿Y qué noche más propicia para ello que Nochevieja?
Pero frente a la multitud de temas sobre cómo arreglarse que en estos días abundan sobre el tema (yo misma he escrito alguno…) sólo voy a poner una enorme señal de aviso sobre tres errores a evitar…
1. Sobredosis de purpurina.
No nos engañemos: la purpurina es más difícil de quitarse de encima que un mal novio. Pero no sólo de una misma, sino del traje, la mesa, las sillas, el suelo, los vecinos de mesa, los asientos del coche… La propiedad más fascinante de la purpurina es que es capaz de repartirse y multiplicarse hasta el infinito y más allá (Buzz Lightyear dixit), pegándose a cualquier superficie con más eficacia que el Superglue. Por tanto, antes de espolvorearse de arriba abajo con tan maligna sustancia, ¡pensemos en los demás y en que no todos los humanos quieren parecer drag queens tras una noche de farra!
2. Rimel al fuga
Generalmente, siempre, siempre, ¡siempre! escribo el nombre adecuado: máscara de pestañas. Pero esta vez, en mor de la fácil comprensión, he tomado el atajo de darle el nombre popular en vez del correcto. Básicamente, el mensaje es muy conciso: ¡cuidado con los ojos de mapache! Lágrimas, sudor, la grasa del maquillaje, el roce de las manos… todo puede contribuir a que la máscara migre de las pestañas a las cercanías, preferentemente el párpado inferior. Para evitarlo, tres claves. Uno, ¡manos fuera! Dos, retoques constantes. De vez en cuando, una miradita al espejo (en el aseo, por favor) permite evitar daños mayores. Y, finalmente, la palabra mágica: máscara waterproof.
3. Perfume invasor
Los efectos colaterales son bien conocidos: ante una sobredosis de perfume ajeno, se puede experimentar visión borrosa, mareos, naúseas… Exageraciones aparte, es muy molesto ser abrumado por una mega aplicación de fragancia por parte del vecino de mesa. ¡No por echarse más fragancia va a durar más tiempo! Para mantener el aroma toda la noche, nada como conseguir un vaporizador de bolsillo y darse pequeños y discretos retoques en el pelo, el cuello o la parte de atrás de las rodillas cada tres horas. Sutil, elegante, ¡y eficaz!

