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abril, 2007


16
abril 07

Un perfume que no huele a nada, ¡y se vende como churros!

Están locos estos romanos, decía Obelix. Y están locos estos ingleses, que se han vuelto locos para comprar un perfume que destaca por no oler a nada. Sí, así como suena, a nada. No es que huela poco, o que tenga vocación de discreción, sino que está compuesto de agua destilada, una gotita de alcohol (cosmético, no se crean que sirve siquiera para disimular y echarse un trago a escondidas tipo Escarlata O’Hara) y algo de colorante. Para disimular, más que nada. Vamos, que rociarse con eso o con unas gotitas de Fontvella es lo mismo…

¿Es una reacción a los perfumes más empalagosos de la historia? ¿Un acto de rebeldía frente a la avalancha de fragancias que nos cae encima? Lo cierto es que el Perfume Hecho Para No Oler A Nada es parte de una exposición dedicada al surrealismo en uno de los grandes almacenes más conocidos de Londres, Selfridges, que también se ponen el mundo por montera dedicando una planta entera de su tienda a vender todo tipo de objetos en un espacio llamado Esto No Es Una Tienda…

Por eso, dicen que Choix, el perfume sin perfume, no se compra como fragancia (¡menos mal!) sino como obra de arte, que no es más que una forma de adquirir, por unos 70 €, una pieza de colección de Dadadandy, una compañía de arte dedicada a producir piezas que desafíen la percepción habitual de cuerpo, mente y alma.

Pero, sinceramente, dadaísmos y surrealismos aparte, lo que están haciendo es vender aire. Como si fuera la fábula de los Trajes del Emperador, nadie se atreve a decir que el perfume que no huele es como la ropa invisible – y eso sí que es surrealista.


3
abril 07

La cruda realidad sobre la liposucción

Confieso que hay algo que me gusta mucho sobre el programa Cambio Radical. Mucho, mucho. En concreto, la realidad de la liposucción. Se puede ver, en vivo y en directo que (a) la liposucción es una intervención más que considerable, y, (b) que sólo consigue reducir volumen, pero no crea al instante unas piernas más espectaculares que las de Claudia Schiffer.
Demasiado a menudo he hablado con mujeres que piensan que una liposucción les va a dar una figura nueva. Como si, además de quitarle esas chichas que resisten a cualquier dieta y tratamiento, les fueran a dar diez centímetros más de pierna, una piel más tersa y suave que la de un bebé y la celulitis desapareciera por siempre jamás.
Señoras y señores: no. La liposucción es fabulosa para eliminar la grasa que no se va cuando estamos en nuestro peso, pero no sirve para adelgazar. No sirve para quitar la celulitis. No sirve para tener unas piernas perfectas. Porque bajo la grasa, está el hueso, que determina anchura, altura y constitución general. Porque la celulitis no está causada sólo por la grasa, sino sobre todo por desarreglos circulatorios, de drenaje y de pérdida de firmeza que no se solucionan en el quirófano. Y porque además es un tratamiento quirúrgico que no debe tomarse a broma.
Me pongo enferma cuando leo esa publicidad que afirma que se pueden perder dos tallas en dos horas; que hay una nueva silueta a la vuelta de la esquina. Como si fuera apenas más que un masaje. No es así. Sólo un cirujano experto debe ponerse manos a la obra con una lipo, y si alguno dice que no vale la pena, o que no conviene, ¡hay que escucharles! Que para entrar en un quirófano, más si es para un tema estético, hay que estar muy seguro, muy tranquilo y hacerlo con las cositas muy, muy claras.


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