Estaba haciendo cola en la farmacia cuando me fijé en el estante con objetos de manicura y pedicura que había a mi lado y a la chica que los estaba observando. Tras un buen rato, tomó en sus manos una lima y un cortacallos, uno de esos aparatos con aspecto de instrumento de tortura medieval que sirve para cortar durezas con cuchillas especiales.
En ese momento recordé la entrevista que había hecho a la Dra. Etxeandía, podóloga de la clínica Novoclinic. Entrevista, que, por cierto, fue un placer: ¡por fin una especialista que entendía que, cuando de zapatos se trata, las mujeres necesitamos algo más que comodidad!. Porque sí, ya sabemos todas el tipo de zapatos que le sientan bien a los pies, pero… a veces, a una le entra la locura y sueña con sandalias de apenas dos tiras y tacón de vértigo. Zapatos que parecen más de dominatrix que de mujeres que tienen que ir a trabajar; o botas de esas que te hacen soñar aunque no te dejen ir andando a ningún lado… Ella resumió claramente el secreto: se pueden llevar, pero no siempre. De todas formas, ¡no se pueden soportar a tiempo completo!
Pero voy a intentar dejar de andarme por las ramas y volver al tema inicial: el aparato cortadurezas. (Hasta el nombre es feo) La Dra. Etxeandía me avisó que era peligrosísimo, y lo repitió varias veces. “Es muy fácil cortarse”, me decía. “Además, lo guardamos en un cajón del baño, en un neceser, en un armario… desde luego , no en un medio estéril. Con lo cual al peligro del corte, se añade el muy alto de una infección”. Que en el pie, lugar complicado y sensible, puede resultar especialmente arriesgado, más aún si se tienen problemas de azúcar y los consiguientes problemas de cicatrización. “He llegado a ver amputaciones por heridas y cortes mal curados”.
Animada por sus palabras, se lo dije a la chica que estaba a punto de comprar el objeto. La pobre me miró con cara de alucinada, pensando, “y a esta plasta, ¿qué más le dará y que le importará lo que yo haga?” (Aviso a navegantes: a medida que una se hace mayor, se hace más cotilla y metomentodo, ¡soy claro ejemplo de ello!) Pero de repente me monté una película tremenda y me la imaginaba cortándose, perdiendo dos dedos y no pudiendo lucir sandalias nunca más. Y no pude por menos que recordar una anécdota muy famosa en las revistas españolas: cuando una ex directora de una revista femenina perdió uno de los dedos del pie en un accidente de barco, su comentario fue “¡no podré ponerme mis Manolos!”. (Por si a alguien le preocupa, le volvieron a coser el dedo y no ha tenido problemas para lucir sus Manolos favoritos).
Así que no me bajé de mi papel de “señora mayor plasta” y le conté todo lo que me había dicho la doctora. “¡Nada de cortar, nada de cortar”, le decía. Así que al final la convencí para llevarse una lima de pies (mucho más suave) y una buena crema de pies para usar dos veces al día.
Y si alguien tiene en casa uno de esos instrumentos, ya sabe… ¡FUERA! Exfoliar, suavizar ,encremar y, si quiere, maquillar: lo demás le corresponde al podólogo, y a nadie más.


no sabía que se podían maquillar los pies, me ha dejado sorprendida ese dato
siempre te leo pero soy muy vaga para hacer comentarios, así que ya que estoy, aprovecho: felicidades por tu blog, comentaré más a menudo
felicidades por tu blog! me encanta!