hola.com

julio, 2007


30
julio 07

Dietas milagro y milagros sin dieta

Lo confieso: en lo que a mi peso se refiere, yo siempre esperé un milagro. No uno pequeño, no, sino uno grande. Algo así como un rayo que entrara por la ventana, me diera en la lorza e hiciera desaparecer mis (muchos) kilos de más como por ensalmo. También soñaba con un jabón mágico que, al pasarlo por la piel, fundiera la grasa que había bajo ella y me permitiera salir de la ducha hecha una Claudia Schiffer cualquiera. Es más: a pesar de todo, en algún rincón recóndito de mi alma, en un sitio muy escondido, hay una parte de mí que sigue esperando un milagro de ese tipo.

A estas alturas del partido, sigo intentando convencerme de que esas cosas no pasan, pero lo cierto es que todo aquel al que le sobren unos kilos, pocos o muchos, siempre sueña con que esos adipocitos desaparezcan como por arte de ensalmo. Por eso, es difícil resistir la llamada de las “dietas milagro”. Prometen perder mucho en poco tiempo. Además, siempre hay alguien (lo que no sé es si es amigo o enemigo) que asegura que conoce a alguien que perdió un montón de kilos en un pis pas y sin pasar hambre. Siendo tan poderosa la atracción, ¿cómo resistirse?

Lo cierto es que las dietas milagro no existen, como sabe todo aquel que las ha hecho. Porque, me pregunto, si hubiera realmente una dieta milagrosa, ¿no la seguiría todo el mundo y dejaría de haber obesidad en el mundo universal?

Recuerdo una pregunta que me hicieron una vez en el Consultorio de hola.com, inquiriendo sobre las presuntas cualidades adelgazantes de llevar un ajo en el ombligo. Sinceramente, si colocarse un diente de ajo en la tripa sirviera para perder kilos (además de para repeler vampiros, oler ligeramente a refrito y parecer un poco raro…), ¿no iríamos todos con un ajo en el ombligo? ¡O en la oreja si funcionara!

Mucho me temo que para perder peso hay que mover más el culo y cerrar la boca, ¡no hay más! Es una ecuación matemática: quemar más de lo que se ingiere. Que es algo tedioso, duro y poco gratificante, pero… ¡es lo que hay!

Yo quizás siga soñando con perder kilos de forma milagrosa, de la misma forma que a veces me entretengo pensando en lo que haría si me tocaran 1.600 millones de euros o si George Clooney me invitara a su casa del lago Como, pero… sé que son sueños. Y nada más.


29
julio 07

La que no se consuela es porque no quiere

Voy a confesarlo abiertamente: cada día estoy más resentida con el mundo. Al principio, cuando era joven (muuuucho más joven) me caían mal las flacas, porque yo no lo soy. Luego, a medida que iba cumpliendo años, me caían mal las flacas y además, las guapas. Y ahora, que tengo muchos más años, me caen mal las flacas, las guapas y las jóvenes. Como ven, me basta con darme un paseo por cualquier calle para llenarme de resentimiento en grandes cantidades…CL63036.jpg

Eso sí, lo bueno es que me consuelo con cualquier cosita.  Pongamos por ejemplo a Naomi Campbell. Como SAO16D_BRAZIL.jpgalguien que ha llevado una vida tan plagada de excesos y puede seguir tan guapa es uno de los grandes misterios de la Humanidad, incluso en la era del Photoshop, algo que me reconcome por dentro. ¿Cómo puede estar una escribiendo sobre las formas de evitar las celulitis llevando una dieta sana, una vida equilibrada y luego ver las esculturales piernas de Naomi en una pasarela y no sentir que está haciendo algo mal? Pues en vez de amargarme la existencia con sus piernas, lo que hago es fijarme en sus juanetes. Que los tiene, ¡vaya si los tiene! Vamos, tiene unos juanetes de tal envergadura que debería llamarles Juan I y Juan II y celebrar su santo cada 24 de julio. ¡Con un festolín por todo lo alto!

Como ven, quien no se consuela es porque no quiere…

P.D. Le dedico este artículo a mi amiga Marta Barroso. Ella sabe por qué…


26
julio 07

Las pestañas de Pe

Me troncho, me mondo y me parto con la medida tomada por la Autoridad Reguladora de la Publicidad del Reino Unido, que ha amonestado a L’Oréal por las larguísimas, estratosféricas y exageradas pestañas postizas que nuestra internacional Penélope Cruz luce en un anuncio de la máscara de pestañas Telescopic.

PENELOPE CRUZ.jpg Por un lado, me parece bien que empiecen a poner un freno al obvio engaño de la publicidad cosmética, pero, por otro, ¿es éste el caso más adecuado?

Tengo la sensación de que, con esta amonestación, nos toman un poco por tontos. No sé ustedes, pero yo ni me creo las pestañas de Pe ni los muslos perfectos de la Schiffer. Me los creo tan poco como los bancos que sólo quieren mi bien y regalarme duros a tres pesetas ni que beber determinado refresco me haga feliz por el resto de mi vida. Ni siquiera, por el resto del día. No me creo que haya coches milagrosos ni temo que a mi vera aparezca Richard Clayderman en un piano sin control.

Ya puestos a quejarnos de los engaños de la publicidad, ¿qué les parece quejarse por los trailers de películas que prometen un film apasionante y luego producen lesiones de mandíbula a causa de un exceso de bostezos? ¿O poner una demanda porque, aunque me digan que la suerte es de todos, esta Navidad tampoco me va a tocar el gordo de la Lotería?

Y si alguien se cree que una máscara de pestañas logra milagros, pues lo mismo hasta se merece gastarse el dinero en ella, qué quieren que les diga…
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25
julio 07

Identificación con el medio

Me había prometido a mí misma no escribir sobre Victoria Beckham, pero reconozco que al final, no he podido evitarlo. Y eso que de verdad no quería hacerlo, porque nos lo pone demasiado fácil a los periodistas. Hacer carnaza o cebarse de alguien tan obviamente petardo es casi inevitable, así que quería pasar por ella de puntillas, pero finalmente, me ha vencido. Lo ha conseguido. Voy a dedicarle unas líneas.

El momento de mi rendición llegó con la foto de la entrada a una de sus 6 millones de fiestas de bienvenida a Los Angeles. En ella se la ve con su marido (¡faltaría!); los insuperables e inseparables Katie Holmes y Tom Cruise (¡por Dios, qué le ha pasado a uno de los hombres más guapos del mundo para que ahora no sea ni capaz de llevar un traje de su creciente talla!) y el matrimonio formado por Will Smith y su mujer, la espectacular Jada Pinkett.

De repente, no pude por menos que darme cuenta de que el color de piel de Mrs. Beckham es idéntico al de Mrs. Smith. Lo cual, sinceramente, no deja de ser llamativo dado que la primera es inglesa CP66271.jpgy de raza blanca y la segunda, afroamericana.

La verdad, entiendo su pasión por el sol si hubiera pasado directamente del lluvioso Londres al soleado Los Angeles, pero teniendo en cuenta que estuvo unos cuantos añitos en la no menos soleada España, no deja de fascinarme su ultrabronceado Express.  Ya conocíamos las prótesis totalmente redondas (que alguien le comente, por favor, que se las puede cambiar y llevar otras de aspecto más natural) o los zapatos de Drag Queen, pero esa piel color bacon es una novedad made in USA. Un tono tostado retostado que, dicho sea de paso, ya no se lleva, pero eso es lo de menos.

Lo confieso y me admira: lo que me tiene totalmente fascinada ha sido su rapidez en identificarse con el medio. Rubio platino, bronceado torrefacto y más carne que ropa: la idea que tenemos de California, ¿no? Como siga así, le van a tener que hacer un documental del National Geographic para aclarar la evolución de la Especie Posh…

 


3
julio 07

¿Estamos listos para asumir la edad de las mujeres?

Acaba de llegar a mis manos un estudio interesantísimo hecho por Dove para su campana Pro-Age, titulado “Superando los estereotipos de belleza para las generaciones actuales y futuras” (¡toma nombre!). He de decir que soy fan incondicional de las campañas de belleza real de Dove: me gustan, me divierten, me atraen y me convencen. Como periodista de belleza, como consumidora y como mujer que es de todo menos perfecta me parece una campaña honesta, cercana y real.

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Los resultados de este estudio vienen a decir algo que ya se palpa en el ambiente: las mujeres encuestadas, con edades comprendidas entre los 50 y los 64 años, se ven demasiado jóvenes para sentirse mayores. No se ven como mujeres “maduras”. Se definen como amables, activas y vivas, y no se sienten identificadas con las palabras “vieja” o “ignorada”. No se consideran el tipo de mujer que era su madre a su edad, ni hacen las mismas cosas. Se sienten más autosuficientes, más fuertes y más activas. No hace falta más que vernos a nosotras, a nuestras madres, a nuestras amigas, a nuestros referentes: a los 60 años, una mujer es joven. 
Llega entonces la dicotomía de la representación de ese tipo de mujer. En las revistas, en la publicidad, en el cine… No se encuentran. La mitad de las mujeres del mundo no se considera representada en la cultura popular, mucho menos en publicidad. A partir de cierta edad, la mujer se representa como abuela, como cuidadora, pero no como profesional; como amiga; como mujer sexualmente activa y deseable.

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Intentando cubrir ese espacio nació esta campaña Pro Age (pro edad) de Dove, con modelos reales. La verdad es que, a diferencia de otras campañas hechas con mujeres de 50 o más años, es que ellas son y están guapas pero no parecen necesariamente 15 ó 20 años más jóvenes, y por eso incluyo sus retratos. Porque sí, L’Oréal tiene a Jane Fonda con 68 años, pero, ¿los aparenta? No. Ni de cerca. Y, Andie McDowell, ¿parece tener sus 49 años? No, más bien 39. O 34. Y de Demi Moore, con 43, ni hablamos.  Es decir: se usan mujeres mayores de 35, sí, ¡pero siempre y cuando no los aparenten! (Y si son ultra super mega famosas, mejor que mejor, que no es lo mismo la señá María que la ganadora de un Oscar).

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Lo curioso es que si se pregunta entre amigos, en la calle, o nos lo preguntamos a nosotros mismos, todos estaríamos de acuerdo en pedir una publicidad real. Más cercana a nosotros, con menos Photoshop y los pies más en la tierra. Pero, ¿saben qué? Cuando se ha hecho el intento, se ha fracasado. Al final, aunque no nos lo confesemos a nosotros mismos, queremos sueños. Si nos van a vender una crema anticelulítica, no queremos nada que nos la recuerde, sino ver un muslo imposiblemente terso y joven. Buscamos la promesa de la juventud eterna, de la figura esbelta por siempre jamás, los rostros sin patas de gallo ni flacidez. No queremos que nos recuerden nuestras “miserias”, sino que nos hagan soñar con que pueden desaparecer. Decimos una cosa, pero pedimos otra. Especialmente, a la hora de comprar productos de lujo. Aún aceptamos la realidad en marcas como Dove, que es de gran consumo, que se compra en la droguería y que nos ofrece muy buena calidad por un precio razonable, pero cuando nos adentramos en el mundo del lujo, queremos que éste nos toque, nos roce y nos haga sentir que pertenecemos a esa élite de guapos y guapas, siempre impecables.

Claro que les aseguro que esos guapos y guapas sin cirugía, infiltraciones, tratamientos estéticos y Photoshop se parecen mucho más a nosotros de lo que nos imaginamos…


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