(Dedicado a Alfonso Muñoz, excelente periodista, hombre de cuerpo y alma elegantes y autor del blog El Turista Accidental)
Tras volver de vacaciones, me encontré encima de la mesa del despacho un conejito de peluche.
Hace unos dos meses me lo había dado Alfonso para mi hija. “Como hace tiempo que no la traes, te lo doy para que se lo des tú”. “No, no”, le dije. “Quédatelo. Yo traigo a mi niña dentro de poco y se lo regalas tú personalmente, que hay más días que pan”.
Sin embargo, cuando ayer le puse el peluche a mi bebé en su cama, no podía dejar de pensar que no, que no siempre hay más días que pan. Que a veces los días se acaban sin sentido, de forma inesperada. Como ha pasado con Alfonso.
Alfonso Muñoz (“el hombre de los 1000 amigos”, que dice el compañero “bloggero” Manuel Goya) se ha ido. Murió por culpa de una bacteria ladina que se escondió de los médicos hasta que fue demasiado tarde. Y ahora ya no está. Ya no le veo cuando giro la cabeza, y pensar que nunca más estará es absolutamente desolador.
Mañana miércoles saldrá la nueva edición de esta revista “Hola” que nos une a todos, y volveremos a echarle de menos cuando no esté en ese primer vistazo que nos gustaba darle todos juntos. O al sacar un zumo de piña de la nevera, su favorito… O al preguntar quién quiere café… O cuando queramos saberlo todo sobre el último chef o el restaurante más de moda…
Pero, sobre todo, al recordar esos ojos azules que siempre sonreían. Porque Alfonso no sonreía con la boca, sino, sobre todo, con los ojos, con ese brillo que contenía ironía, chispa, y el toque justo de golfería que le hacía absolutamente irresistible.
Alfonso, te echamos muchísimo de menos.

