Todavía no sé muy bien cómo hemos pasado de hablar de Katie Holmes a la princesa Letizia, pero alguno de los comentarios al blog de la sra. de Cruise me han resultado sumamente llamativos. Sebastiana me pide hablar de la princesa diciendo que parece “una escoba vieja y fea por lo delgada que es”. No me parece justo, la verdad. Cuando decimos que hay que alabar también las curvas, que no pasa nada por tener unos kilos de más, ¿no debemos exigir el mismo trato para quien los tiene de menos?
Recuerdo con claridad la queja de una amiga que pertenece a ese reducido grupo de flacas muy flacas, una mujer que pierde kilos en cuanto se descuida, que se pasa la vida intentando ganar algunos gramos: “no sólo tengo que luchar con mi peso, encima el resto de la gente se mete conmigo porque no engordo”.
¿Acaso no tiene razón? Al igual que existe mucha gente con tendencia a engordar, existen personas con tendencia a adelgazar. Que lo primero que les pasa cuando están inquietas, nerviosas o bajo estrés, es que “se les cierra el estómago”. ¿Y? No sólo eso: hay personas que, sencillamente, queman muchísimas calorías y tienen que hacer auténticos esfuerzos para ganar cuarto y mitad de adipocito. Lo curioso es que resulta más fácil adelgazar que ganar peso cuando no se tiene esa constitución, pero encima, ¡esas personas nos producen envidia! (A mí un poquito, lo confieso).
La obsesión por la línea ha hecho que pasemos al extremo contrario: ahora, alguien delgado ya es calificado de “anoréxico”, ¡no es justo!
Y que conste que esto lo dice alguien a quien no le falta ni un solo kilo, sino que más tiene un superavit considerable…


Llevaba yo varias semanas que vivía sin vivir en mí cada vez que veia una foto de Katie Holmes. Todo empezó en el estreno de “Leones para Corderos” en Berlín, cuando no reconocí a la señora de Cruise. Así que mi primer pensamiento fue, ¿y qué se ha hecho?” (Siendo el “hecho” algo relacionado con el bisturí o similares).






