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julio, 2008


31
julio 08

¿Dónde está la diversidad?

Llevo unos días viendo las tendencias de moda de la próxima temporada. Y tengo empacho. No por lasuvi-koponen-2a.jpg moda, no, ni por los maquillajes ni el pelo, no, sino por las caras. Sinceramente, se me repiten. Mucho. Como el ajo. Rubias. Jóvenes, muy jóvenes. serafina-vakulenko-2a.jpgSin expresión. De ojos claros. Pelo lacio y largo. Sin curvas. Lánguidas. Evanescentes. La verdad, sinceramente, me cuesta distinguir una de otra. De hecho, hay veces en que salen varias juntas en un anuncio y no sé si son varias chicas diferentes o una misma chica con varios looks diferentes.

Y salgo a la calle, y miro a la gente, y pienso, ¿pero es que acaso nuestra realidad no es más diversa que todo eso? ¿Es que este mini-mundo globalizado que se nos está quedando no tiene más rostros y más colores? ¿No es mucho más mestizo y variado que todo este muestrario de pre-púberes eslavas? (Sin intención de ofender a ninguna pre-púber eslava, claro está).
lara-stone-2a.jpg
olga-sherer-1a.jpgSiento que me falta riqueza, me falta variedad, ¡me falta sangre viva y energía en estado puro entre tanto rostro pálido! Además, me siento lejana, porque ese modelo de mujer no me resulta aspiracional. Yo no querría parecerme a ellas: querría tener las piernas de Naomi; el encanto de Cindy; el melenón de Claudia; los ojos de gato de Linda; el rostro perfecto de Amber; el cuerpazo y el sexy de Giselle; la sonrisa de Heidi… Pero ese aspecto algo anémico… No, como que no, que no me tira. Y tampoco creo que a los hombres les resulte especialmente atractivo ese aire aniñado y ligeramente aburridillo de este “modelo de modelo”.

Dicen que es para que nos fijemos en la ropa, y no en las modelos, pero yo sólo sé que su look no me pide a gritos que compre la ropa, los bolsos, los zapatos o las gafas que llevan, como siento cuando veo auna super-mujer luciendo esa misma ropa, bolso, zapatos o gafas. O será que me estoy haciendo mayor, que no digo yo que no, pero sí, definitivamente, me gustaría ver la riqueza de la calle subida a las pasarelas.


23
julio 08

El color de labios perfecto

LipSystem.jpgPocos cosméticos favorecen tanto como el lápiz de labios. Siempre que el color sea el correcto, claro está. Porque si nos equivocamos en el color, parece que nos borran la luz de la cara, que toma cierto tono entre verdoso y anaranjado y que los dientes parecen amarillos. Bueno, a lo mejor el efecto final no es tan tremendo, que estoy yo un pelín exagerado, pero lo cierto es que sienta mal, ¡y qué necesidad!

Pero es que escoger el color que nos va no siempre es fácil. Así que cualquier ayuda siempre es bienvenida, y en esta ocasión, la idea de Bobbi Brown no es buena, sino buenísima. Su Lip System se basa en una rueda de color que sus consultoras situan contra los labios (sin maquillar, claro está) de la mujer que desee encontrar “su” color. Hay doce tonos que recogen todas las variantes del color natural de los labios, desde las pieles negras hasta las asiáticas, con reflejos más marrones, rosas o melocotón. Y una vez comprobada cual es la tonalidad natural, en la propia paleta se presentan todos los colores de las colecciones de Bobbi Brown que le van bien a esa mujer, con intensidades que van de la más suave y de efecto “desnudo” a los colores más intensos y vivos. De esta forma, la cliente ya sólo tiene que escoger la textura que quiere (cremosa y cubriente; satinada; semitransparente) y el color final – ¡pero sin miedo a equivocarse!

Y tiene una ventaja extra: eso de comprobar el color y cotillear es muy, muy divertido, lo cual siempre se agradece, ¿no?


22
julio 08

He vuelto…

Hola, hola, holaaaaaaaaaaaa…

Yo misma puedo oír el eco en mi blog, ¡ha pasado demasiado tiempo desde la última entrada! Vamos, creo que le han salido hasta telarañas cibernéticas… No sé como son las telarañas en un ordenador, pero fijo que le han salido…

La razón de mi ausencia no han sido exactamente unas vacaciones (¡ya me gustaría!) sino una combinación estelar de eventos planetarios propios.

El primero fue un viaje a Etiopía con una ONG con la que colaboro cuanto puedo. Etiopía es un país que, por diferentes razones, tiene un hueco muy especial en mi corazón y en mi vida, un lugar duro de gente amable que lucha como puede para salir adelante. Un país al que, como a todos los países pobres, la subida del precio del petróleo y la especulación con los alimentos ha llevado a una situación desesperada para sus habitantes. Para nosotros, que la comida suba es cuestión de darnos algún capricho menos o poner más patatas al guiso, pero para millones de personas es la diferencia entre comer – o no.

La experiencia fue absolutamente maravillosa. Muy dura, pero muy reconfortante, porque ver lo que se puede hacer, ver que realmente se ayuda a alguien, da mucha fuerza para hacer más y más cosas.

Pero, claro, volver… Ah, eso es otra cosa… Volver es duro, muy duro, porque pasar de situaciones extremas a nuestra abundancia te cruza bastante los cables. Con lo cual si unimos la acumulación de trabajo al jet lag emocional, no era capaz de concentrarme en un cosmético ni queriendo. Y mira que me gustan… Pero esa transición es difícil, muy difícil.

Finalmente, he acabado haciendo las paces con varios aspectos de nuestro mundo, incluida la cosmética. Porque me doy cuenta de que más allá de lo que es la industria como tal, con el frenesí marketiniano que la posee, el afán de las mujeres por estar más guapas es tan natural como la sed. En Atapuerca, Miss. Atapuerca y sus 500 mejores amigas seguro que usarían arcillas y bayas para dar color a sus labios, y desde entonces no hay cultura donde el adorno y el cuidado personal no haya formado parte vital de sus ritos y tradiciones.

Lo recordé cuando ví a una familia compuesta por una madre y sus dos hijas pequeñas, que venían a la consulta de la médico de la ONG. Sus ropas estaban ajadas, y los zapatos rotos, pero las tres llevaban las uñas de manos y pies maquilladas con esmalte. De un esmalte color verde pistacho metalizado absolutamente indescriptible, pero maquilladas. Un gesto de coquetería que me recordó esa imagen de una mujer afgana cubierta de pies a cabeza con un burka bajo el que se adivinaban unas uñas pintadas.

Finalmente, me he visto obligada a recordar que querer estar guapa, verse bien, aplicarse algo que nos haga sentir mejor en nuestra piel forma parte de nuestra propia esencia. Y eso, marketing aparte, siempre está muy bien.

P.D. Dedico este post a Trini, que puso un comentario genial sobre si me había tomado el artículo de “Elogio de la pereza” demasiado en serio… Gracias, Trini, ¡me encantó!


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