Dado que ya llevo más de veinte años viendo cremas y demás accesorios cosméticos,
reconozco que me cuesta emocionarme con cualquier novedad. Sí, lo sé, estoy maleada, y eso se nota. Con cada década, el colmillo se refuerce un poco más y uno se vuelve más incrédulo. Así que, por una vez, y sin que sirva de precedente, me voy a quitar el sombrero ante una auténtica novedad: el secador Collexia.
Sinceramente, yo pensaba que estaba todo más o menos inventado en el mundo del secador, pero está claro que (a) me falta imaginación y (b) menos mal que no me dedico al mundo del diseño industrial, que no me iba a comer ni un colín.
Una de las principales innovaciones es que este secador tiene dos ventiladores en vez de uno. Sí el lector/a es como yo, y jamás ha tenido la idea de descuajeringar un secador, quizás no sepa que el ventilador es, lógicamente, el que atrapa el aire de fuera y luego, a través de una resistencia, lo calienta para llevarlo a través de la boquilla donde queramos. Collexia tiene, como todos los secadores, un ventilador en la parte trasera, y, además, un segundo en el centro del mismo. A doble ventilador, doble cantidad de aire. Y por tanto, menor tiempo de secado, ¡muchísimo menor! Eso sí, confieso que ese super chorro de aire, que es a los chorros de aire lo que la voz de Montserrat Caballé a mi voz, (es decir, notablemente superior) tiene sus efectos secundarios, tales como botes voladores o cremas en el suelo cuando una se descuida y deja que ese vendaval impacte contra algún objeto del baño en vez de hacerlo contra el pelo. Y también se produce el doble de ruido: que los usuarios se olviden de oír el timbre o el teléfono mientras el secador está en marcha, es físicamente imposible. Además, posee un juego de boquillas de lo más completo, en el que destaca la super boquilla ultrafina y ultralarga, ¡perfecta para el brushing!
Otra de las facetas más novedosas de Collexia es su Cosmetic Hair Program. Un nombre complicado de recordar, aunque el concepto no lo es: son pastillas empapadas en una solución llena de activos hidratantes y nutrientes que se acoplan en la boquilla del secador para que, al activarlo, lo difundan en forma de microniebla que se va depositando sobre el pelo mientras se seca. Como explican los autores de tamaño invento, no es algo que sustituya a la mascarilla,

ni al acondicionador, sino un extra. Personalmente, creo que en pelo fino se debe usar sólo muy ocasionalmente o cuando se quiere un efecto muy liso, mientras que el pelo muy grueso, rebelde o encrespado lo agradecerá especialmente. Cada cartucho cuesta 3 €, tanto para uso casero como para la peluquería, pero realmente el pelo queda más brillante y más suave. Y para pelos ultracastigados existen los cartuchos Back to Perfect, mucho más intensivos, que cuestan 4 € por monodosis y 6 € en salón. Son más complejos de usar (han de empaparse en la solución, a diferencia de los de uso diario, que vienen ya listos para colocar) y se recomiendan sobre todo para cabello muy dañado.
Que nadie busque Collexia en las tiendas: se vende forma exclusiva en peluquerías y no es barato (140 €), pero realmente ofrece lo que promete.

un Burger King para reflexionar sobre su olor. (A mí, sinceramente, lo único que se me ocurre es el olor a fritanga y el toque dulzón y ácido a la vez del ketchup). Hecho ya este ejercicio de imaginación, sólo me queda comunicar que ha aparecido una colonia inspirada en el aroma del Whopper. Si, del Whopper, con su carne, pepinillo, cebolla, mostaza y ketchup.


Esta temporada vienen colores de uñas realmente interesantes: desde el azul oscuro hasta el negro medianoche con brillo plateado sin olvidarnos del malva ultraoscuro… Y ahora me acaba de llegar la novedad que Bourjois presentará este próximo enero: un esmalte de uñas gris plomo, metalizado, con un toque azulado. ¡Queda genial! 





