Hace un par de días estaba hablando con la Dra. Marina García Moya,
que, en mi opinión, es una de las cirujanas que mejor conocen y operan el pecho
femenino y que trabaja en el Instituto Javier de Benito. Me hablaba sobre la
intervención de reducción y elevación del pecho, pues me comentaba que es la
operación más complicada debido a que exige realizar dos intervenciones
contradictorias. Por un lado, reducir significa quitar. Pero, para obtener un
buen resultado en la elevación, a veces hace falta aumentar ligeramente mediante
una pequeña prótesis. Como me explicaba, muy gráficamente, “cuando el pecho
está muy caído, todo el tejido glandular se concentra abajo, y la piel cuelga”.
Como explicó muy gráficamente, “es como si metes una naranja en un calcetín. El
volumen se encuentra abajo, pero arriba tienes un montón de tejido, y para
rejuvenecer el escote, y darle ese aspecto lleno de un pecho bonito, hace falta
añadir por un lado y mientras quitas por otro”.
Fue entonces cuando la doctora me explicó lo que era realmente lo más
difícil de la intervención: encontrar un lenguaje común con la paciente. “La
paciente siempre dice que quiere un resultado “natural”, pero cuando dice
natural, se refiere a que no quiere ir con dos enormes bolas redondas de
silicona que sobresalen por encima del sujetador, sino que busca un pecho espléndido, como cuando tenía
15 años. Y a veces, eso no es posible, porque dependemos de la calidad de la
piel, del estado inicial del pecho o incluso del tamaño del torso y la
complexión de cada mujer”. Tiene lógica, ¿no? “Por eso creo que las primeras
visitas y hablar, hablar y hablar son casi tan importantes como la intervención”,
concluía la Doctora.
Yo pensaba, inocente de mí, que los problemas de lenguaje y
comunicación se daban sólo con los peluqueros, pues de todos es sabido que
“cortar sólo las puntas” no es lo mismo para el dueño de la tijera que para el
dueño del pelo, pero está claro que con un cirujano, es mil veces más
importante. Fotos, imágenes, dibujos… creo que todo vale para encontrar un
punto de comunicación perfecto con el especialista. Y, sobre todo, imagino que
es importante entender las limitaciones del cuerpo de cada uno y saber hasta dónde
puede llegar la cirugía – y dónde tiene su frontera.