En mi último post explicaba como la actriz Kim Catrall (Samantha en Sexo en Nueva York) estaba feliz por su último papel, que le obligó a engordar y, por tanto, relajarse en la dieta que sigue desde hace décadas.
Y como a ella, le pasa a muchas mujeres, que luchan de forma más o menos denostada con los kilos. Lo cual convierte en los alimentos menos calóricos en casi imprescindibles en la dieta de muchas, muchas, muchas mujeres y hace, a su vez, que salgamos huyendo de los alimentos más calóricos que consideramos, por tanto, Enemigos Declarados Más Malos Que El Demonio Y A Los Que No Nos Debemos Ni Acercar. (Cada una que les llame como quiera, pero me entienden, ¿verdad…?)
Este ha sido el caso de los frutos secos. ¡Pobres! Porque tienen muchas calorías, sí, pero están repletos de nutrientes sanísimos. Tanto, que las nuevas Guías Nutricionales editadas por las autoridades sanitarias de Estados Unidos las incluye en las fuentes de proteínas recomendadas para cumplir con los requerimientos nutricionales necesarios.

Almendras, pistachos, nueces, pipas… los tememos por las calorías, pero deberíamos quererles (al menos un poquito más) por sus cualidades nutricionales.
Y es que esos frutos secos que, demasiado a menudo se limitan sólo a una forma de aperitivo, son una fuente de proteínas y ácidos grasos insaturados (es decir, de los sanos), más que recomendables.
¿Lo ideal? Tomar unos pocos al día. Mejor evitar las variedades fritas / endulzadas / azucaradas / hipersaladas, y optar por las versiones naturales o tostadas. Añadir unas cuantas pipas de girasol o de calabaza al yogur es una buena idea, al igual que decorar algunos platos con nueces o cacahuetes machacados. ¿Qué tal añadir algunas almendras o pistachos sobre cualquier carne? ¿O aderezar una macedonia de fruta con algunas nueces de macadamia o trocitos de nueces de Brasil?
La clave, como siempre, es la moderación en cuanto a las cantidades y la imaginación para sacarles provecho.
¿Mi receta favorita? Añadir un poco de agua de azahar a una macedonia hecha con frutas de temporada y, para el desayuno, mezcladas con un yogur natural (desnatado en mi caso… ¡es lo que toca!) y un poquito de sésamo tostado y un poquito de pipas de calabaza y de girasol. Completo, ligero, super sano y con un montón de nutrientes favoritos.









