Sinceramente… ¿soy la única que a veces se siente atronada con tanta vulgaridad? Porque no sé si seré la única que a veces piensa que hay una parte del mundo compuesto de aspirantes a entrar Gran Hermano que piensan que lo única que importa es hacer ruido: sonoro, visual y estético. Por eso, cuando me encuentro con algo silencioso, calladito, discreto pero 100% chic, 100% elegante, 100% apetecible… es mucho más que un soplo de aire fresco, es casi un santuario de los sentidos…
Es lo que me ha pasado con la nueva fragancia de Bottega Venetta (ya no tan nueva, lleva varios meses en el mercado). Es una marca a la que sólo puedo aspirar, pero que no deja de ser un sueño precioso. Si alguna vez me tocan mil millones de euros (o algo así) una de las primeras cosas que haría sería ir a Bottega Veneta y comprarme uno de sus bolsos de cuero trenzado. Intrencciato, le llaman. Son un prodigio, una auténtica belleza. Son para llamarles de usted, porque se merecen un respeto. Pero no son llamativos, ni cantosos, ni van cargados de logos ni metales relucientes. Son bolsos hechos para llevar hasta el fin de los tiempos, para que envejezcan a tu lado – y que lo hagan mejor que una misma, pero también con dignidad. (Bueno, es que yo ya sólo aspiro a eso).

El clásico bolso de Bottega Veneta, Intrencciato, llamado así por su cuero trenzado. Cuando me toque el Euromillón me compro uno, seguro. O dos…
Cuando leí que Bottega Veneta (que está viviendo una etapa espléndida con el diseñador alemán Thomas Maier al cargo) estaba trabajando en una nueva fragancia, esperé con ilusión. Y me llevé un alegrón al ver que el producto estaba a la altura de la marca. De una sofisticada sencillez, igualmente discreta pero… tan perfecta. Sencillamente, perfecta. Sin alharacas, sin gritos, sin ansias de exhibicionismo. Es lo que es, y no pretende ser más: una fragancia hermosa. Y elegante.
El aroma es un chipre, y los chipres son, por naturaleza, elegantes. Y difíciles. No son perfumes que enamoren a primera vista, ni que gusten a todo el mundo. Son perfumes para llevar de manera cómplice, en una buena unión.
Este es un chipre con toques de cuero, que lo hacen carnoso, “de piel”, combinados con una flor tan adulta como es el jazmín y notas picantes de pimienta rosa y pachuli. Pero todo ello con suavidad, con delicadeza. Es un aroma en la que no destaca ninguna nota por encima de otra, de una feminidad sutil. Posiblemente, nunca sea un best seller. Tampoco creo que esa sea su vocación. Pero seguro que se convertirá en un aroma de culto. Al menos, en mí ya tienen a una rendida admiradora. Se me nota, ¿verdad?
Y ahora les dejo: me voy a echar un boleto del Euromillón ipsofácticamente a ver si me da para un bolso o algo.

El fondo del envase recrea el trenzado del cuero de sus míticos bolsos, y en el cuello lleva una cinta de cuero para reclamar su origen: así es el frasco de la nueva fragancia de Bottega Veneta.