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9
junio 11

Cumpleaños de la reina Fabiola

Once de junio de 2011, la reina Fabiola cumple años. El sábado, Su Majestad cumple 83 años..

Y lo celebro firmando mi último libro, la biografía de la reina Fabiola: Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas, de la editorial Espasa, el sábado día 11 de junio en la caseta Nº  258 del Grupo Planeta, de 12:00 h. a 14:00 h.

Alegre, aunque de pocas palabras. De mirada sincera, transparente. Serena, con la sensación íntima de tenerlo todo controlado, la niña Fabiola desplegaba un aire de cierta superioridad que la hizo merecedora de un cariñoso apelativo familiar: era

«La reina». Y años después, «tía Queen». Así la llamaban desde muy pequeña sus seis hermanos, en un ambiente de gran normalidad, sin más aspiraciones que las propias de una familia bien situada económicamente, socialmente, entroncada con la aristocracia madrileña de finales de los años veinte, que concentraba en una palabra el carácter de la

pequeña Fabiola: discreta, nada retraída; muy pendiente de las inquietudes de los demás, nada egoísta; soñadora, sensible y cumplidora con todos sus encargos, incluso más allá de las pequeñas obligaciones propias de una niña que se formaba en el seno de una familia numerosa.

Era inimaginable, evidentemente. Pero la propia película de su vida hizo realidad aquel cariñoso apelativo familiar. Fabiola reinó, en efecto. De ahí el título de mi libro: “Nacida para reina”. Y despertó la admiración y la simpatía de todo un país, España, que había ignorado hasta entonces la existencia de una joven aristócrata entregada desde muy niña a hacer más fácil la vida de los demás.

Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón, que este es su nombre completo, nació en Madrid el 11 de junio de 1928, en el seno de la familia del conde de Mora y marqués de Casa Riera, don Gonzalo de Mora y Fernández, casado con doña Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz.

El matrimonio De Mora y Aragón residía en el palacete situado en los números cinco y siete de la calle Zurbano de Madrid, junto a sus siete hijos: Gonzalo, Neva, Annie, Alejandro, Jaime, Fabiola y María Luz. Y «la reina», aunque apartada ya de sus responsabilidades desde el fallecimiento de su esposo, el Rey de los belgas, sigue siendo muy querida en España y en Europa en estos primeros compases del siglo XXI. En la España de 1928 residían alrededor de veintitrés millones de personas, con un alto nivel de analfabetismo, bajo la autoridad de la dictadura implantada en 1923 por el general Miguel Primo de Rivera, en el marco de una Constitución, la de 1876, desbordada por los acontecimientos y las propias actuaciones de los sucesivos gobiernos del general.

*Texto: Extractos del libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas. Editorial Espasa. 5ª Edición


9
febrero 11

Hace unos días mi amigo Nacho Núñez me invitó a un pase privado de la película Encontrarás Dragones, que tendrá su estreno mundial el próximo 25 de marzo en España, y en la que se está dejando la vida en el trabajo de producción. El director de la obra es Roland Joffé, que se consagró con Los gritos del silencio y La Misión. Y durante toda la proyección, que se estrenará en mayo en EEUU, me venía a la cabeza la reina Fabiola.

La película es un drama épico, centrado en la investigación que un periodista español está realizando sobre una serie de acontecimientos acaecidos durante la guerra española de 1936-1939, que tuvieron como protagonista a su propio padre y a un joven sacerdote. A través del relato de su padre, el periodista va a descubrir una terrible historia de traición, celos y muerte, pero también de redención y perdón con el terrible trasfondo que supuso la guerra en un país enfrentado entre sí.

Entonces, Fabiola de Mora y Aragón apenas tenía 11 años y volvió a su casa familiar, al palacio de Zurbano, al terminar la guerra civil. El palacete de los Mora y Aragón se había convertido durante la contienda en la sede central de las mujeres revolucionarias que lideraba Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Su imagen aparecía en distintas fotografías colocadas en buena parte de las dependencias de la casa. Así me lo contó una amiga de la reina, tal y como lo narro en mi último libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los Belgas (Espasa 2010):

“Éramos unas niñas y creo que a ninguna se nos olvidará jamás lo que vimos al volver a nuestras casas cuando se terminó la guerra civil. Estaba todo en ruinas, todo destruido por la crueldad. Recuerdo los olores… no sé, a sucio, a quemado… Allí estaban nuestras casas, donde habíamos vivido felizmente. Teníamos recuerdos muy agradables de aquellos lugares. Y fue muy duro volver. Era el mismo sitio, pero totalmente diferente. El calor  del hogar se había convertido en la frialdad de unas ruinas. Había mucha pobreza, carecíamos de todo, no contábamos más que con un vestido para toda la semana: una blusa, una falda y unos zapatos. Y nosotras éramos de las familias con posibilidades económicas”.

La película Encontrarás Dragones pone de manifiesto la libertad que todos, todas tenemos diariamente -las reinas, también- de escribir cada una de las páginas del libro de nuestra vida. Páginas que inexorablemente escribimos, aunque no nos sentemos a redactarlas. Si en esos párrafos vitales somos capaces apartar los dragones que todos, todas llevamos dentro se nos sugiere en la película una vida plena. Por el contrario, y así se ve reflejado en la cara de los protagonistas, si nos dejamos llevar por el rencor, la ira, en definitiva por nuestros dragones interiores, el libro que narra nuestra vida no tendrá una lectura agradable.

Fabiola, que vivió la época de Encontrarás Dragones se ha enfrentado a sus propios dragones, quizá por esta razón hoy es tan querida en Bélgica.

Me quedo con el transfondo y la propuesta de la película -y os aconsejo verla, no perderéis el tiempo-: excluir los dragones en nuestras vidas, y así poder escribir la mejor de las biografías, la de nuestra propia vida.


1
febrero 11

Fabiola, ayer y hoy, con el Real Madrid

Entre las numerosas recepciones que se celebraron los meses anteriores a la boda de Fabiola con el rey Balduino, hace un poco más de 50 años, una llamó especialmente la atención. Se trataba del encuentro que mantuvieron con la directiva y toda la plantilla del Real Madrid, que había viajado a Bélgica para jugar un encuentro contra el Imperial de Lieja. El presidente del equipo blanco, Santiago Bernabéu, regaló a la novia un bolso en oro con brillantes, como destacaron posteriormente los periódicos.

Las crónicas de la época subrayaron fundamentalmente el ambiente distendido del acto, debido a la proximidad de la pareja, a la ausencia de protocolo y al enorme cariño con que fueron recibidos los madrileños en el Palacio Real bruselense. De hecho, según se contó después, el rey Balduino mostró su interés por conocer el significado de los símbolos del Real Madrid. Y uno de los directivos se quitó su insignia de la solapa y se la colocó inmediatamente después al monarca.

Cumplidos sus compromisos en la capital belga, Fabiola de Mora regresó de nuevo a Madrid. En esta ocasión, para asistir a los actos organizados con motivo de su despedida «definitiva» —entre comillas, porque en realidad nunca ha sido definitiva—, ya que el siguiente viaje a Bruselas sería para la celebración de su boda y, en consecuencia, para iniciar su nueva vida como reina de los belgas.

En julio de 2009, Fabiola apareció sonriente, junto a los reyes Alberto y Paola, en los actos religiosos de acción de gracias que se celebraron en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas. Y llamó la atención de los cronistas, también, el hecho de que hubiera elegido, precisamente ese día, un elemento decorativo tan especial: el alfiler con el escudo del Real Madrid prendía del cuello de su blusa morada, bajo la sonrisa amable y bondadosa de Fabiola.


26
enero 11

Fabiola, una mujer moderna

Fabiola con 27 años publicó un libro de cuentos: Los doce cuentos maravillosos. Como le encantaba contar historias a sus sobrinos, seleccionó las doce mejores y se lanzó a publicarlos. Fue un fracaso editorial, por lo que después fue regalando el libro a los niños que visitaba en los hospitales.

Pero hace 50 años, tras su boda con el rey Balduino, se imprimió una segunda edición. Y en enero de 1961 era habitual ver este anuncio de prensa en los diarios que se publicaban en España.

A los 29 años, Fabiola trabajaba en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid y era, siempre lo ha sido, una mujer libre, rompedora, muy moderna.

Incluso se independizó de la casa de sus padres. Se fue del palacio familiar de Zurbano a un piso en la calle Braganza, conducía su propio coche, un quinientos o el Fiat 500 con matrícula 209.174. Y eso en aquellos años, hace más de 50 años, estaba muy mal visto. También, sus profundas convicciones le hacían ser una mujer muy generosa, tanto con su dinero, porque lo tenía, como con su tiempo. Se entregaba y mucho a los demás.

Al llegar a palacio -y aún perteneciendo a la aristocracia- lo primero que le brota es ir a la cocina, organizar la casa, el palacio. Pero es que Fabiola siguió siendo la misma tras su boda con el rey Balduino, y a pesar de su nueva vida. También, continuó quedando con sus amigas de siempre, cuando podía, claro. Fabiola ha sido, siempre, muy fiel a sus amigas.

Quizá por esa razón, por su generosidad y coherencia, hoy muchos belgas opinan que la figura más emblemática del país es el Maneken Pis –“Niño que orina”, la popular estatua de bronce situada en el centro histórico de Bruselas o la reina Fabiola, la viuda del rey Balduino.


22
diciembre 10

Ayer, luna de Miel, en San Calixto. Hoy, Fabiola en facebook

 

Hoy la reina Fabiola está en Facebook, en la página del libro  Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de belgas. Ya son muchos los seguidores de esta página. Si quieres hacerte fan, tú también, sólo tienes que hacer click aquí.

 

Ayer, 15 de diciembre de 1960. Era media tarde. Sonaban los brindis finales del almuerzo festivo en el Palacio Real. Y los recién casados abandonaron las dependencias. En el aeropuerto ya les esperaba un avión con un plan de vuelo no revelado. Comenzaba el viaje de luna de miel, cuyo destino habían querido mantener en secreto, en el mismo marco de discreción que Balduino y Fabiola habían preservado desde que se conocieron.

Mientras el avión militar volaba hacia algún destino secreto  —luego se supo que era España—, los belgas se sorprendían al comprobar que el Rey, los Reyes —él y ella— se habían colado en sus hogares sin previo aviso, con gesto travieso y ojos de complicidad mutua, mediante un mensaje televisado. Ambos agradecían todas las muestras de cariño recibidas y se ponían sinceramente a su disposición, a su servicio, para tratar de mejorar su vida en todo aquello que fuera posible como consecuencia de su tarea y su responsabilidad al frente del Estado.

El rey Balduino, que tantas veces había meditado sobre la bondad y la trascendencia del amor humano, volcó en su mensaje televisivo una de las frases que mejor resumen ese valor tan sobrenatural, parafraseando al genial autor de El pequeño príncipe, Saint-Exupéry: «Amar no consiste en mirarse el uno al otro, sino en mirar juntos en la misma dirección».

«Desde ahora —dijo el soberano— estamos unidos para serviros y para contribuir con lo mejor de nosotros mismos a la felicidad de cada uno de vuestros hogares».

Y Fabiola, que quiso expresar su identificación con el pueblo belga dirigiéndose a todos en francés y flamenco, abrió su alma colmada de felicidad y agradecimiento: «Gracias por vuestra inolvidable acogida; desde ahora, mi corazón y mi vida pertenecen no solo a mi esposo, sino también a todos vosotros».
Pronto se conoció que el avión militar que había partido desde el aeropuerto de Bruselas aterrizaría horas después en Sevilla, donde esperaba una discreta comitiva, que acompañaría a los Reyes hasta la pequeña aldea de San Calixto, en la provincia de Córdoba.

Allí, en el corazón del parque natural de Hornachuelos, la finca de San Calixto —propiedad de los marqueses de Salinas, parientes de Fabiola— acogía un convento de carmelitas descalzas donde se encontraba una de las íntimas amigas de la reina belga, con quien había compartido su adolescencia y su juventud. Se trata de Piedi Muñoz, hija de los marqueses propietarios de San Calixto, que tantas horas y tantas aventuras había vivido junto a Fabiola y a Pilar Sástago en Madrid. Aunque retirada en el convento siguiendo la llamada divina, nunca perdieron el contacto ninguna de las tres. De hecho, Fabiola —que vivió todo su noviazgo junto a Pilar Sástago— también confesó por carta a su amiga Piedi que había encontrado al hombre de su vida, el rey Balduino, que era perfecto, salvo por un único fallo: que era rey. Fabiola aseguró a su amiga que la visitaría en San Calixto en el primer viaje que realizaran juntos después de la boda. Y así lo hizo.

Los monarcas descansaron en la tranquilidad de la finca, durante unos días de frío y nieve, aunque brillantes y soleados en muchos momentos de la jornada. Pasearon por los caminos del enorme parque natural y disfrutaron como habían imaginado. Ajenos —aparentemente, al menos— a los múltiples movimientos de los reporteros, que ya conocían el destino secreto de los monarcas, varados en Hornachuelos y sin posibilidad alguna de lograr la foto soñada de los recién casados. Fueron unos días con un sabor especial añadido. Los monarcas se disponían a disfrutar juntos sus primeras Navidades.


13
diciembre 10

De vuelta a Bélgica

El martes 6 de diciembre de 1960, hace 50 años, Fabiola de Mora y Aragón volvió a Bruselas. El avión militar enviado por el rey Balduino -un DC 6 pilotado por el capitán Binon y cinco tripulantes- esperaba en el aeropuerto madrileño de barajas para trasladarla a la capital belga.
El día anterior, Fabiola visitó el palacio de la Nunciatura en Madrid. Después, en el palacete familiar de Zurbano,preparó su equipaje. Allí llegaban más regalos, como los que detallaba la agencia cifra el 5 de diciembre de 1960:

Madrid, 5. — La «Tuna Universitaria» de Madrid ha ofrecido al rey Balduino de Bélgica un traje completo de «tuno» adornado con terciopelo y raso; un muñeco vestido de «tuno» y otro de «heraldo», con un pergamino en el que consta el ofrecimiento. También le han enviado un álbum en el que se han incluido las fotografías en que doña Fabiola de Mora aparece con las distintas «tunas» que fueron a visitarla. — Cifra.

Madrid, 5. — Un abanico de gran lujo será el regalo de boda que el Gremio de Maestros Artesanos de Valencia ofrecerá a doña Fabiola de Mora y Aragón por conducto de la Obra Sindical de Artesanía. Este delicado recuerdo, de tanta solera española, constituye una verdadera obra de arte, ya que en su confección han colaborado los mejores artífices en esta especialidad de alta artesanía. El abanico constituye un armónico conjunto, entre el varillaje de marfil con los escudos nacionales da Bélgica y España, burilados y policromados, y el «país» de cabritilla, donde van pintados los medallones rodeados de orlas con los retratos de S. M. el rey Balduino y la futura reina doña Fabiola de Mora. Sobre todo ello, la corona real belga. Para completar el obsequio, se incluirán en otro estuche de lujo, ricamente decorado, un abanico de blonda, otro de calle y un tercero de bolsillo. — Cifra.

Falta muy poco para el 15 de diciembre de 1960, día en el que Fabiola se casó con Balduino, el rey de los belgas.


8
diciembre 10

Fabiola se despide de España

La experiencia más emocionante vivida por Fabiola en esas fechas previas al 15 de diciembre de 1960 fue la despedida de sus amigos los ancianos y ancianas del asilo de la calle Almagro de Madrid.  En aquel asilo conocían muy bien la dedicación y generosidad con la que Fabiola les había obsequiado durante tanto tiempo.

Con mucha frecuencia, los ancianos recibían la visita de la quien es hoy la prometida del rey Balduino: su compañía, su cariño y sus obsequios -tabaco y chocolate, entre otros detalles- para hacer más agradable su estancia en el Asilo de las Hermanas de los Pobres.

La priora del asilo, a la que conocían con el nombre de la Buena Madre, había sido testigo de la enorme generosidad de Fabiola, que durante años había atendido a los ancianos y, no menos importante, a las necesidades de la propia institución… La Buena Madre recordaría posteriormente episodios tan importantes como aquella ocasión, en la que ella misma, acuciada por la imposibilidad de hacer frente a la deuda de la panificadora, acudió a Fabiola, que, de inmediato, extendió un cheque por valor de las diez mil pesetas que debían al panadero. O aquel día en el que advirtió el deficiente estado de las camas en las que descansaban los veintidós matrimonios que residían en el asilo -que atendía a cerca de trescientos ancianos- y se ocupó de comprar veinticinco camas nuevas, con sus correspondientes colchones y juegos de sábanas.

Fabiola fue recibida por los ancianos al compás de las notas del himno nacional belga, «La Brabançonne», que previamente habían ensayado con todo cariño para agasajar a su amiga y benefactora. Fabiola se emocionó. Y disimuló las lágrimas con las palabras de aliento de siempre. Y con los obsequios habituales: bombones para las mujeres y tabaco para los hombres. Aunque no esperaba algunos de los detalles que recibió ese día y que le conmovieron extraordinariamente. Entre ellos, uno muy singular. Alfonso Díez había fabricado un parchís en cuyo tablero aparecían grabados cuatro escudos, uno en cada esquina, los correspondientes a los cuatro apellidos de Fabiola: Mora, Aragón, Fernández y Riera y Carrillo de Albornoz; y en el centro, dos manos entrelazadas junto a las banderas de España y Bélgica. Además, fabricó unas fichas con el escudo de España por un lado y el de Bélgica por el otro. Impresionada, emocionada, Fabiola asistió a la gran fiesta de despedida que organizaron los ancianos en su honor. Aunque la futura reina, como es bien sabido, jamás se olvidaría de sus amigos de la calle Almagro.


29
noviembre 10

16 de septiembre de 1960, el anuncio de la boda

El anunció del compromiso entre el rey Balduino y Fabiola se aplazó en julio de 1960 por la crisis del Congo -colonia belga-, por lo que la fecha elegida fue el 16 de septiembre de 1960. Ese día los belgas se sorprendieron por el anuncio público que realizó el primer ministro Gaston Eyskens, y que fue emitido por la radio:

Tengo la profunda satisfacción de anunciar al país la dichosa
nueva del compromiso de Su Majestad el rey con doña Fabiola de
Mora y Aragón, hija del fallecido don Gonzalo de Mora y Fernández,
conde de Mora y marqués de Casa Riera, y doña Blanca de
Aragón. Estoy convencido de que este dichoso acontecimiento será
recibido con gran júbilo por la población entera, que compartirá
cordialmente la felicidad de su bien amado monarca. En el momento
en que doña Fabiola cruce la frontera belga, el Gobierno y el pueblo
de Bélgica le darán la bienvenida con su entusiasmo. Desde ese momento
Bélgica se une entrañablemente a su rey y a la reina que él ha
elegido.

La noticia descolocó a los belgas, acostumbrados ya a oír toda clase de rumores sobre una supuesta abdicación del joven monarca, probablemente con el propósito de ingresar en algún monasterio.

Mientras el primer ministro Gaston Eyskens daba la noticia a los ciudadanos belgas, la maquinaria diplomática desplegaba todo su aparato para trasladar la misma información, formalmente, a los representantes de los países con los que Bélgica mantenía relaciones y líneas de colaboración. Entre ellos, y de manera muy especial en este acontecimiento, España, nación de origen y residencia de la futura reina de los belgas.

El gran mariscal de la corte, D’Aspremont Lynden, visitó esa misma mañana del 16 de septiembre al embajador español en Bruselas; y prácticamente al mismo tiempo, el embajador belga en Madrid se entrevistaba en el palacio de Santa Cruz con el ministro Castiella, responsable de la cartera de Asuntos Exteriores del Gobierno de Franco.

La noticia saltó de inmediato a los medios de comunicación internacionales, que dieron gran relieve al compromiso de la desconocida Fabiola, que se convertiría en una de las españolas con más proyección internacional.


24
noviembre 10

Se lo cuenta a su familia

Foto: Doña Blanca de Aragón madre de Fabiola en la casa familiar del Palacete de Zurbano

Fabiola de Mora había regresado a España con un mensaje extraordinario para su madre y su familia, se había comprometido —un sí del que ya jamás se echaría atrás— con el amor de su vida. La decisión supondría abandonar su país, en contra de lo que decidiera años antes, cuando pudo unir su destino al de un joven diplomático que emprendía su carrera profesional con un buen puesto en Washington.

La noticia sobrecogió a todos. Y doña Blanca de Aragón pudo comprobar la verdadera trascendencia del compromiso inmediatamente después de su primera conversación telefónica con el Rey de los belgas. En ella, Balduino, muy amable y emocionado, formalizó la petición de la mano de su hija y se puso a disposición de su nueva familia.

En la familia de los Mora y Aragón todo estaba cambiado. La que parecía ir para monja, como se susurraba cariñosamente entre los suyos, estaba a las puertas de subir al altar de la mano de un monarca. Ahora, cada comentario, cada gesto, cada iniciativa se relacionaba con los preparativos de un acontecimiento que se celebraría en unos meses. Y esperaban con una cierta y comprensible impaciencia el momento de fijar la fecha del deseado enlace que marcaría un nuevo rumbo en sus vidas.

El plan convenido era dar a conocer la noticia oficial del compromiso antes del 16 de septiembre de 1960 a través de los cauces institucionales previstos por el Estado de Bélgica.

Pero los planes tuvieron que cambiarse, ya que la evolución de la situación en el Congo -colonia belga- aconsejaba aplazar la fecha. Sin embargo, la familia de Fabiola tuvo una completa información del gran acontecimiento que hacía rebosar de alegría el alma de Fabiola.


22
noviembre 10

Balduino tenía un problema para Fabiola, era Rey…

La frase del sí aquel 8 de julio de 1960 —«Esta vez es sí y ya no me volveré atrás»—, se había convertido en un audaz «hasta pronto» que se iba a hacer realidad en un plazo de tiempo muy corto.

Aunque esa frase encierra algo más que un compromiso después de un rápido y repentino flechazo amoroso. Las cuatro primeras palabras, «Esta vez es sí…», pondrían de manifiesto un cambio de opinión en lo más íntimo de Fabiola, que hasta ese instante habría cerrado las puertas a una evidencia tan sorprendente e inimaginable que era imposible aceptar por su parte como una alternativa real al futuro de su propia vida.

«Esta vez es sí…» Fabiola se resistió a aceptar la posibilidad de contraer matrimonio con el Rey de los belgas, por considerarse con méritos insuficientes como para aceptar; y menos aún, si cabe, por las circunstancias tan extraordinarias que habían rodeado todo el proceso que vivió hasta conocer personalmente y a solas al monarca Balduino.

La aristócrata española llegó, incluso, a romper un primer compromiso de boda. Como ella misma confesaría a una de sus íntimas amigas, «Balduino solo tiene un problema: que es rey»

Al final aceptó la propuesta de matrimonio. Le ofreció su firme e irrevocable aceptación ante el alto compromiso sugerido expresamente por el rey, de quien se había enamorado como jamás hubiera imaginado.

Había dicho que sí a su amor, en efecto, aunque plenamente consciente de que, además, ello entrañaba la asunción de nuevas responsabilidades como esposa de un rey. Es decir, un nuevo rol como consorte del máximo responsable del Estado belga, en el seno de una familia que debía conocer y tratar como propia, para amarla sin medida y procurar su bien.


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