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Confesiones Pecaminosas


7
febrero 11

EMBARAZADOS

La decisión de tener un hijo, es trascendental. Es aceptar por siempre que tu corazón ande vagando fuera de tu cuerpo


Siempre repudié a esas parejas que anunciaban su futura paternidad soltando un unísono y vomitivo ¡Estamos embarazados!. Me prometí a mí misma que, de llegar el día, jamás diríamos semejante incongruencia. Me parece una auténtica y redomada estupidez. Hace falta ser idiotas.

Pero yo, a diferencia de ellos, me permito el lujo de anunciároslo con dicha incoherencia porque verdaderamente en mi casa no sólo soy yo la que está embarazada, sino que ÉL, por mucho que lo niegue, sobrelleva sin remedio el denominado Síndrome de Couvade (sufre antojos, aumento de peso, cansancio, calambres en las piernas, ciática, dolor de espalda…). Sin embargo, de una manera inteligente, se ahorró el honor de sufrir un dolor agudo en los pezones cuando se pasa frío. Así cualquiera.

Las cosas han cambiado mucho desde que en casa, a una prueba de embarazo, le salieron dos rayitas confirmando que el tamaño de mis pechos no era gratuito. Ahora, dormimos más (si cabe). Sabemos que a este lujo asiático le quedan los días contados, así que aprovechamos cualquier momento para sucumbir a los brazos de Morfeo. Lo mío es una cuestión de necesidad, lo de él es ¿simbiosis?.

Evitamos los tugurios y los humos y nos las damos de sanos cuando bien sabemos los dos que, por mucho que lo intentemos evitar, somos insanos por naturaleza. Nuestros mejores amigos se llaman Carbohidrato y Glucosa. Son gente maja a la que tenemos mucho cariño. Ya no nos hablamos con Nicotina, dicen que no es de fiar, aunque yo aún me acuerdo de ella.

No os lo voy a negar, estamos viviendo el momento más dulce y feliz que jamás pudimos imaginar. Esta permanente ilusión y la ternura del ambiente que respiramos nos hace vivir este embarazo como algo mágico. Es vivir el milagro de la vida en primera persona. Es la felicidad en mayúsculas.

Y ya. Hasta aquí me permito y os deleito con párrafos azucarados. Nosotros vivimos a nuestra manera este embarazo, pero vosotros no tenéis por qué soportar el empalago que esto conlleva. No quisiera castigaros. También a vosotros os tengo cariño.

Ahora que vivo este estado de, como dicen las abuelas, buena esperanza, mis blogs, libros, revistas y fuentes de información en general, han cambiado como de la noche al día. Al final siempre acabo leyendo algún artículo en cuya portada aparece una tía buena de piernas flacas, tripa gorda y cara de satisfacción, haciéndonos creer que eso que soporta, no pesa. Y un carajo que se coma.

Y es que el embarazo, como todo, está lleno de leyendas urbanas y topicazos. Señores, cada pareja vive su embarazo de una manera diferente y el afán por compartirlo TODO no es absolutamente necesario. No hace falta dar una opinión o contar tu propia experiencia sin que nadie te pregunte. Hay muchas cosas que pueden ser ahorradas o, al menos, dosificadas.

Tanto es lo que he leído y tanto lo que me han contado, que ahora vivo con el miedo de que, cualquier día de estos, me despierte como una almorrana del tamaño de un melón. Vivo sin vivir en mí pensando que en cualquier momento se me hincharan los tobillos y mis dedos se convertirán en morcillas. Vivo con el terror de que el día del parto una matrona maligna me trate a patadas y me pegue un tijeretazo que me llegue hasta la garganta. Vivo con angustia porque las plastas que ya han pasado por esto, no dejan de martirizarme con historias para no dormir. No quiero escuchar más, por favor. Callaros de una maldita vez.

Y es que nunca están lo suficientemente a gusto con tu sufrimiento. Si tienes nauseas te dirán que te prepares para cuando tengas barriga. Cuando tienes barriga te dicen que te prepares para cuando tengas más.. y cuando tienes más, comienzan con el martirio del parto. Tengo historias de partos, para dar y regalar. Me las sé de memoria, con pelos (púbicos) y señales. Yo nunca les pedí que me contaran nada. Pero eso les da igual. A ellas les gusta ver tu cara de pánico mientras hablan. Una fuerza imperiosa les hace contarte su experiencia (casi siempre trágica). Si no disponen del tal experiencia, te cuenta la de su prima y si no, la de su vecina y si no tienen vecina, se la inventan. El caso es darte el día.

Cuando terminan, las muy cachondas, siempre acaban diciéndote que cualquier cosa merece la pena cuando, por fin, ves la cara de tu bebé. Pero para cuando llegan a esa parte, mi cuerpo está del revés y sólo puedo imaginarme con exceso de kilos, retención de líquidos y abierta en canal mirando a un niño que vete tú a saber si es el nuestro (dispongo de un gran surtido de historias de cambiazo de niños). Intentado dar el pecho con una teta tres veces más grande que su cabeza y con un pezón lleno de grietas sangrantes por culpa de una mastitis que me hará recordar, por los siglos de los siglos, lo importante que es el maravilloso mundo de la lactancia.

Esas mujeres me dan miedo. Mucho miedo. Son el vivo retrato del diablo.

El caso es que tenemos una ligera idea de los padres que queremos ser. No aspiramos a nada del otro barrio, queremos que nuestro hijo crezca con mucho amor y cariño. Intentaremos hacerlo lo mejor que podamos. Somos conscientes de la difícil tarea que nos espera pero estamos ansiosos por comenzar.

Pero no he llegado hasta este blog para hablaros de los diferentes métodos de educación que tenemos pensado aplicar… eso, como tantas otras cosas, quedará en nuestra casa. Vine hasta aquí para contaros la clase de madre y mujer en la que no quiero convertirme por nada del mundo:

- Quiero poder seguir manteniendo una conversación con mis amistades sin recordarles, cada dos por tres, que yo soy madre y que eso me convierte en un ente distinto a los demás.

- Respetaré, entenderé y trataré como a una igual a aquella mujer que, por el motivo que sea, no tiene hijos (esto os puede parecer obvio, pero os aseguro que no lo es para mucha gente).

- Jamás diré una frase del tipo “cómo se nota que no eres madre”, “cuando tengas un hijo ya me lo dirás”. Nunca haré una diferencia de ese calibre a una igual ni consideraré que una mujer tiene que ser obligatoriamente madre para comprender ciertos asuntos terrenales.

- No pronunciaré jamás algo semejante a “¿y tú para cuando?” “tú lo que tienes que hacer es embarazarte”. Si alguna vez lo habéis hecho, dejad de hacerlo. Anotaros este consejo si no queréis seguir quedando como cretinos/as. Tener un hijo es la decisión más personal en la vida de alguien. Si esa persona no te ha hablado del tema, es porque no quiere compartirlo contigo. No te metas donde no te han llamado. Métete en tus asuntos y ocúpate de tu triste vida que seguro que tienes mucha porquería que limpiar.

- Buscaré, en la medida de lo posible, momentos para seguir escuchando a mis amistades y seres queridos. Nuestra vida es la que girará sobre la de un nuevo ser, pero no la de ellos que, aunque sufran los efectos colaterales, no habrán perdido, de ningún modo, a una amiga.

Todo esto, a groso modo. Por cierto, que nadie me pregunte para cuando la parejita. Hay personas que nunca están satisfechas con el recorrido de tu vida y siempre quieren más. Os recuerdo lo citado anteriormente: “Tener un hijo es la decisión más personal en la vida de alguien. Si esa persona no te ha hablado del tema, es porque no quiere compartirlo contigo”. No lo olvidéis. Tatuároslo si lo creéis necesario.

He querido compartir, como siempre y a mí modo, otro momento importante en mi vida. El más importante. Sinceramente, no sé que será de este blog… hace tiempo que vengo rumiando la idea de un cambio de aires pero aún no tengo nada claro. Os sugiero que os apuntéis al grupo de Facebook aquí y así os podré mantener al tanto de futuras novedades que conciernen a este invento.

Se os quiere. Mucho.


8
febrero 10

ODIO, ODIO, ODIO…


Odio tener que soportar a seres humanos, siendo una divinidad superior
(Grupo de Facebook)

Es muy posible que cuando termines de leer esto, acabes pensando de mí que soy una amargada y que no merezco estar en este mundo de estupendos. Pero nada más lejos. Sólo soy una enamorada de ese lado oscuro llamado odio.

Es verdad que dejar de fumar (otra vez) ha podido ayudar a que me encuentre en este estado tormentoso. Se me pasará, no hay de lo que preocuparse. Aún no he llegado al punto en el que tengas que compadecerme por ser una infeliz. No lo soy, pero permíteme que me autointoxique. En el fondo me gusta.

Si lo que quieres es algún ejemplo de cómo una persona, aparentemente encantadora, puede atormentarse sin ayuda de nadie, no te preocupes, yo te los daré. No te pido que me comprendas, pero sí te pido que no me juzgues. Si vas a hacerlo, lárgate de aquí, nadie te dijo que entraras a un lugar cuyo título es “odio, odio, odio”. Puedes imaginarte de qué va la vaina.

Como es muy probable que sepas (me encanta vender mi intimidad), de un tiempo a esta parte he cogido un extraño “gusto” a eso de ir al ginecólogo. Qué le vamos a hacer, están empeñados en revisarme lo revisado. Tan habituada me siento ya en ese ambiente, que el otro día fui capaz de mantener una deliciosa conversación con mi médico sobre literatura contemporánea mientras que mis bragas, medias y pantalones seguían colgados de un perchero. Y no, no estaba en la camilla. Y no, no me acuesto con él.

El caso es que, curiosamente, lo que me resulta duro de ir al ginecólogo no es el hecho de que me metan todo tipo de artilugios por mi partes nobles (una se hace a todo), lo que no puedo soportar, es la maldita e insufrible sala de espera.

Casualmente, cada vez que tengo que ir al ginecólogo, todas las embarazadas del planeta tienen que hacerlo conmigo. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que lo hacen para mortificarme. Sólo tengo que mirar sus abotargadas caras para darme cuenta de ello.

Te juro por mis bajos fondos que no soy especialmente neurasténica pero, qué quieres que te diga, cuando una tiene su útero remendando y lleno de parches, no le gusta juntarse con mujeres a punto de estallar. Manías personales.

Bien saben los dioses que esos especímenes conspiran en mi contra y que me tratan como un bicho raro. Cuchicheando, las muy embarazadas, puedo oírlas decir: bah, ni te fijes en ella, es una infecunda contagiosa que no merece vivir.

Después hacen su particular aquelarre y me miran por encima del hombro mientras hablan de vómitos y grietas en los pezones a sabiendas de que yo no tengo opinión sobre esos temas (si ellas supieran… probablemente tenga más experiencia que cualquier de ellas en lo que a vómitos se refiere, aunque sobre lo de los pezones no tenga mucho que decir, bien es verdad que podrían darme la oportunidad de poder documentarme con alguna técnica masoquista).

En resumen, que aún yendo preparada como voy (auriculares y libro enciclopédico muy grande para no verlas) ellas se empeñan en hacerse notar. Son las mismas que luego traen al mundo a Belcebú y se preguntan que es lo que han hecho mal en la vida: ¡ser un auténtico tostón en las salas de espera, eso es lo que hacéis mal!

Entonces es cuando me salto esa norma tácita que todo el mundo conoce de no detestar a las mujeres embarazadas y me regodeo odiándolas con toda mi alma y mi ser. Y mientras sostengo una gota de odio en el lagrimal, no puedo más que rezar para que todas y cada una de las anestesias epidurales desaparezcan como por arte de magia del país. Y ya puestos, del planeta.

El odio te lleva a segregar más odio (mi experiencia personal me lo dice), y cuando una está metida en ese círculo de hostilidad, le coge el gustillo y, como deporte nacional, se dedica a odiar a todo quisqui. Es un círculo vicioso.

Pero si lo que quieres es escuchar algo sorprendente y contradictorio, escucha esto que te voy a contar: mis ansias de odio llegan tan lejos que entre mi grupo de “amigos” de facebook, tengo gente a la que odio y a la que, en el mejor de los casos, les deseo que les retuerzan los brazos y les den de comer sus propios excrementos.

Sin embargo, no puedo negarles mi amistad, necesito tenerles cerca para tener muy claro qué tipo de persona es en el que no quiero convertirme.

Odio a quien se declaran adicto a la moda sin declararse adicto a nada más (aunque sólo sea para compensar su simpleza). Odio a los hombres que odian a las mujeres y odio a las mujeres que odian a los hombres. Odio los coches tuneados y a los ositos de peluche. Odio a quien no escucha y a quien no para de hablar de sí mismo. Odio la mediocridad, la insuficiencia y la estupidez. Odio los tirantes transparentes y los zapatos sucios. Odio a los gorrones, a la gente tacaña y a quien escribe “jajajajaja” cada vez que termina una frase.

También odio a la gente que arrastra los pies.

Y así, podría pasarme el día entero… odiando sin parar…

NOTA 1: Si vas a ponerme un comentario de aliento, de ánimo, hablándome del zen, de la ley de la atracción o del karma, ahórratelo. Lo borraré sin ningún tipo de piedad. Odio los comentarios dulces y positivos en posts amargos.

NOTA 2: En mi defensa diré que cuando amo, lo hago con la misma intensidad que cuando odio.

NOTA 3: Si quieres, puedes unirte al grupo de facebook de Pastelitos Envenenados pinchando aquí.


26
octubre 09

LA VERGÜENZA

 
LA VERGUENZA.JPG

 

Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé
y su comitiva hubiesen perdido el barco
(Mark Twain)

 

Perdón por haber tardado tanto en escribir, pero estaba vomitando.

Y es que el mundo está hecho un asco. Está como una de esas casas a la que nunca se la trató con mimo, un hogar revuelto e incómodo que jamás fue decorado. Donde nadie se molestó en arreglar sus paredes agrietadas, sus goteras y desconchones. Como una de esas viviendas que para volver a convertirla en un lugar presentable, habría que demolerla y levantarla de nuevo. Con otros cimientos y desde un nuevo punto de partida.

Así estamos, con la casa sin barrer, donde andamos todos peleados, en la ruina y, por si eso fuera poco, haciendo méritos para ver a quien se lleva la medalla al más capullo.

No sé vosotros, pero yo me avergüenzo de la raza humana cuando, por ejemplo, compruebo atónita que países como Italia, a estas alturas, aún sigue siendo gobernada por un mafioso de pelo teñido que va por la vida creyéndose un Latin Lover sin percatarse del asco y del rechazo que produce en la gente inteligente.

Pero ése es sólo un pequeño grano en el culo si lo comparas con el resto. Por lo que a mí respecta, aún me quedo clavada en la silla cada vez que veo la imagen de algún que otro ex presidente de los EE.UU.: se me hiela la sangre como a la de una mujer maltratada cada vez que ve a su agresor.

Todo eso sin hablar de las arcadas que me produce ver al analfabeto de Chávez escupiendo perlas demagogas… Y Chávez (por una desgraciada asociación de ideas), me hace pensar en Cuba y, si pienso en Cuba, pienso en los hermanos Fidel y sus camaradas que han conseguido llevar a una maravillosa isla, a la más absoluta de las miserias. Mientras, el resto de los cubanitos, en el mejor de los casos, se comen los mocos.

Y hablando de Cuba y de asociaciones… envejezco diez años cada vez que me cruzo con alguien vistiendo una camiseta con la cara del Che porque, tristemente, más del ochenta por ciento de esos incautos, no saben ni lo que llevan puesto (tiene más peligro un imbécil, que un malvado). A muchos de ellos habría que enseñarles, tatuándoselo en la frente, que el Che no era tanto como el tipo guay de “Diario de una motocicleta” sino más bien un homófobo cuyo deporte nacional, entre otros, era matar homosexuales: ¡Oh, sorpresa!: espero que ahora mismo quemes tu camiseta de la que te sietes tan orgullo-so/a.

Pero claro… si lo dice la moda… La moda es la moda. Aunque endiosemos a meapilas como Karl Lagerfeld que se permite el lujo de decir, sin que nadie le fusile, que “El mundo de la moda está hecho de sueños e ilusiones y nadie quiere ver mujeres redondas”. Y yo lo único que quiero es no volver a ver a este tío a no ser que sea vistiendo una mortaja.

Con gentuza como esta, mal vamos señores, mal vamos.

¿Y qué podemos esperar?, por mi parte, ya he perdiendo toda esperanza. El país donde nací y donde vivo, está que da pena verlo. Eso sí, encabezamos listas europeas (algo que nos encanta):

España a la cabeza de Europa de:

- Los peores datos de paro
- Uno de los países con más crímenes
- También somos los que más drogas consumimos

Y algo que me pone, literalmente, los pelos de punta:

- España figura entre los países más incultos de Europa

No me extraña. Sinceramente, ¿qué podemos esperar si tenemos un Ministerio de Educación que es una vergüenza absoluta? Están tan atareados en reformar lo reformado que no se han preocupado de que nuestros jóvenes estén por debajo de la media en todas las materias. Ahí es ná.

Arrastramos con pesadumbre la herencia de un gobierno que durante ocho años no hizo más que meter la pata. Tenemos un gobierno actual que no vale ni para tomar por culo y una oposición que es de juzgado de guardia: la mitad debería estar en la cárcel y la otra mitad, deben de estar drogándose (haciendo méritos para seguir encabezando listas admirables).

Nuestras “mejores” empresas españolas (Telefónica, Iberdrola, etc) son sólo ladrones a mano armada que esperan cualquier despiste para clavártela. Todo esto, sin olvidarnos de nuestro hijo tonto, la SGAE: sociedad que no sirve más que para pasar la gorra y sacarnos los cuartos (luego que no nos extrañe que España también encabece la lista MUNDIAL de descargas de material con derechos de autor).

Cambiando de tercio y aprovechando que tengo la tensión por las nubes, quiero saludar a mi tía la del pueblo y recordaros que yo, me paso el sexismo lingüístico por el forro.

Dejad de torturarme con debates llenos de miembros y miembras; géneros y géneras; personos y personas. Antes de toda esa palabrería barata, sugiero que alguien se tome la molestia en igualar sueldos y sueldas. Hay una realidad que es más que evidente: una mujer, sigue cobrando un 35% menos que un hombre. Pero sobre esto, tengo mucho que decir, así que lo dejaré para otro capítulo.

Estoy totalmente de acuerdo con vosotros, esta entrada sólo es un revoltijo de pensamientos… pero tengo muchas cosas que decir y poco tiempo. Otro día, más y mejor y con la pastillita azul recién tomada.

Y, como ya dijo un día Quino: he decidido enfrentarme la realidad, así que apenas se ponga linda me avisan.

 

 


15
junio 09

SOBRE EL DAÑO QUE HA HECHO CARRIE BRADSHAW

  

sobre el daño que ha hecho carrie bradshaw 150609-01.jpg¿Se puede tener un futuro, teniendo presente el pasado?
(Carrie Bradshaw)

 

Carrie Bradshaw: Personaje principal de la serie de HBO “Sex and the City”. Es una escritora fiestera y adicta a la moda. Fanática de los clubes, bares y restaurantes es también conocida por su inigualable estilo para vestir. Es autoproclamada fetichista de los zapatos y se enfoca, principalmente, en los de Manolo Blahnik. Durante gran parte de la serie, el personaje de Carrie se centró en la continua búsqueda del verdadero amor y siempre se negó a contentarse con algo que no se le pareciera. A pesar de esto, durante la serie expresaba frecuentes dudas sobre si ella era del tipo de chicas que se casaban y estaban listas para una familia. Mr. Big es su verdadero amor, el hombre que -según ella- puede llegar a ser su alma gemela.

Bueno, después de esta pequeña introducción (por si alguien, a estas alturas, no sabía quien era Carrie Bradshaw) y antes de exponeros mi teoría, quiero dejar bien claro que siempre me he declarado fan absoluta de la serie en general y de Carrie Bradshaw en particular. Que a nadie le quepa la menor duda de eso.

Sin embargo, hay algo con lo que no puedo, algo que me atraganta sobremanera: las imitaciones. Y cuando las imitaciones son sobre el personaje de marras, el resultado siempre es un paleto y patético quiero y no puedo.

Como una pandemia a lo más estilo gripe porcina, las Carrie Bradshaw han salido hasta de debajo de las piedras. Burdas imitaciones que sólo consiguen desprestigiar al personaje.

Sí, vale, todas quisiéramos parecernos a ella. A quien más y quien menos le gustaría tener un monísimo apartamento en Manhattan, estrenar modeluquis preciosos todos los días del año, escribir una columna archi famosa en un periódico de prestigio y salir de fiesta día sí y día también.

No olvidemos mencionar que, a prácticamente todas, nos encantaría que dichos modeluquis nos quedaran igual de bien que a ella y, creo, que tampoco haríamos ascos a un Mr. Big que va escupiendo dólares a su paso y que, aunque bastante cretino él, no está del todo mal.

Soy una absoluta defensora del libertinaje y la concupiscencia, a estas alturas nada me escandaliza, me gusta ir a la moda y salir de copas. Estoy bastante puesta al día de los lugares en boga y un par de zapatos bonitos, pueden llegar a nublarme la vista (y la VISA). Sin embargo, entre Carrie Bradshaw y yo, hay poco menos que un abismo. Lo sé, lo reconozco y lo admito.

Pero no todas debemos de ser tan realistas como yo.

Las que ahora quieren parecerse a Carrie Bradshaw, en época de Friends, querían parecerse a Rachel. Os lo juro.

Me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que quieren ser como ella o, mejor dicho, me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que creen ser como ella… y me da mucha pena. Me da mucha vergüenza ajena… Y, lo peor de todo, no puedo dejar de leerlas para recrearme en mi horror.

Estas pobres gregarias son las que ahora quedan a tomar el brunch con las amiguitas porque es mucho más fashion que decir que se van a meter, entre pecho y espalda, unos churros y unas porras. Estas, y no otras, son las que matan por tener un amigo gay (aunque este sea una mariquita mala) porque piensan que tenerlo les hace geniales.  Tienden a usar la frase “mi amigo el gay…” de una forma indiscriminada. Cualquier momento es bueno. Por ejemplo, “voy a hacerme un bocadillo de mortadela mi amigo el gay dice que mañana va a llover”… Así, todo junto, sin sentido. Les encanta.

Decir, sencillamente, “mi amigo”, les convertiría en seres inferiores.

Estas mujeres se compran un par de zapatos de tacón y lo publican hasta la saciedad, estas señoritas te echan tabarras soporíferas sobre tipos de bolsos y se empeñan en enseñarte su armario al completo. Estas, y no otras, son las que se echaban las manos a la cabeza cuando Fulanita de Tal no se acordaba con quien despertó el fin de semana anterior pero, sin embargo, ellas, quieren ser Carrie Bradshaw.

Ellas viven en el extrarradio y son mileuristas, pero ellas, más que ninguna, se creen Carrie Bradshaw…

Queridas mías, dejad de intentarlo, queda cutre y mal. Ni sois Carrie ni lo llegareis a ser. Tampoco llegareis a tener unos Manolos, pero eso, no es necesariamente malo.

Por último, siento ser yo quien os lo diga, pero Carrie Bradshaw ya no es guay. Me han dicho que lo más in ahora, es una tal Soraya Sáenz de Santamaría. Confiad en mí, mi amigo el gay me lo ha dicho.

 

 


21
mayo 09

MI TERRIBLE FALTA DE INSPIRACIÓN

 
 
MI TERRIBLE FALTA DE INSPIRACION 210509-01.jpgLa inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando
(Pablo Picasso)

 

Estoy en blanco. No tengo nada que contar. Llevo tiempo intentado actualizar el blog pero nada me sale. Sufro mi falta de inspiración como sufriría unas hemorroides: en silencio. A la gente le digo que ando muy liada y que no tengo tiempo de andar actualizando, pero no es verdad, lo cierto es que, aunque tengo mucho que hacer, no tengo nada que contaros… o al menos nada digno de ser un buen “Pastelito Envenenado”.

No pienso caer en la trampa ni en el recurso facilón de ponerme a escribir chuminadas del tipo “hoy me he roto la uña del dedo gordo del píe o me he comprado un pantalón de florecitas”. No tendré nada que decir, pero me sobra dignidad.

Lamentablemente ya os hablé de mi regla, de mi color de pelo y hasta caí en el tópico/típico post donde os conté que había dejado de fumar. Ya he hecho todo lo que podía hacer y, ahora, sólo me queda fustigarme y emborracharme (cualquier excusa es buena).

Pero la culpa no la tengo yo, sino mi pareja. Él es el causante de mi falta de creatividad. Él, trayéndome a esta vida bucólica y pastoril, ha hecho que mi carrera de literata ilustrada se fuera al garete (sin mencionar la lorza que me ha salido alrededor de la cintura).

Yo antes era de moral distraída y eso, me inspiraba un montón.

Ahora, no sólo soy consciente de que todo lo que escribo deja mucho que desear sino que, además, tengo que escuchar por parte del culpable de mi sequía literaria, que me he vuelto mediocre en lo que a la escritura se refiere.

Y sí, efectivamente tiene razón.

Tengo dos opciones: Echarme a las calles buscando inspiración en hombres jóvenes de carnes prietas (pinta bien) o afrontar el bache buscando otras fuentes de inspiración.

Como le quiero y tengo la sana intención de seguir haciéndolo hasta que mi cuerpo aguante y dado que la idea de sugestionarme en los brazos de hombres jóvenes, prietos, embadurnados de aceite, musculados y con venas como tuberías, no le hace demasiada gracia (lástima), pues no me queda otra que aceptar el maravilloso mundo de la monogamia y hacer un esfuerzo para no volver a caer en la literatura anodina.

Mis más sinceras disculpas, no sólo por tardar tanto en actualizar, sino por haber escrito artículos insulsos de los que no sois merecedores. Volveré e intentaré hacerlo con fuerzas renovadas. Se admiten sugerencias en mi mail (kiku.montejo@hotmail.com) o en facebook.

 

 


13
abril 09

LA BUENA SUERTE DE SER PELIRROJA

  
 
LA BUENA SUERTE DE SER PELIRROJA 130409 01.jpg

- ¿Cómo consigues que una pelirroja cambie de humor?
- Espera diez minutos

 

Nací pelirroja. He tenido esa suerte… Aunque, si he de ser sincera, os confesaré que no siempre me sentí tan afortunada: en mi más tierna infancia fueron muchas las ocasiones en las que volví a casa llorando, herida en el alma, por ser objeto de burla.

Rogaba desconsoladamente a mi madre que pusiera remedio a ese pelo endemoniadamente naranja. Yo quería ser morena. Deseaba un pelo tan negro como una bandada de cuervos… Me negaba a seguir escuchando que era una zanahoria o que daba mala suerte.

Mi madre intentaba confortarme, me decía que el resto de los niños se ensañaban conmigo por envidia que, aunque no me lo dijeran, querían un pelo tan especial como el mío.

Por supuesto no la creía. Ni en mis mejores sueños podía imaginar que alguien envidiara el infiernillo que llevaba en la cabeza.

Un día, en el parque donde solía jugar, un desdichado niño se atrevió a llamarme “cabeza oxidada”.  Heridísima, harta de tanto insulto gratuito y sin pensármelo dos veces le lancé, llena de ira, una piedra que le dio de lleno.

Aprendí  dos cosas muy importantes: 1) cuando hay sangre de por medio el castigo es tremendo y 2) las cejas sangran mucho.

El niño en cuestión ahora es un hombretón que cada vez que se mira al espejo y se toca la cicatriz, recuerda lo arriesgado que es meterse con una pelirroja cabreada. Por lo que a mí respecta, tuve mi merecidísimo castigo. Aún agradezco a los dioses que me hayan dotado de una regular puntería; si llego a darle en el ojo (como sospecho que era mi intención), ahora pesaría sobre mi conciencia la mirada de un tuerto.

Con todo y con eso, mi madre hizo un buen trabajo; no desistió y logró convencerme de lo especial que me hacía tener ese color de pelo: consiguió que me sintiera orgullosa de pertenecer a una familia de rutilantes.

No pasó mucho tiempo. Ni si quiera había llegado a la adolescencia cuando ya sentía el tremendo orgullo de ser pelirroja: aprendí rápido a saborear el placer que se obtiene siendo diferente a los demás.

Hemos sido asesinados, repudiados y sacrificados. Nos han hecho víctimas de supersticiones y hemos sido objetos de deseo e idolatrados (a los chinos les damos buena suerte y nuestra compañía es muy apreciada). Por el contrario, nos han acusado de tener estrecho contacto con el diablo haciéndonos la vida imposible y quemándonos vivos. En el Antiguo Egipto se consideraba a los pelirrojos descendientes de Seth y se les atribuía una mayor fiereza. En la cultura judeo-cristiana, el rutilismo tenía que ver con la marca de Caín, por lo que a lo “mejorcito” de la Biblia se les tiñó de pelirrojo: Judas Iscariote, Esaú y María Magdalena.

En la mitología griega las mujeres pelirrojas eran consideradas brujas, mujeres perversas y amigas de lo oscuro. Se las representaban como mujeres libidinosas y provocativas. Nos han asociado a la obstinación y al temperamento; a lo fogoso, al riesgo y al peligro. Se nos sugiere como personas seguras y perseverantes. También dicen de nosotros que nos movemos por impulsos y que somos incapaces de controlarnos (no seré yo quien discuta esta parte).

Ahora la ciencia dice que sufrimos la mutación del gen MC1R y que somos mucho más sensibles al dolor precisando más cantidad de anestesia ante los mismos estímulos dolorosos (en concreto un 20% más). También nos cuentan que somos más propensos a sufrir cáncer en la piel y, según otro estudio ¿científico?, las pelirrojas somos mas fogosas en la cama y disfrutamos más del sexo (no, yo no lo escribí).

Para bien o para mal, seguimos sin pasar desapercibidos. Existen cientos de páginas en Internet donde nos adoran pero, a su vez, nos encontramos con otras tantas donde nos repudian y nos acusan de oler a pis (¡ja ja ja!), ser grimosos y malas personas.

Pero yo, ahora más que nunca, no sólo estoy encantada con mi cabellera sino que además creo que tengo mucho que agradecerle:

- Me defiendo muy bien, llevo haciéndolo desde muy pequeña

- He aprendido a reírme de mí misma

- Resulta muy difícil ofenderme

- Pertenecer a este pequeño 2% que ocupamos los pelirrojos en la población, hace que me crea y sienta especial

Sin lugar a duda y aunque más de uno/a corrobore que soy una maldita bruja que merezco la hoguera, estoy orgullosa de ser pelirroja y de pertenecer a tan maravillosa minoría…

 

 


2
marzo 09

MI LADO MÁS VOYEUOR

 

MI LADO MAS VOYEUOR 02032009-01.jpg

La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas

Alejadro Dumas

 

Que soy una cotilla empedernida no es nada nuevo y si no, que se lo pregunten a mi pareja que, sin dar crédito, observa como dejo absolutamente cualquier cosa que esté haciendo para, al menor ruido de voces en la escalera, correr de puntillas y pegarme a la mirilla para así fisgar lo que está ocurriendo fuera.
 
Esta situación podría darse en cualquier caso. Por ejemplo, si yo fuera una importante TEDAX (puestos a imaginar no quiero ser una TEDAX cualquiera, sino una muy importante) y estuviera en uno de esos momentos límite donde a cinco segundos de una explosión tengo que decidir si cortar el cable rojo o el azul, iría corriendo a la mirilla si escuchara un ruido sospechoso en el rellano de mi casa.

Afortunadamente la seguridad ciudadana no está en mis manos.

A mí no me gusta autodenominarme cotilla, prefiero decir que soy una persona con intereses sociológicos en el comportamiento humano. Soy además y sin duda alguna, una buena vecina que se preocupa por el bienestar de sus colindantes y que se interesa, en concreto, en el estudio de sus conductas sexuales.

Sí, me gusta saber la frecuencia con la que mis vecinos copulan, para algo somos vecinos. Me gusta y me intereso por sus diferentes grados de satisfacción dependiendo del día y de las discusiones que tienen (normalmente económicas, típico en época de crisis). Si he de ser sincera, he de reconocer que últimamente me tienen preocupada, parece que están perdiendo el apetito sexual y eso es algo que verdaderamente me inquieta ya que así, dejan un vacío en mi vida que no he tenido más remedio que llenar con el bendito San Facebook.

Para el que a estas alturas de la vendimia no lo sepa, Facebook es simplemente una red social que te conecta con tus amigos y con lo que se comparten vínculos, vídeos, fotografías e incluso estados de ánimo. O, dicho de otro modo: Facebook es  una herramienta perfecta para el que, como  yo, no tiene nada mejor que hacer que cotillear al prójimo.

No hace demasiado, una inesperada lectora y amiga a la que invité al Facebook me preguntó “¿para qué sirve eso?”, yo la contesté algo así como “para ver y estar en contacto con tus amigos y para reencontrarte con antiguas amistades o viejos novietes”. Ella contestó “pues no me interesa: con los antiguos amigos con los que no tengo contacto, es porque no quiero saber de ellos y de mis ex, prefiero no saber…”. Efectivamente tenía razón, Facebook no va hacer de tu vida algo mejor, sin embargo, entretiene mogollón a gente que, como yo, se hace adicta a cosas inservibles y a aplicaciones que sólo consiguen que pierdas el tiempo.

Con Facebook podrás:

 

  • Ver como tus ex novios se han quedan calvos (sin excepción) y comprobar que los que antes eran unos auténticos Adonis, ahora son seres rechonchos sin ningún atractivo

 

  • Ver como tus antiguas compañeras de colegio se han convertido en auténticas conejas haciendo una importante labor al planeta aumentando el índice de natalidad.

 

  • Sorprenderte a ti mismo mirando fotos que no te interesan para nada como, por ejemplo, las fotos del viaje de novios en Punta Cana del amigo de un amigo que no conoces ni por asomo.

 

  • Mirar la lista de amigos de tus amigos. También podrás comprobar como eres capaz de perder el tiempo viéndote mirar, con sumo interés, la lista de amigos que tiene el amigo de un amigo de tu amigo. Esto es, como imaginarás, harto interesante.

 

  • Hacerte amigo de un conocido con el que si te encuentras por la calle, disimulas y te haces el loco para no saludarle ya que, en el fondo de tu corazón, le odias.

 

  • Hacerte fanático de grupos tan importantes para la humanidad como “Yo tampoco he visto nunca una foto de Hitchcock de joven” o “Soy de los que creen que los piojos los tiran desde avionetas”

 

A pesar de todo esto, a mí Facebook me tiene enganchada y es por esto por lo que he creado un grupo de Pastelitos Envenenados al que te invito a unirte pinchando aquí y una página en la que te puedes hacer fan de este blog pinchando aquí.

No hará que tu vida se vuelva apasionante pero, con suerte, podrás ver las fotos de las últimas vacaciones de alguien a quien no conoces de nada…

 

 


22
enero 09

EL EQUILIBRIO DE LA CONTRADICCIÓN



 


EL EQUILIBRIO DE LA CONTRADICCION 220109-01.jpg

La contradicción es la sal del pensamiento

(Proverbio francés)

 

- Me gusta la frivolidad, pero soy profunda

- Me gusta ser sincera, pero miento constantemente

- Me gusta el capitalismo, pero no las clases sociales

- Me gusta la familia, pero me desespera la mía

- Me gusta la comida sana, pero como mal a diario

- Me gusta la comunicación, pero no me gusta hablar por teléfono

- Me gusta la lectura, pero no leo cualquier cosa

- Me gusta mi casa, pero me quiero cambiar a otra

- Me gusta viajar, pero odio los aeropuertos

- Me gusta trabajar, pero odio tener que hacerlo

- Me gusta la política, pero no creo en los políticos

- Me gusta beber, pero odio tener resaca

- Me gusta fumar, pero no me gusta seguir haciéndolo

- Me gusta mi ciudad, pero la odio continuamente

- Me gusta la homosexualidad, pero no a quien presume de tener amigos homosexuales

- Me gusta la legalidad, pero pirateo cd’s

- Me gusta la sensatez, pero soy totalmente irracional

- Me gusta el invierno, pero odio pasar frío

- Me gusta el verano, pero odio pasar calor

- Me gusta ser excéntrica, pero soy muy normal

- Me gusta vivir, pero odio este mundo injusto

- Me gustan los animales, pero odio a los insectos

- Me gustan las rebajas, pero no me gusta rebajarme

- Me gusta estar informada, pero odio las noticias

- Me gusta la puntualidad, pero siempre llego tarde

- Me gusta querer, pero odio a muchas personas

- Me gusta que me perdonen, pero yo no sé perdonar

- Me gusta ser buena persona, pero he hecho mucho daño

- Me gusta el orden, pero necesito el caos

- Me gusta la revolución, pero odio a Fidel Castro

- Me gusta la tolerancia, pero soy muy intransigente

- Me gusta ser independiente, pero dependo de muchas cosas

- Me gusta la intimidad, pero escribo en una revista del corazón

- Me gustan las verdades, pero a veces prefiero que me mientan…  

 


19
noviembre 08

LA ENTREVISTA

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Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie

(Oscar Wilde)

 

Hoy ha salido publicada en el web de Marie Claire una entrevista que he tenido el honor de responder. He de confesar que este asunto me ha llenado de alegría y no puedo más que compartirla con vosotros que, al fin y al cabo, sois la parte verdaderamente importante.

Aprovecho la ocasión para agradeceros profundamente vuestras visitas, comentarios y opiniones. Sé que no soy la más rápida actualizando y que, aún así, sigáis leyéndome y buscándome, me llena de orgullo y agrado.

La podéis leer en la web de Marie Claire pinchando aquí…. o en este mismo blog:

¡Va por ustedes!:

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Kiku Montejo es una treintañera lúcida e inteligente, consciente de sus contradicciones, algo frívola y desvergonzada y, sobre todo, muy divertida. En el blog Pastelitos Envenenados nos cuenta sus aventuras y desventuras amorosas, familiares y laborales. Sus reflexiones son punzantes e hilarantes. En definitiva, una lectura entretenida y de gran calidad literaria que ninguna mujer Marie Claire se puede perder. Hemos hablado con la autora para descubrir dónde está la frontera entre el personaje de ficción y la realidad de su creadora. Esto es lo que hemos averiguado:

 

¿Cómo se te ocurrió empezar a escribir un blog?

Fue de la manera más tonta. Era el año 2005 y yo no sabía lo que era un blog. Lo oía mencionar cada vez más pero no tenía muy claro de qué iba la vaina. Entonces hice lo que hacemos todos cuando tenemos algún tipo de duda; tecleé en Google la palabra “blog”. Descubrí lo que era, e ipso facto me hice el mío. Así nació mi primer blog: El hombre que usa más laca que yo.

 

¿Pensabas que tendría tanto éxito?

No, nunca. Creo que, de algún modo y de una forma positiva, se me fue de las manos. No sé de qué manera llegó hasta tanta gente. Cuando quise darme cuenta, eran muchos los lectores. Ahora presumo de tener unos seguidores que me reclaman más artículos, que protestan si no actualizo con cierta frecuencia y que, de vez en cuando, me regañan si leen algo que ya he escrito antes. Tengo unos lectores incondicionales que jamás, ni en mis mejores sueños, pude imaginar que llegaría a tener.

 

¿Qué te ha aportado escribir un blog?

Me ha permitido relacionarme con personas con las que tengo intereses comunes. En algún momento puedes conectar con alguien a través de las palabras, sintiéndote muy cercano en la manera de pensar. He intercambiado correos con gente verdaderamente interesante y también con gente muy divertida y ocurrente. Recuerdo a una chica que me mandó unos magníficos dibujos de ¡cómo creía ella que era Kiku Montejo!

Cuéntanos alguna anécdota que concierna a tus lectores

En una ocasión una chica me recomendó como lectura entretenida y divertida mi propio blog. Desde ese día, esa chica, está en mi lista de herederos. Ella alucinó, no podía creerse que yo fuera la autora y yo me emocioné aún más que ella. Aún se me ponen los pelos como escarpias cuando me acuerdo de ese momentazo.

¿Recuerdas especialmente algún comentario?

No te podría decir uno en concreto, pero he de decir que tengo algunos lectores que me hacen tan buenos comentarios y de una calidad tan excepcional, que dejan mi artículo a la altura del betún… Algunos son tan brutales, que me dejan sin palabras. Son comentarios y divagaciones que a veces me siento incapaz de contestar.

¿Qué hay de real en el personaje de Kiku Montejo?

Digamos que fifty-fifty. Kiku Montejo nació en una familia de alta cuna con una madre borrachuza que se dedicaba a coleccionar amantes. Sin embargo, yo no viví eso. Soy más de “andar por casa”. Soy de las que fueron a colegio público, soy de barrio. De pequeña fantaseaba con la idea de que mis padres se divorciaran y tuvieran problemas matrimoniales. No sé bien por qué, pero me parecía atractivo. Supongo que esta fantasía se debe a que, por ese entonces, los pocos matrimonios separados que conocía eran los que tenían cierto poder adquisitivo. Admiraba boquiabierta y me daban mucha envidia esos niños que decían “este fin de semana me toca dormir en casa de mi padre”. ¡Tenían dos casas mientras yo compartía habitación con una de mis hermanas! Sospecho que vi demasiado Falcon Crest.

¿Y en sus aventuras?

Mucho. Mis textos tienen gran parte de ficción, pero también tienen mucho de mí. Kiku Montejo es mi alter ego. Mis aventuras y desventuras al final se nutren de mí misma y de mi día a día. Ahora que mis escarceos amorosos han dejado de ser los protagonistas de mis artículos y que me he adecentado, mis aventuras tienen que nutrirse de otros asuntos, digamos, más terrenales.

¿De dónde sacas la inspiración para tus relatos?

He de confesarte que no me inspiro con facilidad. A veces me rondan decenas de ideas por la cabeza que no llegan a ser plasmadas… y de pronto, un día, ¡pum!, tengo una idea, me hace gracia, la escribo y tengo un artículo listo para colgar.

¿Y esas sabias frases que ilustran tus posts? De todas ellas, ¿con cuál te quedas?

Esas frases a veces se me convierten en un quebradero de cabeza. Hasta que no doy con la frase perfecta, no cuelgo el artículo. En otras ocasiones, ocurre al revés: leo una frase que me encanta y, a partir de ahí, empiezo a divagar.

Una de mis favoritas es de Oscar Wilde y dice “Para tener buena salud lo haría todo menos tres cosas: hacer gimnasia, levantarme temprano y ser persona responsable”.

 

¿Cómo definirías a Kiku Montejo?

Kiku Montejo es la mezcla de muchos personajes que se aglutinan en uno sólo gracias al humor ácido e irreverente. En ocasiones Kiku es una mujer insegura y otras veces tiene el aplomo de Juana de Arco. Puede desbordar alegría y preocupaciones, ser dulce o incluso cruel… Sin embargo, siempre se ríe de sí misma y trata con igual desenfado y despreocupación los asuntos más delicados y los más mundanos.

¿Qué tiene ella que te gustaría tener a ti?

¡Una familia millonaria!

¿Qué tienes tú que no tendría ella?

Yo, aunque tengo una boca como la de un buzón, soy más comedida y, a veces, hasta consigo contenerme. Ella no se contiene, en realidad, no tiene por qué hacerlo.

¿Tu personaje es un cliché o has conocido a mujeres así?

Kiku Montejo no es, en absoluto, un cliché. ¡Yo soy el más claro ejemplo! A veces caricaturizada y a veces contando historias ficticias pero que bien podrían ser reales. Kiku Montejo es una de tantas, una treintañera encantada de haberse conocido, con problemas y situaciones reales de mujeres reales. Gran parte de mis amigas se sienten identificadas con lo que leen en el blog y gran parte de los comentarios de la gente también lo suscriben.

 

¿Buscas la polémica o viene a ti sin querer?

Me encanta la polémica, la busco y disfruto con ella. Me resulta muy cómodo polemizar mediante el blog. Me evito interrupciones en mi monólogo; puedo decirlo todo de un tirón y exponer mis ideas de modo ordenado. Cuando polemizo de viva voz, me aturullo, me atasco y hago montones de aspavientos innecesarios que mis lectores no tienen necesidad de ver.

 

¿Kiku Montejo tiene más fans o más detractores?

Indudablemente, tiene más fans. Tengo mis censuradores y detractores pero no me molestan en absoluto. Son figuras necesarias.

 

¿Ha ligado mucho por internet?

¡Me da urticaria la idea de ligar por Internet! He tenido (y creo que sigo teniendo) mis admiradores y algún que otro tejo me han soltado. Me han dicho monerías que he recibido gustosa y, desde aquí, les invito a que sigan haciéndome el cortejo. Pero mientras mis carnes sigan prietas y mi caída de ojos siga funcionando, en caso de tener que ligar, lo haría del modo habitual.

¿A qué te dedicas cuando no haces de blogger?

A un sin fin de cosas. Hago fotos, pinto, leo, viajo, soluciono problemas sentimentales, doy consejos poco recomendables. Hago bricolaje, reciclo muebles, jugueteo con el PhotoShop, quedo con amigos, beso a mi pareja y hago lo propio con él. Marujeo, voy al cine, al teatro, salgo a cenar, tomo alguna copa que otra, hago visitas familiares, hago vida contemplativa (esto se me da muy bien) y miro a las musarañas. También tengo tiempo para llorar y montar melodramas… el resto del tiempo, lo dedico a trabajar: de algún modo tengo que ganarme la vida.

¿Cuántas horas le dedicas a tu blog a la semana?

Sinceramente, el blog no me quita mucho tiempo. Lo que tardo en escribir un artículo y colgarlo. Contestar los comentarios tampoco me lleva un tiempo significativo. Tardo más en pensar lo que voy a escribir que en cualquier otra cosa.

¿Te gustaría vivir de escribir?

Indudablemente. Y lo conseguiré: no te quepa la menor duda. Te diré algo: yo me haré rica escribiendo. Lo sé, lo siento en mis carnes, una vez me lo predijo una santera algo embriagada y yo no soy quién para poner en duda su palabra. Es más: siento que estoy cerca de conseguirlo.

Se acerca Navidad, ¿qué buen propósito se ha hecho Kiku para el año que viene?

El menos original y el de 7 de cada 10 fumadores: dejar de fumar. Aparte de ése (que no cuenta por falta de originalidad y porque es el de todos los años), también tengo la sana intención de hacerme millonaria. Voy con un poco de retraso con este tema, así que tengo que ponerme las pilas. Quizá empiece por montarle un piso nuevo a Kiku, con publicidad propia, ella así lo merece. Las dos queremos enriquecernos, y, en tiempos de crisis, es lo mejor que podemos hacer. Dos mil nueve va a ser un buen año, lo sé. Para proposiciones laborales decentes e indecentes, os recuerdo mi correo: kiku.montejo@hotmail.com

 

 


18
septiembre 08

LA MADRE NATURALEZA (O LA MADRE QUE PARIÓ A LA NATURALEZA)

 
 
la-madre-naturaleza-180908-01.jpgEl sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza
(Marilyn Monroe)

 

Si tenía alguna duda de cual es mi lugar en la tierra, estas vacaciones me han sacado de toda incertidumbre: mi lugar está allá donde encuentre asfalto. En este mundo tiene que haber de todo, mire usted.

Recorrer la costa oeste de los Estados Unidos ha estado muy requetebién.  Hacerlo en un descapotable ha sido fantástico. Dormir en ciertos moteles, disfrutar de sus playas, cruzar el desierto, asombrarse con sus impresionantes escarpados y acantilados ha sido una auténtica gozada. Descubrir pueblos que parecían sacados de un cuento, ciudades semejantes a películas de terror y otros lugares que, te hacían sentir estar dentro de una película del viejo oeste americano, ha sido, cuanto menos, harto interesante.

Pero hacerse tropecientos mil kilómetros para disfrutar de la madre naturaleza tiene su gracia las primeras 24 horas o incluso las primeras 48. Pero a mí, más de tres días mirando piedras me pone nerviosa. Muy nerviosa.

Pero es lo que tiene viajar en pareja y, lo que tiene también, el haber decidido absolutamente todas las vacaciones anteriores, que una se tiene que callar y tiene que dar su brazo a torcer. ¿Qué quieres ver piedrecitas, mi amor? ¡pues vamos a ver piedrecitas y subirlas, si quieres, pues también!.

Sabía que no iba a ser tarea sencilla, pero nunca imaginé que la naturaleza, el campo, la biósfera, el ecosistema, el medio ambiente y el verde en general, conseguirían sacarme de mis casillas. Yo, que soy  menos de campo que una impresora, puse todo mi esfuerzo y buena voluntad, pero no pude con ello, el entorno fue más fuerte que yo.

Cuando ya le había cogido el ritmo a los americanos en esas dos cosas que saben hacer tan bien: comer y comprar, de la noche a la mañana, me vi rodeada de vegetación en todo su esplendor.

La flora y la fauna americana me abrazaban, pero yo me resistía a dejarme querer.

Es motivo de ruptura que existan dos opciones para dormir en un parque natural y que tu amado, en un ataque de sentirse John Wayne, reserve la peor:

Modalidad a): dormir a todo trapo en un mega hotel con todas las comodidades.

Modalidad b): dormir en una cabaña sin más lujo que una bombilla, una cama y el peligro de despertarse y ver que tienes a un oso negro relamiéndose mientras se afila las garras.

Quise asesinarle en mitad del parque, pero un Ranger me detuvo.

Cuando, con la voz entrecortada, me comunicaba que las duchas y baños eran compartidos, pensé que nada peor me podía ocurrir. Pero la madre naturaleza aún me tenía algo reservado: la regla, menstruación o periodo, como quiera usted llamarlo. En ese mismo instante me sentí más mujer que nunca y, según le escuchaba, notaba como la madre naturaleza bajaba por la parte interior de mis muslos convirtiendo, a su paso, en color madre naturaleza lo que antes era  blanco inmaculado.

Es fantástico ser mujer. Sobre todo en el campo. Yuju.

¿Cómo explicarle a un tío que estar con la regla en mitad de la nada, no mola y que, además, no es aventurero?. ¿Cómo explicarle a un hombre que hacer una excursión de 12 kilómetros cuando te estás desangrando no es divertido?. ¿Cómo explicarle, que yo disfruto de la naturaleza tumbada en una roca, mirando al cielo, escuchando a los pájaros hacer pío-pío y que yo no siento la necesidad de llegar hasta lo alto de una cascada para sentirme mejor persona?.

Me resultó imposible hacérselo entender. Imposible.

Pero el amor es lo que tiene. Te hace hacer una ruta para expertos cargada de tampones, toallitas húmedas, ibuprofeno y todo tipo de artilugios que ayuden a que la ruta sea algo más cómoda y confortable.

En la cima, con un pulmón en cada mano y dos kilos menos, mi querido John Wayne me sermonea con un rollo sobre el esfuerzo y la recompensa. Yo asiento mientras reprimo las ganas de empujarle por el precipicio. Reservo mis fuerzas. La “buena” noticia es que ahora tengo que bajar todo lo que he subido. Yupi.

¿Hay algo peor que hacer tus necesidades en una apestosa fosa séptica?: sí, esperar una cola de una hora para darse una ducha en el lugar donde se ha duchado antes que tú, cientos de personas (con vete tú a saber que tipo de enfermedades en la piel y otras partes del cuerpo).

Miren señores, yo estoy hecha para el lujo y el esplendor, no para cutreces ni para pasear mi neceser de kilo y medio por todo el parque de Yosemite. Me siento fuerte e independiente cuando tengo la tranquilidad de que el baño es mío y sólo mío y sobre todo, me siento bien, cuando puedo ir al baño sin la necesidad de cruzar un bosque, linterna en mano y aterrada ya que, conociendo mi sentido de la orientación, sé que lo mejor que me puede pasar es que me pierda y que una pantera se haga un sándwich conmigo.

¿Saben ustedes qué es lo que le ocurre a una fumadora empedernida cuando pasa unos días en un parque nacional americano donde creen que los fumadores somos terroristas?. Pues que lo pasa mal, muy mal. Que se pasa el día escondiéndose de los Rangers, fumando entre matorrales, guardándose las colillas en los bolsillos y con el miedo en el cuerpo porque sabe que, de un momento a otro, la van a pillar, la van a torturar y la van a poner una multa de mil millones de dólares como mínimo.

Así que así pasé varios días de mis vacaciones, escondida tras sequoias gigantes para poder fumar con algo de tranquilidad, dejándome la vida subiendo montañas, paseándome en mitad de la noche en camisón cargando con mi súper neceser y yendo de un lado a otro con el portátil y el cargador del móvil buscando un maldito enchufe que me hiciera comprobar  que seguía existiendo la corriente alterna. Sin olvidarse de los pelos encrespados y la piel hecha escamas de mal ducharme en baños compartidos.

A mí me gusta más la (buena) creación humana. La otra, venía de serie.

 


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