hola.com

Consejos Contraproducentes


8
abril 10

HASTA EL MOÑO DEL GLAMOUR Y DE LA MADRE DEL CORDERO

 

hasta el moño del glamour.jpg

La moda comienza y termina siempre por las dos cosas que más aborrece:
la singularidad y la vulgaridad
(William Hazlitt)

 

Estoy hasta la punta de la boina de lo fashion, del glamour, de los glamurosos y de las glamurosas. Qué hartura, rediós.

Algún mal dios me ha castigado soportando a diario el petardeo descomunal y generacional que día a día me persigue. Soporto de mala gana simplezas soporíferas de los que se creen llenos de glamour. Que, dicho sea de paso, siempre vienen dadas de los ejemplares más necesitados de unas clases urgentes de elegancia y distinción.

Con el glamour, queridos, se nace, no se hace… Sospecho que a más de uno os dolerá esto que voy a decir: no conozco a una sola persona a la que pueda definir como un ejemplo de lo fashion y/o glamour. No, a ti tampoco.

Pero esto, como tantas veces he dicho, no tiene por qué ser necesariamente malo. Aceptar de una vez por todas que no eres el más fashion ni el más glamuroso, no debería de ser un problema para ti (de hecho sería un relajo para todos). Lo que sí es una contrariedad es que aburras hasta la saciedad a tus amigos intentando demostrarles cada dos por tres que estás a la moda y que eres guay.

Me importa un rábano:

- si te has comprado una rebequita color cacafuti
- si te has comprado el último grito en calzado
- o si te has tomado un cosmopolitan en la terraza del hotel de moda

Cómpratelo y punto. Hazlo porque te gusta y no para darnos la matraca a los demás. Ven y cuéntanos algo más interesante. Todo eso de la moda ya huele. Nos aburre. Te sugiero que estimules tu cerebro con, por ejemplo, ¿la cultura?. Te sorprendería saber que eso nunca pasa de moda.

De un tiempo a esta parte se usa con tanta ligereza el concepto del glamour y de lo fashion que, lamentablemente, ha llegado a convertirse en una cosa pastosa, apestosa, cateta y pueblerina que no hay ser humano con dos dedos de frente que lo soporte.

Si las grandes divas levantaran la cabeza, se caerían de culo y volverían a morirse.

Yo, que debo estar mayor, a diferencia de estos ejemplares, lo que entiendo por una noche perfecta dista mucho de ponerme unos tacones de diez centímetros, ir a un local atestado de petardeo para, después, ponerme a hablar en un reservado de algo tan profundo como el modeluqui que lleva el moderno/a de turno. No, gracias.

Afortunadamente mis diez centímetros de tacón aún no me han dañado el cerebro y puedo seguir comprándome ropa por el puro placer de ponérmela (y quitármela). Si la compañía es buena, no me importa estar en un bar lleno de serrín sin miedo a que tal escenario haga daño en mi dudoso estilo. Disfruto con cada cosa que hago por el puro placer de deleitarme y gozar. Adoro lo bello por la excitación que me produce. Bebo cócteles de moda por el placer de emborracharme y me compro el último grito en trapos simplemente porque me da la real gana… ¡y no para dar el tostón al personal!.

En resumen: que en un angustioso intento de haceros ver la luz, me gustaría ayudaros a bajar al planeta tierra. Invitaros a la relajación y a lo mundano, al jersey con pelotillas, a las camisetas ajadas y al vermut de grifo.

Dejad de machacarnos con estúpidos intentos de creeros los reyes del mambo. Aún no habéis conseguido impresionarnos.

 

 


15
junio 09

SOBRE EL DAÑO QUE HA HECHO CARRIE BRADSHAW

  

sobre el daño que ha hecho carrie bradshaw 150609-01.jpg¿Se puede tener un futuro, teniendo presente el pasado?
(Carrie Bradshaw)

 

Carrie Bradshaw: Personaje principal de la serie de HBO “Sex and the City”. Es una escritora fiestera y adicta a la moda. Fanática de los clubes, bares y restaurantes es también conocida por su inigualable estilo para vestir. Es autoproclamada fetichista de los zapatos y se enfoca, principalmente, en los de Manolo Blahnik. Durante gran parte de la serie, el personaje de Carrie se centró en la continua búsqueda del verdadero amor y siempre se negó a contentarse con algo que no se le pareciera. A pesar de esto, durante la serie expresaba frecuentes dudas sobre si ella era del tipo de chicas que se casaban y estaban listas para una familia. Mr. Big es su verdadero amor, el hombre que -según ella- puede llegar a ser su alma gemela.

Bueno, después de esta pequeña introducción (por si alguien, a estas alturas, no sabía quien era Carrie Bradshaw) y antes de exponeros mi teoría, quiero dejar bien claro que siempre me he declarado fan absoluta de la serie en general y de Carrie Bradshaw en particular. Que a nadie le quepa la menor duda de eso.

Sin embargo, hay algo con lo que no puedo, algo que me atraganta sobremanera: las imitaciones. Y cuando las imitaciones son sobre el personaje de marras, el resultado siempre es un paleto y patético quiero y no puedo.

Como una pandemia a lo más estilo gripe porcina, las Carrie Bradshaw han salido hasta de debajo de las piedras. Burdas imitaciones que sólo consiguen desprestigiar al personaje.

Sí, vale, todas quisiéramos parecernos a ella. A quien más y quien menos le gustaría tener un monísimo apartamento en Manhattan, estrenar modeluquis preciosos todos los días del año, escribir una columna archi famosa en un periódico de prestigio y salir de fiesta día sí y día también.

No olvidemos mencionar que, a prácticamente todas, nos encantaría que dichos modeluquis nos quedaran igual de bien que a ella y, creo, que tampoco haríamos ascos a un Mr. Big que va escupiendo dólares a su paso y que, aunque bastante cretino él, no está del todo mal.

Soy una absoluta defensora del libertinaje y la concupiscencia, a estas alturas nada me escandaliza, me gusta ir a la moda y salir de copas. Estoy bastante puesta al día de los lugares en boga y un par de zapatos bonitos, pueden llegar a nublarme la vista (y la VISA). Sin embargo, entre Carrie Bradshaw y yo, hay poco menos que un abismo. Lo sé, lo reconozco y lo admito.

Pero no todas debemos de ser tan realistas como yo.

Las que ahora quieren parecerse a Carrie Bradshaw, en época de Friends, querían parecerse a Rachel. Os lo juro.

Me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que quieren ser como ella o, mejor dicho, me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que creen ser como ella… y me da mucha pena. Me da mucha vergüenza ajena… Y, lo peor de todo, no puedo dejar de leerlas para recrearme en mi horror.

Estas pobres gregarias son las que ahora quedan a tomar el brunch con las amiguitas porque es mucho más fashion que decir que se van a meter, entre pecho y espalda, unos churros y unas porras. Estas, y no otras, son las que matan por tener un amigo gay (aunque este sea una mariquita mala) porque piensan que tenerlo les hace geniales.  Tienden a usar la frase “mi amigo el gay…” de una forma indiscriminada. Cualquier momento es bueno. Por ejemplo, “voy a hacerme un bocadillo de mortadela mi amigo el gay dice que mañana va a llover”… Así, todo junto, sin sentido. Les encanta.

Decir, sencillamente, “mi amigo”, les convertiría en seres inferiores.

Estas mujeres se compran un par de zapatos de tacón y lo publican hasta la saciedad, estas señoritas te echan tabarras soporíferas sobre tipos de bolsos y se empeñan en enseñarte su armario al completo. Estas, y no otras, son las que se echaban las manos a la cabeza cuando Fulanita de Tal no se acordaba con quien despertó el fin de semana anterior pero, sin embargo, ellas, quieren ser Carrie Bradshaw.

Ellas viven en el extrarradio y son mileuristas, pero ellas, más que ninguna, se creen Carrie Bradshaw…

Queridas mías, dejad de intentarlo, queda cutre y mal. Ni sois Carrie ni lo llegareis a ser. Tampoco llegareis a tener unos Manolos, pero eso, no es necesariamente malo.

Por último, siento ser yo quien os lo diga, pero Carrie Bradshaw ya no es guay. Me han dicho que lo más in ahora, es una tal Soraya Sáenz de Santamaría. Confiad en mí, mi amigo el gay me lo ha dicho.

 

 


17
febrero 09

DEJAR DE FUMAR PROVOCA… DE TODO

 

DEJAR DE FUMNAR PROVOCA 170209-01.jpg

Al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente regla de vida: No fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto, y no fumar más de un solo cigarro a la vez
(Mark Twain)

 

Hace poco más de una semana tomé la difícil decisión de dejar de fumar. La sola idea de dejarlo me resultó tortuosa y, aunque por primera vez en mi vida tenía claro que quería hacerlo, sentí un sudor frío recorrer mi espalda mientras me fumaba mi último cigarro.

Como soy chica aplicada me leí las tropecientas publicaciones de rigor que, en teoría, iban a ayudarme a dejar tan insano hábito. Ahora, y después de haber dedicado mi precioso tiempo a leer más de lo mismo, me doy cuenta de que hay mucha información oculta en lo que a dejar de fumar se refiere.

Diferentes asociaciones contra el cáncer junto con especialistas en patologías psicosomáticas, decidieron redactar un protocolo donde dejaron claro que en ninguno de los estudios publicados, se explicaría con veracidad lo que realmente le ocurre a un fumador empedernido cuando toma la decisión de dejar el fumeque.

Pero no os preocupéis, para hablaros con claridad ya estoy yo. Aunque tenga que rozar la ilegalidad y ponga en peligro mi integridad física, os voy a desvelar todo aquello que verdaderamente le ocurre a una persona que decide entrar en el club de la gente sana y libre de humos:

Los dos primeros días el ex fumador siente unas terribles ganas de escupir, insultar y azotar a todo lo que se le pone por delante. Hay que tener mucho cuidado porque la elección es indiscriminada, cualquiera puede valer. No diferenciará entre edad, sexo o raza. El psicópata que todos llevamos dentro hace su entrada estelar y habla y actúa en tu lugar. Los ojos se te inyectan en sangre y hasta tú mismo te aterrorizas y das un paso atrás cada vez que te miras en el espejo. El mundo tiembla; tú has dejado de fumar.

 
Tu antiguo cuerpo de fumador te abandona y poco a poco va transformándose en uno de no fumador. El camino hasta llegar a este último es duro e inhumano. Es un sinvivir de continuos mareos y sensaciones de vértigo. Tus manos se convierten en una gelatina sudorosa que no para de temblar. Las palpitaciones son constantes y una incesante sensación de sufrir un ataque de pánico te ronda cada minuto. Cuando has conseguido estar una semana sin fumar, una tos perruna se apodera de ti y tu armoniosa voz pasa a convertirse en la de Joaquín Sabina. Cada vez que toses, expulsas un pulmón y por las noches sientes que te falta el aire. Los expertos dicen que tu cuerpo se está limpiando, pero la realidad es que estás desterrando al mismísimo Satanás.

 

Tus conversaciones dejan de ser interesantes, ya sólo sabes hablar de tu decisión de dejar de fumar. Lo más coherente que llegas a decir es: “llevo dos días sin fumar, llevo tres días sin fumar, llevo…“. Nada ocurre a tu alrededor, nada te interesa y nada sucede en el mundo. Todo se ha paralizado, lo único importante es que tú has dejado de fumar. Si a tu pareja le ha atropellado un tractor, tampoco es importante: es sólo una manera ruin de llamar la atención y hacerte la vida imposible ya que te va a resultar muy complicado sobrellevar esa situación sin fumar.

 

Pierdes tus amistades. Y no sólo porque estés insufrible, sino porque en tu época de fumeta les arrastraste a esos lugares infectados de humo donde sólo tú te sentías a gusto. Pero ahora que ellos ya se sienten cómodos en esos lugares, tú te niegas a ir porque no soportas ver a gente echando humo a tu alrededor (la envidia te corroe). Les haces recorrerse toda la ciudad buscando un sitio que cumpla tus expectativas y donde no se vea a una persona fumando en un kilómetro a la redonda.

 

Fumar engorda y provoca trastornos alimentarios. Por mucho que intenten convencerte de lo contrario y de enseñarte métodos alternativos para que esto no ocurra, una persona que deja de fumar, sin excepción, se pone como un zeppelín. Sustituyes el tabaco por combinaciones imposibles: natillas con torreznos, palmeras de chocolate con gazpacho, brownie con pizza a la barbacoa y helado de fresa con alitas de pollo rebozadas. Se come a cada instante, sin parar; es directamente proporcional a las veces que antes te fumabas un cigarrillo. No te engañes, por mucho que sepas que lo que tienes que hacer es beber mucho líquido, a ti lo que realmente te apetece es comerte una vaca por los pies.

 

Dejando de fumar no ahorras dinero. Ahora tienes que matar tu ansiedad de algún modo, y mientras te comes con una mano una tarta de manzana y con la otra un perrito caliente, compras compulsivamente cientos de cosas inservibles: un horrible vestido que jamás te pondrás, películas en formato Beta, un teléfono que detecta el mal aliento, un ratón con ventilador o un soporte de papel higiénico que te canta cada vez que lo usas: “la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, marihuana que fumar…”.

 

Dejar de fumar reduce el apetito sexual y las ganas de hacer todas esas cosas maravillosas que antes te encantaban y que ahora no haces porque las asocias a que después, te fumarías un cigarro. Tu ansiedad es tal que si logras centrarte en hacer cualquier monería en la cama, descargas tanta adrenalina y resultas tan violenta que tu pareja, con el rabo entre las piernas, se asusta y te dice que ya no eres la de antes y que ahora le das mucho miedito.

Tristemente, esto es más o menos lo que le ocurre a toda aquella persona fumadora que deja el exquisito, maravilloso, deseado y fabuloso vicio de fumar (aún no he llegado a la fase del odio al tabaco).

Ahora, mi plan, es convertirme en una de esas personas ex fumadoras tan poco tolerantes y tan plastas como los que yo he tenido que soportar desde el día en que comencé, hasta el día en que dejé de fumar.

Fumadores, podéis comenzar a echaros a temblar. Una nueva ex fumadora ha nacido…

 

 


15
diciembre 08

MALDI-DESEOS DE NAVIDAD

MALDI-DESEOS DE NAVIDAD 151208-01.jpg

El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre
(William Blake)

 

 

He de confesaros que soy portadora de una gran virtud. Es una virtud de la que no todo el mundo puede presumir. Para gozar de ella se necesitan años de duro entrenamiento y, en ocasiones, de crueles enfrentamientos. Es un camino arduo y duro el que hay que recorrer hasta llegar a poseerla, pero la vida, en ocasiones, es difícil para el que ansía lo mejor.

Tengo una gran virtud, damas y caballeros, tengo una fabulosa y enorme virtud que no es otra que la de no saber perdonar.

Decir “yo perdono pero no olvido” es la cosa más absurda que he escuchado jamás. Es un sinsentido. Quizá fuera más correcto decir algo como “yo te perdono y también te olvido”… y, ni eso, ¡qué carajo!: yo, ni te perdono, ni te olvido… y más vale que no te cruces por mi camino porque, si lo haces, además de no perdonarte y olvidarte, también me vengaré y te clavaré un tenedor en el ojo.

Seamos sinceros, en el fondo de vuestro corazón, ¿habéis perdonado al que tanto daño os hizo?, ¿de verdad soy capaces de recordar “la gran faena” sin que os hierva la sangre?, ¿acaso nunca tenéis malos pensamientos para el prójimo?

Sabía que seríais sinceros y contestaríais con un rotundo y categórico ¡NO!.

Si, por el contrario, alguien pensó que gente de mi calaña no merece estar en este adorable mundo y optaron por el perdón absoluto, hagan el favor de pasarse por aquí, y de no volver jamás a este blog. Aquí no acepto insensatos capaces de dar su perdón.

Y, dicho todo esto, aprovecho que estamos en época navideña donde lo que se estila es pedir deseos como si no costaran dinero. Por mi parte, voy a ponerme manos a la obra con el tema de las peticiones, pero lo haré con una pequeña salvedad: este año, mis deseos, los he convertido en maldi-deseos para todo aquel que los merece: que se agarren los machos porque pienso poner todo mi empeño en que se hagan realidad.

Ahí van:

 

Maldi-deseo # 1: A ti, dependienta ostentosa, que con tus dulces palabras y tus crueles armas de vendedora, me convenciste para que comprase un vestido que, costándome mi sueldo de tres meses, me quedaba como a un cristo dos pistolas. A ti, que conseguiste que fuera a la fiesta más importante del año hecha una auténtica payasa. A ti, que te aprovechaste de mi día compulsivo, de mi baja autoestima en un día de regla y de las prisas y desesperación de última hora. A ti y solamente a ti, te deseo que durante el 2009 seas la más fea de las feas en toda aquella fiesta en la que te persones y que luzcas los vestidos más horrendos jamás vistos. También te deseo que te salgan unos juanetes tan grandes como puños y que sólo puedas calzarte, durante todos los días del año, chanclas de piscina.

 

Maldi-deseo # 2: A ti, hombrecito acomplejado, personaje triste y cobardica que has logrado, un año más, que mi gran amiga volviera a llorar de esquina en esquina por tu ingrato amor. A ti, que por tu falta de coraje y valentía, volviste a decantarte por una vida aburrida y vacía de sentimientos. A ti, que por no saber como afrontar las intempestades de la vida, decidiste ignorar el verdadero amor. A ti y solamente a ti, te deseo que un herpes genital transitorio haga que te pases todas las navidades rascándote tus partes nobles con la desesperación que lo hace un perro sarnoso. Te deseo que no puedas comer un solo langostino en estas fiestas porque no puedas dejar de rascar tu entrepierna y que todo el mundo te mire con el temor con el que se le mira a un tiñoso. Y dame las gracias por mi benevolencia, si existe justicia en este mundo, a ella le concederán su deseo que, puedes obviar, es bastante más entrañable y afectuoso que el mío.

 

Maldi-deseo # 3: A ti, mujercilla anónima, especuladora sin miramientos que nos quitaste el piso de nuestros sueños porque tú lo señalizaste horas antes que nosotros. A ti, ingrata malévola que tiraste por la borda todas las ilusiones puestas en la casa de nuestra vida. A ti que me hiciste hacer 300 planos redistribuyendo una casa que finalmente no nos dejaste comprar. A ti y solamente a ti, te deseo que Paco Clavel decore tu hogar, que seas castigada con rimbombantes adornos navideños durante todo el año. Que cuando quieras encender la luz de la cocina se encienda la del baño y que cuando quieras encender la luz del baño se te bajen todas las persianas de la casa. También te deseo que nadie quiera visitar tu casa porque sea como ir a Museo de los Horrores y que un insoportable hedor a pis de gato se adueñe de tu dormitorio por lo que tengas que dormir todos los días del 2009, en un plato de ducha.

 

Maldi-deseo # 4: A ti, majadero y mentecato, pelmazo con funcionamiento intelectual inferior a la media; personaje vulgar con limitaciones en las relaciones sociales y que solicitas a gritos un adestramiento severo para vivir en sociedad. A ti, barriobajero que pintas con rotulador cada esquina que encuentras, que sueltas tu estúpida firma en comercios, portales y cubos de basura. A ti que desconoces lo que es vivir en sociedad, que mereces vivir entre escombros y mugre. A ti y solamente a ti, te deseo que el 1 de enero amanezcas con un tatuaje en la frente que diga “Soy un cretino”, que se te infecten todos los pelos del sobaco y que no puedas bajar los brazos nunca más. Te deseo, también, que recibas una colleja por cada pintada que has hecho y que sufras una intoxicación por una continua inhalación de rotulador indeleble color rosa.

 

Maldi-deseo # 5: A ti, empresario corrupto, malechor cateto y cruel, jerifalte dictador sin estudios que dejaste a un miembro de mi familia y a tantas otras personas en la calle sin ningún tipo de aviso ni pudor. Que pasaste por alto la dedicación de todos y cada uno de ellos a una empresa que tú te encargaste de destruir en cuestión de meses. A ti, que dejaste sin pagas extraordinarias a tanta gente para embolsártelo y comprarte un Mercedes de fontanero. A ti, nuevo rico garrulo, que les hablaste con desprecio y despotismo, que jugaste con sus sueldos y les engañaste. A ti te deseo que estas navidades las pases más solo que un ajo, que te rompas los dos brazos y todos y cada uno de tus dedos. Te deseo, también, que un enorme y sanguilonento sarpullido invadan la parte interna de tus párpados y que sólo puedas saciar tu picor, frotando tu cara contra una mesa astillosa. A ti y solamente a ti, te deseo que tu menú de estas navidades sea una rodaja de salchichón llena de moho que te provoque una diarrea crónica.

 

Y todo esto, sólo para empezar a hablar. Se me ocurren tantos maldi-deseos que comienzo a darme miedo de mí misma. Será mejor dejarlo aquí y no dejar más pistas por escrito. Ahora, os invito a exponer vuestros maldi-deseos para el próximo año. Os aseguro que es un buen ejercicio de relajación. Yo, me acabo de quedar como nueva.

A todos los demás, a los que me habéis vuelto a hacer tan feliz, a todos los que me habéis hecho reír tanto, a todos los que me han apoyado y estado conmigo en lo bueno y en lo malo, a todos y cada uno de vosotros: ¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

 

 


21
octubre 08

DESQUICIADA


DESQUICIADA 201107-01.JPG

Nadie debería fiarse de alguien que sangra durante varios días pero nunca se muere

(Anónimo)

 

A veces tengo la sensación de tener menos personalidad que un colchón de segunda mano. Pero esto sólo me ocurre a veces ya que, en otras ocasiones, creo que tengo tanta personalidad que la llego a tener doble (triple, cuádruple y hasta quíntuple personalidad)… y claro, supongo que tener tantas personalidades es síntoma de no tener personalidad… ¿Entonces? ¿En qué quedamos? ¿Tengo o no tengo personalidad? ¿Me sobra o me falta?.

Si Freud me hubiera conocido creo que se hubiera hecho coleccionista de tacitas de café, le hubiera salido más rentable y práctico.

De todo el mundo es sabido que no soy precisamente el paradigma de la estabilidad emocional. Tengo una ligera inclinación a la ansiedad, al nerviosismo y a la excitación gratuita. Digamos que también, en ciertas ocasiones, me comporto como una maniaco-depresiva, algo bipolar y esquizoide.

Pero que tenga múltiples personalidades, que carezca de personalidad o que sufra esporádicamente enfermedades mentales, no es culpa mía, sino de mis hormonas… o lo que es lo mismo: de la regla.

Hoy he leído que el ovario sintetiza las siguientes hormonas esteroides: los estrógenos (la estrona, el estradiol y el estriol), la progesterona (se produce durante la fase lútea del ciclo sexual femenino), la inhibina (que actúa sobre las gonadotropinas hipofisarias, suprimiendo la producción de la hormona estimulante) y la activita (que tiene una función inversa a la de la inhibina).

¡Por el amor de dios, no hay que estudiar medicina para descubrir que una mujer, con un par de ovarios, es una auténtica bomba de relojería!.

A mí no me salen las cuentas. Si el ciclo menstrual tiene 28 días de duración y tenemos en cuenta que, en el mejor de los casos, el mes que más días tiene se compone de 31, ¿quiere decir que nos pasamos prácticamente el mes entero siendo un cóctel molotov?.

Si nos pasamos el mes entero siendo un cóctel molotov, quiere decir que también el año completo. Lo que quiere decir que una mujer desde, aproximadamente, los 12 años hasta, más o menos los 50 que tiene la menopausia, es un gráfico picudo e inestable.

Si te quedas embarazada tampoco te libras de los subidones de hormonas y, no hablemos de la menopausia, entonces utilizas la palabra “hormona” en dos de cada tres frases.

Una verdadera lástima. Estamos condenadas a vivir así. Para que luego llegue un imbécil y nos pregunte si estamos “en uno de ésos días”. Uno de ésos días son todos los días de nuestra vida, panda de ingratos.

Mi ciclo menstrual se puede resumir del siguiente modo:

 

Fase preovulación (días posteriores a la regla): Estoy llena de plenitud, tengo energía para dar y regalar y me siento eufórica. Amo a mi chico por encima de todo y sólo veo en él un cúmulo de buenas intenciones y virtudes. Me visto con colores alegres, me pinto los labios de rojo y soy capaz de trabajar 12 horas seguidas sin rechistar. Cuando llego a casa hago todas mis tareas con la música bien alta. Música alegre y marchosa que se convierte en la banda sonora de una comedia americana donde todo sale bien y donde todo el mundo es guapo. Hago mil planes divertidos y estupendos y pienso que la vida me sonríe. Soy feliz. Siento que todos los hombres me desean. Me creo la hermana guapa de Ava Gardner.

Fase ovulación (unas dos semanas después de la regla): Tengo un dolor punzante en la parte baja del vientre. Se aumenta la secreción vaginal (flujo) lo que en mí significa caminar como un caracol. Me siento tan excitada que paso de ser la hermana guapa de Ava Gardner a ser la hermana salida de una actriz porno. Camino con el culo en pompa y parezco una gata en celo. Me ataca el síndrome del nido, lo que significa que me pongo a ordenar, colocar y hacer limpieza de todos los armarios y cajones de mi casa. Luego continúo con mi lugar de trabajo y cuando termino de ordenar mi despacho, le pido a algún compañero que me deje hacer limpieza en su cajón. Nada para mí está lo suficientemente limpio, desinfectado y ordenado.

Fase postovulación (días antes de la regla): La vida ha dejado de ser maravillosa para convertirse en algo por lo que no merece la pena seguir luchando. Me hincho como un zeppelín y el pecho me duele hasta con el roce de las sábanas. Mi pelo y mi cara se vuelve aceitosa y un enorme grano me sale en la barbilla. Siento que mi chico ha dejado de quererme y desconfío de todos sus movimientos. Sólo veo en él un cúmulo de malas intenciones y defectos. Protesto porque no tengo más que trabajo y se lo comunico a mi jefe con los ojos rojos a punto de descargar. Llego a mi casa y compruebo que tengo mil cosas por hacer. Pongo música triste, muy triste (léase Los Secretos, Maná o boleros desgarradores) y me pongo a llorar. Lloro sin saber bien el motivo, pero me siento la persona más desdichada del planeta. No quiero hacer planes, todo me parece un rollo y no me apetece arreglarme, sólo puedo vestirme de negro y ponerme una capa bien gorda de maquillaje que tape la costra que tengo en la barbilla por el grano que tuve la semana anterior. Nadie me desea, me siento gorda. Me siento la hermana fea de Rossy de Palma.

La regla: Tengo un dolor de ovarios que me deja doblada. Desayuno, como, meriendo y ceno cantidades industriales de ibuprofeno. En mi bolso sólo se encuentran tampones y toallitas íntimas individuales. También me duele la espalda y absolutamente todas las articulaciones. Tengo nauseas y diarrea. Me baja tanto la tensión que camino arrastrando los píes. Comienzo a desinflarme. No pongo música ni hago nada en casa, sólo me apetece estar tumbada en el sofá y ver banalidades en la tele. Necesito a mi chico, sólo veo en él amor y ternura. Le exijo que me abrace por las noches y me diga, cada dos minutos, que soy el amor de su vida. Si se aleja de mí más de dos metros, le busco, me acurruco y ronroneo. Me convierto en el hermano empalagoso de Mimosín.

Y cuando termina esta fase, vuelta a empezar…

Éste cambio continuo de hormonas me hace ser una persona inestable,  desequilibrada y desquiciada. A veces me hago un lío y todos los ciclos se me mezclan. Entonces me convierto en el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Y luego vas tú y me dices que tengo altibajos. ¿Altibajos? Lo que no sé es como no estoy ingresada en el Hospital Braulio Moyano, con una camisa de fuerza,  mirando al infinito y acunando un bebé imaginario.

Por favor, dioses del Olimpo, en mi próxima vida me pido ser hombre.

 


6
mayo 08

DIARREA VERBAL


Hay una cosa más terrible que la calumnia: La verdad
(Charles-Maurice Talleyrand Périgord)

No sé qué habré podido tomar últimamente que me ha producido, como efecto secundario, diarrea verba e incontinencia oral. Bien es verdad que nunca he sido muy de callarme las cosas aunque, bien es verdad también, que siempre me ha gustado hacer uso de la diplomacia. Pero es que de un tiempo a esta parte, carezco del talento de adornar las palabras y tengo la imperiosa necesidad de decir las cosas tal y como las pienso. Así, sin anestesia ni nada. A pelo.

Vamos, que si antes alguien sufría de halitosis y a mí me tocaba hablar con esa persona largo y tendido, podía hacérselo saber con decoro y disimulo mientras le metía en la boca un puñado de caramelitos de menta. Pero ahora, debido al terrible efecto secundario que sufro, no puedo disimular ni una décima de segundo. Según me aguanto la respiración y hago como que me abanico, le hago saber que su aliento huelo peor que la comida de tortuga.

La semana pasada tuve que hacer unas compras de urgencia y me metí en uno de esas tiendas que abren los 365 días del año (venga, vale, si insistís os diré que la tienda en cuestión era el OpenCor de la calle Fuencarral de Madrid). El caso es que nada más entrar me topé con una enorme estantería con ideas para regalar en el Día de la Madre…

Cual fue mi sobresalto al comprobar que entre tanta horterada tipo cojines en forma de corazón, estuches de maquillajes, aparatos de electromusculación para elevar glúteos y reducir tripa, bisutería barata y CD’s de Eros Ramazzotti, no se hallaba ni un solo libro. Creerme, ni uno solo. Es que ni por error.

Mi problema es que se me ha dotado, entre otras cosas, de una muy buena memoria y, recordé, que para el Día del Padre, esas misma estantería se había llenado de máquinas de afeitar, radios despertadores y libros. Muchos libros.

No pude más que sacar a la feminista que llevo dentro (y que, todo hay que decirlo, suelo tener oculta) y mientras echaba espuma por la boca, maldecía en arameo y ante la mirada estupefacta del dependiente de metro y medio que le tocó soportarme, exigí hablar con el encargado… Y ya puestos, con el encargado del encargado.

Parece ser que, para el encargado de tres al cuarto, a nosotras, mujeres, madres y no madres, lo que más nos gusta hacer en nuestro tiempo libre es abrazar cojines de rayón, enchufarnos a la gimnasia pasiva mientras escuchamos al llorica de Eros Ramazzotti y nos pintamos las sombras de azul celeste. Valiente imbécil.

Daros por defendidas. Porque después de soltar todo tipo de improperios le hice saber que si no añadía un solo libro en la estantería (tal y como hizo para el día del padre) íbamos a salir en los papeles.

Al día siguiente tuve que ir para comprobarlo. Podéis estar tranquilas, nuestro honor está a salvo. No eran muchos los libros que el imbécil había ordenado poner, pero menos daba una piedra. Súper Kiku, defensora de los derechos humanos, había hecho su buena acción. Por el rabillo del ojo pude comprobar como el encargado no me quitaba ojo, creo que con cara de “pobrecilla, está loca” pero esa noche dormí como una bendita.

Pero ése es sólo un pequeño ejemplo. Mi necesidad de decir lo que pienso y de aderezarlo con palabras malsonantes,  ha ido mucho más allá.

Si antes alguien se atrevía a comentarme que tenía mala cara, corriendo me iba al baño e intentaba solucionarlo. Pero ahora, soy otra, y el destino hizo que la misma petarda de siempre se cruzara en mi camino para volver a decirme que no tenía yo mi mejor fisonomía. Como dios me quedé cuando le solté algo sobre su analfabetismo incurable y que hiciera el favor de comerme el miembro viril que desgraciadamente no tenía.

Decir palabrotas es una gran terapia. Os lo recomiendo con vehemencia… Según echo un sapo y una culebra por la boca, siento que me quito tres kilos de encima y que soy invencible y todopoderosa. Tenemos una lengua rica en lo que a tacos se refiere ¡hagamos uso de ésta riqueza lingüística!.

Hoy, que visto un precioso vestido globo de Lurdes Bergada, alguien ha tenido a bien el decirme que era raro y de harapienta. Craso error. Haciendo uso de mi riqueza lingüística malsonante y gracias a su comentario desacertado,  por fin he podido decir absolutamente todo lo que pienso de ella, empezando por reconocer que fui yo y solamente yo, la que le bauticé con el apodo de “Repu la cerda”.

Está feo decirlo, pero cuando ha roto a llorar, sólo he podido sonreír de medio lado y encenderme un cigarrillo. Hay placeres que no se pagan con dinero.

En fin… que voy a darme una vuelta por el blog de Sheila Morataya, a ver si se me pega algo de bondad…


27
febrero 08

ARRIBA EL ANTIGLAMOUR

arriba-el-antiglamour-270208-01.jpe

Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia
(Umberto Eco)

 

No sé ni me importa quién ha sido la actriz más elegante en la ceremonia de entrega de los Oscar y la verdad es que me interesa bien poco quién era el diseñador del horrible vestido de Anne Hathaway.

Sin embargo, como carezco de principios, no puedo más que pararme a ver las fotos de las celebridades… y es entonces cuando me agarro un cabreo yo sola que no se lo salta un gitano. Parece que nos olvidamos del motivo de tanto despliegue de trapos. ¿Qué importa si la película era una ful de Estambul? Parece que lo que importa de verdad es si a Calista Flockhartle le hace falta un cocido o si el color del vestido de Amy Adams era el perfecto para su color de pelo y piel.

Creo que este año he superado mi propio récord viendo instantáneas de la ceremonia y, para colmo de males, sólo he podido asquearme viendo el cuasi morreo que se pegan Javier Barden y su madre: ¿Alguna vez alguien les ha hablado de lo que es el complejo de Edipo?. Hombre, por dios, que los demás también tenemos estómago…

El caso es que a mí ver ese tipo de fotos y/o revistas de belleza me hacen mucho mal. Dañan mi autoestima profundamente. Si un día salgo de casa viéndome más bonita que un San Luís y luego me veo uno de esos reportajes, cuando voy al baño y me miro en el espejo, sólo puedo ver el granazo que está a punto de salirme o comprobar que la celulitis que yo creía haber combatido, ahora se ha vuelto más evidente que nunca.

Y ya no digo nada si me veo un “Especial Culos” que de año en año saca alguna que otra revista, o me chupo un reportaje de la Pasarela Cibeles. Ipso facto me veo como una vaca polaca y tengo que comerme tres tabletas de chocolate y un litro de helado para combatir la depresión.. y claro, eso efectivo, lo que se dice efectivo, no es.

Sin embargo, las fotos que me ponen, las que me hacen sentir una tía estupenda, son las del tipo Britney Spears comiendo pollo con las pezuñas y limpiándose los dedos en un vestido de Chanel. A Sarah Jessica Parker sin maquillaje o la celulitis de Scarlett Johannson (porque tiene, que lo he visto yo). Es entonces cuando me siento humana, dichosa y maciza.

Dicho todo esto, reclamo reportajes más humanos, que alimenten mi ego (y el de más de una que me consta que es como yo). Fotos de mujeres de andar por casa. Reclamo el que semanalmente nos nutran con reportajes del tipo “Pierce Brosnan en la playa con Keely Shaye donde nos muestra orgullosa sus carnes como un cachalote en el agua” o, como el reportaje de nuestra querida Heidi en Trendencias mostrando a Katie Holmes con las tetas por la cintura.

Eso sí, pueden ahorrarse a Pilar Bardem morreando a su hijo…


11
febrero 08

SAN VALENTÍN Y LOS TOPICAZOS

 

san-valetin-y-los-topicazos-110208-01.jpg

No me digas que me quieres. Demuéstramelo
(Omage Jossy)

 

Tengo un novio que es más rojo que un clavel… y eso, aunque no lo parezca, me repercute muchísimo en el puñetero día de San Valentín.

Yo, sinceramente, creo que se hizo rojo para no tener que regalarme nada en el día de los enamorados. Es más, voy a atreverme a ir más lejos: creo que a los hombres se les educa para ser rojos y, de este modo, no tener que regalar nada en el día de San Valentín.

Esta teoría tiene, evidentemente, sus excepciones: aquellos tipos que mandan flores y compran regalos, suelen ser los que se han criado entre mujeres, los huérfanos de padre y los hijos de progenitores muy de derechas. No me pregunten por qué, es así y punto.

Al final, siempre es la misma historia…  no sé como me lo monto pero yo siempre le acabo escuchando la misma cantinela chirriante sobre el capitalismo, el dinero, la industria, el comercio, etc.

Y, que quieren que les diga, no me lo trago… y no me lo trago porque, entre otras cosas, cuando termina de soltarme el rollo y yo aún estoy ojiplática intentando encontrar la relación entre el pobre San Valentín y Karl Marx, el colega va y se marcha a trabajar a un banco. Sí señores, han oído bien: a un banco.

He de reconocer que siempre he tenido muy mala suerte en lo que al día de San Valentín se refiere. Siempre me han tocado los rojos que, si no lo eran, se volvían unos pocos días antes del 14 de febrero en anticonsumistas radicales, activistas ecológicos y altermundistas que, sin saber lo que era, quedaba bastante bien como excusa para no comprarme una jodida y puñetera rosa roja.

Hasta la punta de la boina estoy de escuchar lo que sigue:

- El día de San Valentín es un invento de los Centros Comerciales

- No te sorprendo el día de San Valentín porque ya te sorprendo todos los días

- Prefiero hacerte regalos otros días sin que venga a cuento

- Para mí todos los días es el día de los enamorados

¡Anda ya!, eso se lo cuentas a otra que yo ya te tengo calado. Todas esas frases estarían geniales si fuéramos un poco consecuentes con lo que decimos y, entre otras cosas, tampoco compráramos en los Centros Comerciales en Navidad, Reyes, rebajas, el día de la madre, el día del padre y el día de la madre del cordero.

Por otra parte y en lo que se refiere a las sorpresas, ¿cuántas sorpresas crees que me das el resto del año? Hummm, déjame pensar: NINGUNA.

Y sí, queda genial eso de que para ti todos los días es el día de los enamorados pero da la casualidad de que para mí, el día de los enamorados es el 14 de este mes y, tomando la cita con la que empiezo este artículo:  No me digas que me quieres. Demuéstramelo. Y si me lo demuestras con un viaje de fin de semana, con una de esas piezas de bisutería que tanto me gustan o con un ramo de flores reventón, tu testimonio tendrá más credibilidad.

Y, para finalizar, comunicaré a todos los interesados, que los ramos de flores gustan más si con ellos, la beneficiaria, consigue dar mucha envidia al resto de mujeres que la rodean.

Es decir, si le llevas un ramo de flores a casa, estará bien, pero si se lo mandas a la oficina donde todas sus compañeras puedan verlo y envidiarlo, entonces estará mucho mejor. Que a ti te parezca una horterada no es asunto suyo. A ella le gusta y punto.

Feliz Semana de los Enamorados.

 

 


28
enero 08

TODOS TENEMOS UN PRECIO (¿O NO?)

todos-tenemos-un-precio.jpg

Todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cual es
(Joseph Fouché)

Feministas, lesbianas activistas, moralistas coñazo, predicadores, catequistas, defensores de los derechos humanos, reformadores y/o todo aquel propenso al escándalo: dejad de leer aquí. Éste es un artículo escrito en forma de opinión personal y como siempre, caricaturizado y satirizado. La gente con tendencia a echarse las manos a la cabeza, mejor que deje de leer ahora y evitaremos comentarios desagradables.

A los amantes de la sátira, pasen y lean.

Hace unos días, en una cena que organizó una amiga, una de sus invitadas (una chica a la que yo sólo conocía de tan sólo dos o tres ocasiones), nos contó algo… y lo hizo llena de lágrimas. Ése “algo” que nos relató, me ha tenido reflexiva este fin de semana.

La amiga de mi amiga es una persona muy formada, habla perfectamente cuatro idiomas, tiene una ingeniería y es, cuanto menos, inteligente. Esta chica trabaja en una multinacional norteamericana…y a ésta chica su jefe, le ha hecho una proposición deshonesta. Resumiendo: el Director General de la empresa donde trabaja, le propuso que a cambio de favores sexuales, ella sería ascendida de forma automática y le daría unas condiciones laborales y un suelo con el que ahora no cuenta ni por asomo.

Esta chica contestó que, por supuesto, no iba a acceder a tal vejación. Se va a despedir de la empresa y pretende tomar medidas legales. Intentará demostrar lo indemostrable y quiere dejarse el pellejo en hundir a ese maldito cabrón. Ésta chica, no para de llorar y tiene un disgusto que no se lo salta un gitano.

La verdad es que la veía llorar y se me partía el corazón. Pero que conste que, sintiéndolo mucho por ella, yo, desde aquí, quiero hacer un llamamiento a ese señor y también al Presidente y Director General de mi empresa:

¡YO QUIERO TENER UN JEFE ASÍ!

Sí, yo quiero un jefe así, de hecho ahora mismo es lo que más deseo. No puedo dejar de pensar en ello. ¡Yo le cambio mi jefe por ese Director General a la voz de ya!.

Si me pongo a analizar, me doy cuenta de que el día que menos trabajo, hago 9 horas. Lo normal es que me tenga que comer un sandwich o una ensalada en mi puesto de trabajo. Lo más normal es que no pueda bajar a la calle a tomar un café y, el día que lo hago, mi móvil no deja de sonar. Lo normal es que haga 12 horas diarias y, os aseguro que como siga mucho tiempo así, yo acabo con camisa de fuerza y unas gafas de culo de botella de dejarme los ojos frente al ordenador.

Tengo un trabajo en el que mi teléfono no para de sonar (¿sabéis lo que estresa eso?). Me entran una media de ochenta e-mails diarios que debo dejar contestados. Mientras, suelo tener una reunión cada dos días de mínimo cuatro horas en las que me suelen caer marrones por doquier que me fastidian el planning hecho. Por otra parte, he de hacer viajes relámpagos que me consumen cada vez más (viajes que me hacen estar pringada todas las horas del día salvo en las que estoy durmiendo que, todo hay que decirlo, suelen ser muy pocas).

Hago una media de 25 horas extras al mes que, por supuesto, no me pagan. Mi sueldo es bastante miserable y tengo más responsabilidades y disgustos de los que debería. Eso sin contar que las vacaciones las cojo cuando lo decide mi jefe, que mi despacho da a un patio interior lleno de ruidos y que si caigo enferma, igualmente tengo que sacar el trabajo.

Y digo yo…: ¿todo eso puedo solucionarlo con una mamada felación?. Por favor, lo SUPLICO, que alguien me diga cómo, cuándo y dónde he de hacerlo. Chupo y hago lo que sea necesario. No quiero perder esa grandísima oportunidad de oro a cambio de un ascenso, mejores condiciones y, por descontado, más dinero.

Por favor, Presidente y Director General de mi empresa, escúchenme bien: hay un señor de una multinacional norteamericana que hace proposiciones muy interesantes y que nada tienen que ver con las tonterías que ofrecen ustedes tipo “apartamentos de verano o clases de idiomas”, ésas ofertas se las pueden meter ustedes por donde les quepa, a mí me interesa infinitamente más lo que ofrece el otro señor.

Yo hago el favorcito una y tres veces, no me importa, de hecho prometo poner todo el interés y buen hacer que pongo a diario en este trabajo. Supongo que por mucho que tenga que chupar y por muy lento que sea, va a ser imposible que me tire las 12 horas que de media echo aquí.

También pueden sodomizarme como hacen ahora, pero háganlo de forma literal. ¿O les parece qué no es suficiente forma de dar por el culo sodomizar el domingo que me llaman mientras estoy en el cine, la llamada urgente de las once de la noche de un lunes o el viaje que me ponen cuando yo ya tenía un fin de semana planeado?

Por favor, háganlo literalmente y, a cambio, dejen que me vaya de vacaciones cuando quiera, pueda salir a mi hora y desconectar los fines de semana con un sueldo digno.

¿Por abrirme de piernas un rato van a darme mi merecido ascenso?. Ok, perfecto, acepto el trato. Abro lo que haga falta y hasta les hago las piruetas de El Circo del Sol. Tanto ustedes como yo, nos vamos a ahorrar un montón de trámites y problemas. Cuándo ustedes me digan, quedamos para los frotamientos y para firmar mi nuevo contrato. Si tengo que esperar a que me lo den por mis propios méritos, puedo morirme del asco; así que hagámoslo por el camino fácil: follando haciendo el amor. A mí me parece una idea estupenda.

¿Ustedes consideran que tengo un sueldo digno?. Si tenemos en cuenta que paso tanto tiempo trabajando que no me queda tiempo a gastar dinero, entonces sí. Pero si por una mamadita felación a mí me triplican el sueldo, les aseguro que va a ser la mejor que les hayan hecho en la vida. Ya me encargaré yo de gastar mi dinero en psicólogos si hace falta, ustedes no se preocupen por eso.

A mí me parece que tal intercambio de favores es un trámite estupendo y lo tomo como un camino rápido y fácil: una forma de atajar. Yo ya sé cuanto valgo y si yo no pongo en duda mis cualidades e inteligencia para desarrollar un trabajo con un buen cargo y un buen sueldo, que nadie lo haga por mí… y si alguien lo pone en duda, a mi plim, ya me encargaré yo de demostrar mi valía profesional.

Medítenlo, piensen que no todas están dispuestas a esto, y porque dentro de unos años dejaré de ser atractiva y ya me habré cansado de demostrarles, durante doce horas, cinco días a la semana, todo lo que valgo. Si no lo hacen ustedes, tendré que echar mi currículo en una multinacional norteamericana y cruzar los dedos para que me acepten: o arrodillarme y hacer de tripas corazón.

Ya saben donde estoy: al fondo a la derecha, en el despacho interior de la cuarta planta. Espero impaciente sus proposiciones deshonestas.

A sus pies.


13
diciembre 07

LA HORTERA NAVIDAD

la-hortera-navidad-131207 01.gif

Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar
(Charles Baudelaire)

Es una línea muy delgada la que separa la elegancia del mal gusto. Y esta línea, en Navidad, se atraviesa con mucha facilidad.

Todos los años, por estas fechas, acabo traumatizada por lo mismo de siempre: por las miles de personas que se van a la Plaza Mayor de Madrid a comprarse pelucas.

Señores, por dios, ¿qué tiene de navideño ponerse una peluca?. ¿Tiene algo que ver con el niño Jesús? ¿con los Reyes Magos? ¿con Papa Noel, quizá?.

Algo se me escapa, y muy probablemente sea el sentido del humor que hay que tener para caminar por la calle hecha una payasa. Y sí, efectivamente tengo muy acusado el sentido del ridículo.

Familias enteras se pasean customizadas por el centro de Madrid convirtiendo sus calles en la Freak Parade. Y yo, cada vez que me cruzo con una peluca, un sudor frío me recorre la espalda y un instinto asesino se apodera de mí.

¿Acaso es tan difícil no ser grotesco?

Desde aquí, solicito al Alcalde que exija a los puestos tradicionales de la Plaza Mayor a vender única y exclusivamente belenes, figuritas, luces de navidad, abetos, pinos, villancicos, etc…. Estoy segura de que, entre todos, podemos hacer una ciudad mejor.

Supongo que este trauma tiene mucho que ver con el que mi padre, por estas fechas y cuando contaba yo con la bonita edad del pavo, me fuera a buscar al colegio con un gorro de Papa Nöel. Yo corrí como una desaforada; pero en dirección contraría.

Y cambiando de tercio pero sin irme demasiado del tema, os hablaré de algo más: el espumillón.

Yo oigo la palabra espumillón y me viene automáticamente a la cabeza Chencho, al que seguro que recordáis de la película de La gran familia. Chencho, aquel niño de apenas 2 años, allá por los años 60, se pierde el día de Navidad entre la multitud de la Plaza Mayor mientras que el abuelo –el maravilloso actor Pepe Isbert- le buscaba desesperadamente llamándole con su voz enronquecida — "¡Chencho!, hijo mío, ¿dónde estás? ¡Chencho!…".

Es una extraña asociación de ideas: Espumillón igual a Chencho.

Y no es que esté en contra del espumillón, nada más lejos, lo que me horroriza es el mal uso de éste.

El pasado puente de diciembre, mientras nosotros decorábamos nuestro árbol de navidad (sin espumillón y superando traumas), mi amiga Maite me llamó desconsolada: había discutido enérgicamente con su pareja.

¿Qué creéis que ocurrió?

Pues que él quiso poner espumillón alrededor de los cuadros. Valiente hortera.

Por supuesto, le aconsejé que por ahí no pasara, por el espumillón en los cuadros, no. ¡Nunca!.

¿Acaso hay algo peor que eso?

 


Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer