Hoy las ciencias adelantan
con tanta barbaridad
…que ahí tenemos la llamada
máquina de la verdad.
Va usted, se sienta y responde.
Después échese a temblar
que, si algún detalle esconde,
se lo van a restregar.
Las preguntas normalmente
se suelen siempre centrar
en un tema tan candente
como la cuestión sexual.
Que si te han puesto los cuernos,
que si los pusiste tú,
si era verano o invierno,
de noche o a plena luz.
Está al cabo de la calle
que aquí lo que más abunda
es conocer con detalle
si hubo o no hubo coyunda.
Dejen, pues, ya de indagar,
basta de luz y taquígrafos:
Señores, hoy la verdad
sólo la sabe el polígrafo.
Aquí ya no vale hablar:
sólo hay que decir “si” o “no”
…y el polígrafo infernal
le dará o no la razón.
Si le queda alguna duda
agache usted las orejas
y es que, señores, ¡menuda
es la maquinita ésa!
Si quiere saber si es cierto
lo que afirma su pareja
y ver como el cielo abierto
“pa” si lo toma o lo deja,
llévela a televisión
y sométala a esa prueba
que, con trampa y con cartón,
nuestras miserias revela.
Siéntela ante la famosa
“máquina de la verdad”,
esa invención engañosa
con vocación de embaucar,
pretenciosa panacea
que dicen -no hay quien lo crea-
mide la sinceridad.
Hoy para escribir “te quiero”
no basta ser buen calígrafo:
el amor sólo es sincero
si lo confirma el polígrafo.
Pero aquí ¿quien juzga al juez?
¿Quien vigila al que vigila?
Han hecho un dogma de fe
de una agujita que oscila.
Y he ahí que algunos famosos
van a diario al matadero
en medio de un asombroso
silencio… de los corderos.

