
Perdió a su hermano gemelo,
lo rechazó un día su madre
y lo ha salvado el desvelo
de un cuidador entrañable
que como caído del cielo,
es para él como un padre.
Se llama Knut. Sus raíces
están en tierras lejanas
en las que aún viven felices
sus compañeros de raza
por más que el cambio climático,
de los hombres fechoría,
les acerque cada día
a un desenlace dramático.
El bebé Knut sabe ya
que tiene miles de amigos
más no deja de añorar
su paraíso perdido
que es el Cìrculo Polar
pues su patria son los hielos,
y del Ártico los cielos
son su hábitat y heredad.
Aunque un peluche parezca
es osito de verdad
y va a ser el día que crezca
un oso descomunal.
Hoy por hoy está feliz
pues cuenta con el cariño
de los millares de niños
que lo van a visitar.
Mientras toma su papilla
Knut no acierta a digerir
que es la estrella que más brilla
en el zoo de Berlín.
Como es un bebé mimado
nadie le ha de recordar
que un día fue abandonado
pues se nos pondría a llorar.
Es mágica maravilla
que no deja de asombrar
que Knut se haya convertido
en una estrella mundial.













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Que la actriz Mónica Pont