¿Cree usted que la relación
entre Charlene y Alberto
llegará un día a buen puerto?
¿O tiene la sensación
de que él sigue mareando
como siempre la perdiz
de su larga soltería
y no dobla la cerviz,
y no va a acabar pasando,
al fin, por la vicaría?
El príncipe monegasco
dicen que juega al despiste
y que Charlene está triste
pues se encuentra en un atasco.
Alberto le echó el alpiste
del Baile de la Cruz Roja
pero parece de chiste
-y a Charlene la acongoja-
que en la Fiesta Nacional
haya dejado de lado
a quien podría ser ya
la reina del Príncipado.
La bella sudafricana
de pronto un día aparece
y luego desaparece:
Charlene es como el Guadiana.
Y el principe soberano,
cuarentón y solterón
sin propósito de enmienda
ahí sigue tan campechano.
Sigue así:sin soltar prenda.

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