Un misterioso programa
Telecinco promociona:
una especie de chirona,
que quien entra en ella brama.
Corto es su nombre:”La caja”,
y es una especie de cápsula
o una misteriosa válvula,
que, al final te hace rodajas
puesto que revoluciona
sentimientos y emociones
y otras muchas sensaciones
que el corazón aprisionan
y que dicen que impresionan.
Hablan con mucha prosapia
de una avanzada terapia
de éxtasis y catarsis
y de una insólita praxis,
de algo revolucionario
de efectos muy refractarios.
Y nos hablan de neurólogos,
psicólogos y antropólogos
llevando el experimento.
Y eso a mí me suena a cuento.
(Por cierto: ¿no habrá “cuentólogos”?)
Creo que, al final, el asunto
se va a quedar en dos puntos:
en si te has enamorado
o en si alguien te ha dejado.
Afirman, cuentan y dicen
y, osados, hasta predicen,
algo que a mí no me encaja:
“Todo aquel que entre en la caja,
al salir no será el mismo”.
Lógico. Media un abismo:
semejante tontería
marca un antes y un después:
el derecho y el revés
de una tal majadería.
¿Creen que sera “la caja”
monta tanto, tanto monta-
una nueva necedad
que ofrece “la caja tonta”?
Y una duda me acogota
y casi me resquebraja:
¿Los que pasen por “La caja”
podrán salir más…idiotas?





