Si el público es quien decide,
está fuera de peligro.
Y que los demás se olviden
o, si se tercia, que emigren.
Sinceramente les digo:
dedíquense ya a otra cosa,
pongan pies en polvorosa
porque…no van a ganar.
La suerte echada ya está
y le ha tocado a Belén
para mal o para bien
(creo más bien que…para mal).
Sí, para mal pues con esto
queda claro y manifiesto
que han destrozado el concurso.
No vengan con el discurso
de que “el pueblo soberano…”
La votan unos enanos.
Sí, unos enanos mentales
que, para colmo de males,
de baile no entienden nada
aunque sea una manada
de gente enfervorizada,
fanáticos de Belén.
Y hay que parar este tren
porque, con tanto vaivén,
no va a encontrar un andén
en el que poder frenar
y puede…descarrilar.
En momento de debate,
Belén le reprochó a Ullate
que éste pidiera a la audiencia
que valoraran el baile
y no a aquel que lo interpreta.
Para ella eso fue un dislate
por no decir disparate.
pero ¿quién se cree que es ella?
Victor Ullate es maestro
en lo que al baile respecta,
y en la audiencia hay mil cabestros
que se apuntan a la secta
de votar siempre a Belén,
lo haga mal o lo haga bien.
Pues…están así las cosas.
y no están precisamente
como el color de las rosas.
Así es. Lamentablemente.
Le recomiendo a Belén,
que tiene tanto remango,
además de la sartén
bien cogida por el mango:
no ensaye un segundo baile,
no lo va a necesitar.
Belén es “doña desaires”.
¡Vergüenza le habría de dar!











