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Agonía y éxtasis


Agoniayextasis.jpgSí, ya lo sé, los nombres de los capítulos de la serie ‘Sexo en Nueva York’ siempre son un buen recurso para los artículos de este blog. Como sabéis, ‘Agonía y éxtasis’ es el título de uno de los capítulos de la exitosa serie. Y mira que yo soy una de esas personas que siempre se está quejando de las traducciones que se realizan del inglés al castellano, pero en este caso, lo clavaron. Me encanta el título. Creo que define muchas sensaciones.Y sobre sensaciones va este nuevo artículo.

 

Acabo de llegar de comer con una amiga a la que hacía tiempo que no veía, uno de estos planes que surgen de pronto y que salen redondos. Nos hemos puesto al día en una buena sesión de cotorreo, y además he aprovechado para invitarla a la fiesta que próximamente celebraré en mi casa (por aquello de que pronto es mi cumple).

 

El caso es que Marta, que así se llama mi amiga, me ha contado una historia con la que ha estado un tanto traumatizada; afortundamente poco a poco va remontando, pero pobre, ha experimentado aquello del éxtasis y la agonía.

 

Marta se reencontró de la forma más tonta a un amigo a través de internet. Él era director de una agencia en Madrid y ella justamente buscaba una agencia para poner en marcha un interesante proyecto en su trabajo, en Palma. Ambos se conocían de antes, como ya he dicho, pero sólo virtualmente, de otros proyectos en los que ambos habían estado involucrados.

 

Como era de esperar, el reencuentro fue genial y ambos encajaron de maravilla. Hablaban prácticamente a diario, primero a través de email y luego por sms y teléfono. Tanto en lo profesional como en lo personal tenían muchas cosas en común, y eso que ni siquiera se conocían físicamente. De ahí, y por resumir, por fin un día se pusieron cara. La iniciativa salió de él, cosa que a Marta le pareció perfecta. La química fue brutal.  A pesar de que entre ellos había un muro, por diferentes motivos personales, los dos sabían que sólo con un pequeño salto, podrían atravesarlo sin problemas. Y así fue. Se liaron. Y esto supuso el principio  del fin. Según Marta, nunca debió haber pasado, pero la química era tal que se hicieron una concesión, tenía que ocurrir, y así fue. Éxtasis.

 

Una situación complicada o el peor de los momentos hicieron que entre ellos volviera a aparecer el muro que consiguieron derribar, y hombre, no es por caer en los tópicos más feministas, pero no creo que sea muy bueno que haya hombres que se empeñen en comportarse como si aún tuvieran 20 años. Agonía.

 

A día de hoy Marta sigue reponiéndose del desengaño…Y claro, mi vena más periodísitica ha hecho su trabajo con un claro “¿Y qué crees que pasó?”.“Pues ni idea”, me ha contestado ella hoy. Y así, entre nosotros, no deja de asombrarme cómo habla ahora de él. Sin gota de rencor e incluso guarda un recuerdo bonito de esa historia, a pesar de que no sabe nada de él. Supongo que lo que él nunca sabrá es todo lo que ella hubiera hecho por él -confesado por ella misma-, así como creo que ella nunca sabrá qué pasó por la cabeza de él para actuar así. Es el momento del éxtasis. ¿O no?

 

¿Qué opináis vosotr@s?

 

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9 comentarios

  1. Admitador secreto

    Querida Lorena,
    A mi me parece que el tío directivo ese tiene mucho mucho pero que mucho morro y lo único que buscaba en tu amiga Marta es, perdóneme la expresión, un polvo de una noche.
    Espero, de todo corazón, estar equivocado.
    Ya sabe que la respeto y la admiro.
    Admirador secreto.

  2. ¿Sinceramente? Si el se comporta COMO SI TUVIERA 20 años, ella bien podría haberse comportado como si tuviera 18. Algunas mujeres sois fácilmente impresionables, o eso, o la amiga en cuestión tiene el “detector” averiado.
    No entiendo por qué ella debería sentir rencor, pero si piensas que “el malo” es él, cuando pasó lo que tenía que pasar de forma irremediable tal y como cuentas, es que a día de hoy, seguís sin entender que vosotras también sois responsables de las opciones que tomais en las relaciones… Porque, entiendo que decidís ¿verdad? O es que os empujan con una pistola para liaros con un hombre, dos, tres, cuatro, los que sean… que os haya salido rana?
    Lo que creo más bien es que algunas no saben lo que quieren, delegan el 100% de la responsabilidad en él, y luego lloran.

  3. BUENO EL ARTICULO. SON ESAS HISTORIAS DE “AMOR” QUE NO FUNCIONAN PORQUE EN REALIDAD NO ERA AMOR. HAY MILES DE ELLAS A DIARIO. EL PROBLEMA ES CUNADO HAY AMOR PERO HAY UN OBSTACULO FISICO COMO LO ES LA DISTANCIA. NO ERA SU DESTINO ESTAR JUNTOS SOLO ENCONTRARSE.

  4. Rosina ha dado en el blanco en su respuesta. Cuando lo estaba leyendo estaba pensando: no es amor.
    Y me chifla la frase de no era su destino estar juntos, solo encontrarse.
    Bravo!

  5. Charlaban Freud y Rilke (siempre queda correcto citar a alguien a quien no eres capaz de leer sin aburrirte) acerca del valor de lo transitorio y lo permanente. En el centro de la polémica: el valor de lo efímero representado por una flor primaveral.
    A Rilke le preocupaba la idea de que toda esa belleza estaba destinada a desaparecer, que en el invierno moriría, como toda belleza humana y todo lo hermoso y lo noble que los hombres crearon o podrían crear.
    Freud oponía un argumento quizá convincente para los defensores de las pasiones por encima de las razones: las cosas que duran poco tienen un valor más alto.
    Lo efímero de una noche, de una relación, de un trance fugaz con alguien no esperado es precisamente lo susceptible de darle valor a una experiencia como la de tu amiga. Pero al final también para tu amiga llega el día después. Y lo efímero no tiene ningún valor ante la realidad que significa ese muro del que hablas: una mujer que desea trasladar el alcance de lo efímero a lo perdurable, que no calcula las esperanzas que deposita, que no separa la belleza de la primavera de la dureza del invierno.
    ¿Freud o Rilke? Espero que tu amiga entienda el valor de una flor.
    P.D.: del pobre diablo que fue el pretendido de tu amiga mejor no hablar. Seguro que es muy mono, sutil y con muchas cosas inteligentes que contar. Lástima que luego no sea capaz de convertirlas en realidad.

  6. Iván, me ha encantado tu comentario, ¡por poco lloro y todo! desde luego que aportaciones como la tuya hacen que escribir un blog y contar cosas tan personales, aunque no sean de una misma, hacen que esto merezca la pena.
    No dudes que le reenviaré tu comentario s mi amiga.
    Besos,
    Lorena G.

  7. Anna, totalmente de acuerdo contigo con que el comentario de Rosina es genial.
    Gracias por vuestras aportaciones!

  8. Qué razón tiene Iván.
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  9. Hace unos momentos me topé con tu blog y husmeando un poco me encontré con esta entrada que de inmediato captó mi atención, supongo que la razón es que yo misma he experimentado más de una vez la agonía y el éxtasis… ahora mismo me encuentro inmersa en la agonía, creo que por ello al leer la entrada y los comentarios, decidí escribir algo a pesar de que han pasado varios meses ya desde su publicación, en fin…
    La historia de Marta no ha hecho más que ponerme a pensar en la mía propia (como si no fuera lo único que hago últimamente)… una maravillosa e inesperada historia con un hombre con el que tengo muchas cosas en común, con el que comparto gustos, valores, intereses, con el que compartí los momentos más extraordinarios, con el que sentí que algo se estaba forjando (éxtasis), pero que así repentinamente como apareció, se alejó “porque las cosas iban muy rápido, porque para él no era momento de tener una relación seria o formal” (agonía) y así como Marta, a pesar de repasar en mi mente una y otra vez cada momento, cada detalle, cada todo, no tengo ni idea de qué fue lo que pasó, todo parecía ir tan bien…
    La entrada de Iván a mí me ha provocado de hecho llorar… el co-protagonista de esta historia, como Iván, piensa que lo efímero de nuestra historia es lo que le da valor, que lo que tuvimos fue maravilloso, que fue lo que tenía que ser, pero terminó (“no era su destino estar juntos, sólo encontrarse”)… a mí, por otro lado, me ha llegado el día después y no sólo me preocupa que la belleza estuviera destinada a desaparecer, sino que me niego a creer que desapareció, yo deseo trasladar el alcance de lo efímero a lo perdurable, no calculé las esperanzas depositadas, no separé la belleza de la primavera de la dureza del invierno… y estoy muriéndome.
    Quisiera ser más como Freud y pensar que las cosas que duran poco tienen más valor.
    Mil perdones por descargar todo esto que me ahoga con ustedes.

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