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17
enero 10

¿Se puede vivir sin hombres?

Estoy harta de encontrarme este tipo de artículos en revistas de mujeres. El último que he leído es ¿se puede vivir sin hombres? Uff, qué pereza me dan. No me extraña que cuando un hombre se acerca a una de estas revistas, mal llamadas “de chicas”, salga corriendo.

A ver, ¿cómo que si se puede vivir sin hombres? ¿es que alguien necesita una respuesta a esa pregunta? desde luego que quien haya tardado más de 5 segundos en contestar, ya ha contestado…lo mismo digo para aquellos que piensan en ¿se puede vivir sin mujeres?
En mi (modesta) opinión, en esta vida se puede vivir sin muchas cosas, lo que pasa es que nos hemos vuelto tan materialistas, consumistas y posesivos que pensamos que no podríamos vivir sin cosas que, en realidad, son totalmente prescindibles.

No quiero desviarme del tema que ahora nos ocupa y que no es otro que “si se puede o no vivir sin hombres”. Para quienes no tengan la oportunidad de leer el artículo del que hablo, diré que se trata simplemente de una exaltación de la figura femenina como una mujer independiente, inteligente, segura de sí misma o, según Carmen Alborch y su definición de los “Neosolteros” que “son profesionales muy calificados, desenvueltos, competentes, seguros de sí mismos, y con un alto nivel cultural. No tienen por referente social la pareja, no quieren sufrir experiencias dolorosas o que los defrauden en el terreno del amor. Ahí queda eso.

Leyendo esto me doy cuenta de la cantidad de prejuicios que tenemos hoy en día ya que ahora resulta que es incompatible ser listo y tener pareja o tener éxito profesional con tener hijos o…En fin, que a lo que voy es a que me parece ridículo preguntarnos en pleno s. XXI si se puede vivir sin hombres o no (lo mismo para las mujeres). Otra frasecita tremenda del artículo es: “Y es que actualmente una mujer soltera tiene todo el mundo por delante”. Y ahora digo yo: ¿y la casada? ¿qué hacemos con ella?¿la matamos? total, la pobre, para lo que sirve…
Me considero una mujer independiente, culta y segura de mi misma y puedo decir que no necesito un hombre en mi vida para seguir viviendo (bueno, a ti sí Paco), pero…¿es que acaso hay alguien que no se sirva y se baste por sí mismo para seguir adelante?

Venga, para terminar, aquí os dejo los 10 consejos para aprender a vivir sin pareja que recomienda el artículo, y allá cada uno. De todas formas, esto me recuerda a los seminarios americanos en los que se reunen las mujeres solteras ansiosas por encontrar a su “yupi” perfecto:

1. No pierdas el tiempo deseando algo que no tienes en este momento.
2. Trátate como desearías que te tratara tu amante.
3. Abandona la idea de sentirte incompleta sólo por el hecho de no tener compañero.
4. Nadie te podrá quitar el amor que tú misma te puedas dar.
5. Buscar pareja es un hecho adictivo que suele conducir a relaciones insatisfactorias e incluso abusivas. Aprovecha el momento.
6. La soltería no es sinónimo de soledad o sufrimiento. Empieza a considerar un regalo el tiempo a solas.
7. El amor de nuestra vida comienza por nosotras mismas.
8. Vivir sin pareja no significa vivir sin amor. Se puede sentir amor por las personas que te rodean.
9. Vivir sin pareja no significa tampoco renunciar al sexo. Hoy en día se puede elegir tener una pareja sexual y no marital.
10. Y recuerda que aunque la soledad implique también carencias, es mucho peor la soledad en pareja.

Chicas: ¿podríais vivir sin hombres? Chicos: ¿podríais vivir sin mujeres? 

Todos: ¿no os parece ridículo?


21
octubre 09

¿En qué piensan los hombres?

 
 
Hombres.jpgEl otro día, en una de esas charlas profundas que de vez en cuando puedes mantener con un hombre, hablaba con mi amigo I., sobre el tema de las relaciones y cómo puede ser posible que, con lo sencillo que parece, hombres y mujeres estemos condenados a no entendernos.

Él, claro, por su visión masculina de todas las cosas, me planteó un argumento que así, a  priori, tiene toda la validez del mundo. “Lorena, querida, los hombres somos puzzles de dos piezas“. Yo, que adoro a mi amigo I., y que además es uno de esos hombres que suele ser bastante crítico con sus visiones sobre la humanidad en general y sobre el género masculino en particular, me daba de bruces por no haber caído antes en averiguar que la culpa de todo la tiene esa simpleza masculina que todo lo complica.

No, no me he vuelto loca. Aunque de aquí a unos cuantos artículos ya veremos… Pero en  realidad, creo que mi amigo I., así una tarde de lunes cualquiera, sentó precedentes en lo que a las relaciones hombre-mujer se refiere (o al menos esto es lo que parecía). Su máxima, esta: los hombres son simples (y no busques, porque generalmente tampoco piensan mucho).

Con un argumento de tal valor en mi poder, no pude evitar convocar una sesión de terapia con las chicas para plantearles lo que acababa de averiguar en la materia, por supuesto, necesitaba saber qué opinaban ellas sobre esta nueva teoría acerca de esa simpleza masculina que todo lo complica.

Yo creo que las chicas aún deben estar riéndose. No cuela. Este argumento masculino de yo-soy-súper-simple así que no-me-líes-nena, no coló con las chicas. ¡Ja!

En realidad yo no pude evitar sentirme como en mitad de un círculo vicioso de teorías conspirativas sobre los géneros y las relaciones. Entiendo a I., cuando dice que, en un hombre, “generalmente lo que ves es lo que hay, Lorena, no hay dobles lecturas“. Y también entiendo a esas chicas que en un momento de lucidez le sueltan a un hombre aquello de: “ni de broma me enamoraría de ti” y en el fondo la chica está colada hasta las trancas. Simpleza verbal contra las dobles lecturas tan típicamente femeninas. Ya estamos en el punto de las eternas batallas de sexos.

No quiero caer en los tópicos esos que hablan de que cuando una mujer te dice “” en realidad está pensando en que es que “no“, o que cuando dice “me gustas, pero no estoy enamorada“, en el fondo lo que piensa es que se muere de ganas de mirarle a los ojos y decirle “creo que me estoy enamorando” (pero que no lo hace porque sabe que si lo dices, él pensará que le estás condenando a la represión sentimental de por vida), así que tan simples no serán, digo yo.

Tampoco quiero caer en tópicos sobre hombres; vamos, que no quiero ni hablar de esos que no expresan sus sentimientos por miedo a lo que pueda pasar… Pero esto también es sólo un tópico. ¿No?

En cualquier caso, saber lo que piensa un hombre es casi tan difícil como saber lo que  piensa una mujer, pero en nuestro caso, yo no digo que seamos más simples, pero al menos sí que somos muchísimo más ingeniosas.

¿Qué pensáis chic@s?


13
julio 09

Las edades del hombre

hombreperfecto_sexoenmadrid.jpgLos tiempos están revueltos. Tengo una amiga de 28 años que sale con un hombre de 49 y tengo una de 37 que se muere por los adolescentes huesos de su universitario de 22. A mí el tema me resulta de lo más curioso, la verdad, con esto de las edades del hombre nunca se sabe.

Personalmente siempre me ha dado igual la edad del hombre con quien estuviera saliendo (aunque reconozco que siempre han sido mayores que yo). El caso es que eso de las edades en las parejas siempre ha sido un tema un tanto comprometido; si un hombre maduro se enamoraba de una de 25, ella era una lagarta y él un gentleman, en cambio, si la madura era ella y él un jovencito, la mujer es una aprovechada de narices. Afortunadamente las cosas han cambiado y este tipo de tópicos ya no lo son tanto, pero aún resulta curioso ver, por ejemplo, a mi amiga de 37 con su chico de 22, y no tan curioso ver a mi amiga de 28 con su hombre de 49.

Cuando trabajaba en Madrid, tenía una amiga que siempre comparaba a los hombres de verdad con los vasos de leche. Solía contar una anécdota en esas típicas ‘reuniones de chicas’, y decía que una vez quedó con un ex profesor de la carrera, que le gustaba muchísimo, para tomar una caña. El caso es que cuando se sentaron en una resguardada mesa del pub, ella pidió una cerveza en botellín y él un vasito de leche tibia, por favor. A partir de ahí, ella dejó de salir con tipos mayores con el argumento de que estaban ya de vuelta de todo, y a sus 33 años prefirió darse a la vida del adolescente, por aquello de que el botellón le ponía más que un vaso de leche tibia. No es necesario contar que esa fue la última vez que mi amiga y el profe se vieron.

Luego está ese pequeño segmento de hombres que se niega a hacerse mayor. Ya pueden tener 25 ó 33, que ellos creen que viven permanentemente en los 20. Es su edad feliz. Tradicionalmente este segmento no tiene un gran atractivo para las mujeres, pero suele coincidir en ser perfiles de hombres que tampoco están dispuestos a comprometerse con otra cosa que no sean los botellones en la playa y las timbas de poker los viernes por la noche con los colegas.

Y es que, como he dicho antes, con esto de los hombres una no sabe a qué atenerse. Lo mismo te buscas uno maduro porque te pone eso de que están más curtidos, tienen experiencia y no necesitan que les hagas un mapa de tu propio cuerpo para encontrar determinados objetivos y resulta que luego te sale rana con el rollo del vaso del leche o, por el contrario, te enamoras de un jovencito que lo más romántico que hace por ti es regalarte un anillo, pero no uno cualquiera… pero de esos que se llevan ahora. Menudo drama. Y es que con los hombres nunca se sabe… y no precisamente por su edad.

¿Qué pensáis vosotr@s? ¿Cuál es vuestra mejor edad?


8
mayo 09

Agonía y éxtasis


Agoniayextasis.jpgSí, ya lo sé, los nombres de los capítulos de la serie ‘Sexo en Nueva York’ siempre son un buen recurso para los artículos de este blog. Como sabéis, ‘Agonía y éxtasis’ es el título de uno de los capítulos de la exitosa serie. Y mira que yo soy una de esas personas que siempre se está quejando de las traducciones que se realizan del inglés al castellano, pero en este caso, lo clavaron. Me encanta el título. Creo que define muchas sensaciones.Y sobre sensaciones va este nuevo artículo.

 

Acabo de llegar de comer con una amiga a la que hacía tiempo que no veía, uno de estos planes que surgen de pronto y que salen redondos. Nos hemos puesto al día en una buena sesión de cotorreo, y además he aprovechado para invitarla a la fiesta que próximamente celebraré en mi casa (por aquello de que pronto es mi cumple).

 

El caso es que Marta, que así se llama mi amiga, me ha contado una historia con la que ha estado un tanto traumatizada; afortundamente poco a poco va remontando, pero pobre, ha experimentado aquello del éxtasis y la agonía.

 

Marta se reencontró de la forma más tonta a un amigo a través de internet. Él era director de una agencia en Madrid y ella justamente buscaba una agencia para poner en marcha un interesante proyecto en su trabajo, en Palma. Ambos se conocían de antes, como ya he dicho, pero sólo virtualmente, de otros proyectos en los que ambos habían estado involucrados.

 

Como era de esperar, el reencuentro fue genial y ambos encajaron de maravilla. Hablaban prácticamente a diario, primero a través de email y luego por sms y teléfono. Tanto en lo profesional como en lo personal tenían muchas cosas en común, y eso que ni siquiera se conocían físicamente. De ahí, y por resumir, por fin un día se pusieron cara. La iniciativa salió de él, cosa que a Marta le pareció perfecta. La química fue brutal.  A pesar de que entre ellos había un muro, por diferentes motivos personales, los dos sabían que sólo con un pequeño salto, podrían atravesarlo sin problemas. Y así fue. Se liaron. Y esto supuso el principio  del fin. Según Marta, nunca debió haber pasado, pero la química era tal que se hicieron una concesión, tenía que ocurrir, y así fue. Éxtasis.

 

Una situación complicada o el peor de los momentos hicieron que entre ellos volviera a aparecer el muro que consiguieron derribar, y hombre, no es por caer en los tópicos más feministas, pero no creo que sea muy bueno que haya hombres que se empeñen en comportarse como si aún tuvieran 20 años. Agonía.

 

A día de hoy Marta sigue reponiéndose del desengaño…Y claro, mi vena más periodísitica ha hecho su trabajo con un claro “¿Y qué crees que pasó?”.“Pues ni idea”, me ha contestado ella hoy. Y así, entre nosotros, no deja de asombrarme cómo habla ahora de él. Sin gota de rencor e incluso guarda un recuerdo bonito de esa historia, a pesar de que no sabe nada de él. Supongo que lo que él nunca sabrá es todo lo que ella hubiera hecho por él -confesado por ella misma-, así como creo que ella nunca sabrá qué pasó por la cabeza de él para actuar así. Es el momento del éxtasis. ¿O no?

 

¿Qué opináis vosotr@s?

 


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