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24
noviembre 08

Yo y mis circunstancias…

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Más vale tarde que nunca, eso es lo que pensé hace un par de meses cuando regresé de mi viaje a Australia. Dicho y hecho, en cuanto pisé suelo español, me fui, con maletas, chanclas y gorrito de playa, al gimnasio de al lado de mi casa. Y logré la hazaña que me había propuesto días atrás, apuntarme. 

Debe ser ya como la sexta vez que me apunto a un gimnasio, eso si, cada vez en uno diferente, para que no se note que soy “la de siempre que no va nunca”. La motivación me ha venido dada desde Australia. Tanto cuerpazo no es normal. Os puedo asegurar que no he visto tíos más buenos en mi vida… rubios, altos, esbeltos, de piel tostada, ojos azules, cachas, surferos…me quedo sin adjetivos. Por lo que se ve, y según mi Paco, pasa lo mismo con las tías, pero a ellas ni las nombro, que ya bastante suerte tienen.

El caso es que bien por admiración (a los tíos) o bien por envidia (a las tías) decidí que yo también podría lograrlo. Manos a la obra:

1. El cuerpazo. Apuntarme al gimnasio para rebajar las cartucheras, subir el culo y fortalecer brazos y piernas.

2. Tono tostado en la piel. Con el sol que tenemos en España, ayudado  con las modernas máquinas de rayos UVA, en un par de semanas me hago con un morenito que no veas (Por cierto Ana, gracias por la recomendación del autobronceador de C…, ¡es genial!)

3. Rubia, alta y de ojos azules: lo de rubia…bueno, con un buen tinte me hago un apaño y listo. Me temo que el problema está en que a mi edad ya me he estancado en mi 1,72 y lo de los ojos azules…¡que vivan las lentillas de colores!

En fin, que ahora sí que estoy preparada y mentalizada. Tanto, tanto que pienso amortizar todas las matrículas y mensualidades  de todos los gimnasios que he pagado y a los que no he ido  durante 6 años. Si ya se lo decía yo a mi Paco cuando me decía que estábamos tirando el dinero: ay mi amor, es que lo que necesito es motivación, y tiempo cari, tiempo, que siempre estoy de trabajo hasta arriba…¿me haces la cena, por fi?

 Y es que siendo sincera, lo del ejercicio físico nunca ha sido lo mío, y menos encerrada en un gimnasio. Para empezar es que yo sin mis tacones no soy nada, y ponerme en chándal con zapatos como que no pega. Además, no puedo correr en la cinta con el maquillaje puesto ya que empiezo a sudar a chorros y acabo con una cara que parece que acabo de rodar una escena de terror. Por otro lado, el fenómeno del desnudo femenino en los vestuarios como que no me va nada. Parece como que las mujeres se desinhiben en el gimnasio; se pasean desnudas de acá para allá como su madre las trajo al mundo, sin pudor alguno vamos.

En fin, que como os decía antes, hace un par de días me apunté al gimnasio. (Sí, sí… ya lo sé, se acercan las Navidades y no es buena fecha pero yo soy así, el mundo al revés).

¿Qué opináis? ¿Estáis apuntados a algún gimnasio? ¿Alguien me da la fórmula para acudir dos días seguidos y no desistir al tercero?


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