
Me cuesta creer eso en lo que últimamente se han empeñado todas la mujeres en pensar, lo siento, no me convencen. No me creo que el romanticismo haya muerto. Tal vez pasado de moda, pero no muerto.
Modas a parte, yo sigo siendo de esas personas a las que le encantan las tardes de cine lluviosas (y no me importa mojarme los pies, salvo que lleve mis ‘manolos’, claro), una persona que no se cansa de ver una y otra vez Casablanca, que sigue llorando cada vez que disfruta de La Traviata, en definitiva, una mujer que todavÃa cree en que, cuando un hombre ama de verdad, no hay nada que le detenga.
Una de las caracterÃsticas que nos distingue a las mujeres del siglo XXI es la necesidad de no endulzar nuestra vida con ¿tonterÃas? semejantes a las anteriores citadas. Las mujeres de hoy en dÃa nos hemos creado un papel en que no necesitamos que un hombre esté a nuestro lado para querernos, respetarnos y cuidarnos. Nosotras ya no necesitamos eso. Pero, yo me pregunto, ¿hemos acabado por conformarnos con una existencia desnatada? tomamos sacarina en lugar de azúcar, intercambiamos emails en lugar de cartas e historias tontas en lugar de poemas. Es por esto por lo que cuando nos encontramos con el romanticismo, no podemos digerirlo, pero…¿serÃamos capaces de volver a sentir como propios esos romances de pelÃcula o sufrimos de intolerancia al romance?
Quiero que quede claro que con todo esto no me estoy refiriendo al romanticismo de rosas, corazones y anillo en el dedo. Me refiero a la forma de amar y respetar que tenÃan esos auténticos caballeros de las pelis de los años 50. Creo que no me equivoco si digo a que a todas nos gustarÃa que Cary Grant nos mirara como a Ingrid Bergman en Encadenados (Hitchcock, 1946) o como Spencer Tracy adoraba a Katharine Hepburn en La Costilla de Adán (George Cukor, 1949), y estoy más que convencida, de que a esas mujeres que creen tener alergia al romanticismo, también están incluidas en el lote.
Las mujeres siempre estamos pensando en que deberÃamos tener trabajos perfectos, vidas perfectas y maridos perfectos pero, ¿cómo distinguir lo que podemos hacer de lo que debemos hacer? ¿por qué nos supera tanto lo que “deberÃa ser”?
La otra mañana logré escaparme de la oficina y desayuné con un grupo de amigos que hacÃa tiempo que no veÃa. Os podréis imaginar cuál fue el tema entre café y café. Pero lo cierto es que tras una densa conversación entre mujeres, hombres y viceversa, está claro que, en cuestiones de romances, estamos condenados a no entendernos. ¿Será que las historias más reales son sólo las que vivimos en le cine?


Ruth Indaga es, en realidad, Lorena G. DÃaz, una joven periodista riojana que una vez se fue a Madrid para ganarse la vida...y después de 7 años, ahora vive en Palma de Mallorca (¿da envidia, eh?). He trabajado para Onda Cero, El Confidencial Digital, Terra Networks...Actualmente trabajo para el grupo Vocento. Mi blog, "Sexo en Madrid", es un espacio abierto a la ironÃa; no creas todo lo que lees. ¡Bienvenido!