Me encuentro FELIZMENTE de compras en el almacén de la cadena estadounidense Neiman Marcus cuando repentinamente suena el móvil. Una voz me pregunta:- ¿Miss Fleishman, are you coming? (Señora Fleishman, ¿viene en camino?)
Sin dudarlo respondo, – claro, estoy por llegar.
Esta llamada hizo que recordara la cita con una persona muy importante en la escuela secundaria donde estudia mi hija.
Nate es un niño norteamericano de trece años de edad. Tiene unos ojos preciosos de un color azul intenso que parecen cambiarle en los días de invierno. Es huérfano de madre. El tenía nueve años cuando murió de una sobredosis de drogas. Soy su mentora.
El día de hoy, último para las escuelas en Estados Unidos antes de la Navidad, con paso apretado me dirijo a la oficina de consejería para compartir mi tiempo semanal con él. Le encuentro en un pequeño cubículo sus codos apoyados sobre la mesa y con ambas manos sosteniendo su cabeza.
-¡Nate! There you are! (estabas aquí) te he buscado por toda la escuela.
La forma en la que sus ojos me miran al verme llegar, inmediatamente hace que mi corazón se llene de ternura.
-Bueno, ¿qué me cuentas?
Noto que lleva puesta una playera que probablemente sacó de un puñado de ropa y que además tiene algunos agujeros. Esto me conmueve. Ya lo sabes, las madres vemos lo que otros no pueden.
-Hoy me siento triste. Me dice.
-¿qué ha pasado? Le pregunto.
-Es que mi papá y su novia rompieron y mi papá la ha corrido de casa.
-¿Cómo te hace sentir esto? Le pregunto.
-Pues no quería que sucediera así, no cerca de la Navidad. Y agrega, perdí a mi perro por estas fechas el año pasado y también a mi abuelo y ahora esto. Todo esto sucks (duele) me dice.
Mi mundo entonces se reduce a este niño, y mis compras en Neiman Marcus me parecen una gran frivolidad…
¿Decíamos que la Navidad es estar en familia? ¿gozar a los abuelos y a los amigos?; ¿repartir regalos? Abrazar a papá y a mamá?
Esto no es lo que Nate vivirá este año y seguramente unos tantos millones de niños más.
Trato de mirar la carita de este niño con intención amorosa, con intención que diga, “eres amado, eres alguien en el mundo, eres valioso aún y cuando las circunstancias de tu vida no sean las que pensamos son las circunstancias de todos los niños en el mundo. TODO VA A ESTAR BIEN.
Antes de irme quiero dejar en Nate, alguna sensación de alegría, de ánimo, de actitud positiva, pues sé bien que no la pasara nada bien y decido enseñarle una frase en español: “SERE FELIZ“. Lo hago repetir la frase y en un arrugado trozo de papel de color amarillo , escribe la pronunciación en inglés de “SERE FELIZ”
Haciéndole prometerme que en esos días de Navidad en los que se sienta “blue”(triste), el repetirá una y otra vez en español “SERE FELIZ”.
Nos despedimos con un Feliz Navidad, sin un abrazo. Los límites en las escuelas estadounidenses deben ser respetados y este contacto físico no es algo que un mentor pueda tener con su estudiante.
Pienso en Nate como el hombre del futuro, como el hombre que carecerá o gozará de una sólida identidad para la vida. Entonces pienso que estuve a punto de perder mi encuentro con él y la opOrtunidad de humanizarme, al andar envuelta en mis propias ilusiones y compras de Navidad. Me doy cuenta, que la Navidad es en realidad otra cosa y que hoy con esta acción de tan sólo media hora hice feliz a un niño, supo que es importante para mí y que puede contar conmigo y esto es de alguna manera NAVIDAD. Creo que me voy a ir a rezar.

Sheila Morataya, coach de vida, escritora y conferencista aplica su experiencia en temas femeninos y familiares para ayudar a mujeres a encontrar el amor, la felicidad y el éxito. Ha estudiado asuntos de la mujer y la familia y tiene un Máster en Matrimonio y Familia. En este blog Sheila explora la brújula interior de cada persona, los valores en la vida, el trabajo, el romance, el matrimonio y la familia. Sheila te invita a encontrar esa fuerza interior que transforma tu vida. Visita 