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diciembre, 2008


19
diciembre 08

SERE FELIZ EN NAVIDAD

Me encuentro FELIZMENTE de compras en el  almacén de la cadena estadounidense Neiman Marcus cuando repentinamente suena el móvil. Una voz me pregunta:- ¿Miss Fleishman, are you coming? (Señora Fleishman, ¿viene en camino?) 

Sin dudarlo respondo, – claro, estoy por llegar.

Esta llamada  hizo que recordara  la cita  con una persona muy importante en la escuela secundaria donde estudia mi hija.

Nate es un niño norteamericano de trece años de edad. Tiene unos ojos preciosos de un color azul intenso que parecen cambiarle en los días de invierno. Es huérfano de madre. El tenía nueve años cuando murió de una sobredosis de drogas. Soy su mentora.

 

El día de hoy,  último para las escuelas en Estados Unidos antes de la Navidad,  con paso apretado me dirijo a la  oficina de consejería para compartir mi tiempo semanal con él. Le encuentro en un pequeño cubículo sus codos apoyados sobre la mesa y con ambas manos sosteniendo su cabeza.  

-¡Nate! There you are! (estabas aquí) te he buscado por toda la escuela.

La forma en la que sus ojos me miran al verme llegar,  inmediatamente hace que mi corazón se llene de ternura.

-Bueno, ¿qué me cuentas?

 

Noto que lleva puesta una playera que probablemente sacó de un puñado de ropa y  que además tiene algunos agujeros. Esto me conmueve. Ya lo sabes, las madres vemos lo que otros no pueden.

-Hoy me siento triste. Me dice.

-¿qué ha pasado? Le pregunto.

-Es que mi papá y su novia rompieron y mi papá la ha corrido de casa.

-¿Cómo te hace sentir esto? Le pregunto.

-Pues no quería que sucediera así, no cerca de la Navidad. Y agrega, perdí a mi perro por estas fechas el año pasado y también a mi abuelo y ahora esto. Todo esto sucks (duele)  me dice.

 

Mi mundo entonces se reduce a este niño, y mis compras en Neiman Marcus me parecen una gran frivolidad…

 

¿Decíamos que la Navidad es estar en familia? ¿gozar a los abuelos y a los amigos?; ¿repartir regalos? Abrazar a papá y a mamá?

 

Esto no es lo que Nate vivirá este año y seguramente unos tantos millones de niños más.  

Trato de mirar la carita de este niño con intención amorosa, con intención que diga, “eres amado, eres alguien en el mundo, eres valioso aún y cuando las circunstancias de tu vida no sean las que pensamos son las circunstancias de todos los niños en el mundo. TODO VA A  ESTAR BIEN.

 

Antes de irme quiero dejar en Nate, alguna sensación  de alegría, de ánimo, de actitud positiva, pues sé bien que no la pasara nada bien y decido enseñarle una frase en español: “SERE FELIZ“. Lo hago repetir la frase y en un arrugado trozo de papel de color amarillo , escribe la pronunciación en inglés de “SERE FELIZ”

Haciéndole prometerme que en esos días de Navidad en los que se sienta “blue”(triste), el repetirá una y otra vez en español “SERE FELIZ”.

 

Nos despedimos con un Feliz Navidad, sin un abrazo. Los límites en las escuelas estadounidenses deben ser respetados y este contacto físico no es algo que un mentor pueda tener con su estudiante.

Pienso en Nate como el hombre del futuro, como el hombre que carecerá o gozará de una sólida identidad para la vida. Entonces pienso que estuve a punto de perder mi encuentro con él y la opOrtunidad de humanizarme, al andar envuelta en mis propias ilusiones y compras de Navidad. Me doy cuenta, que la Navidad es en realidad otra cosa y que hoy con esta acción de tan sólo media hora hice feliz a un niño, supo que es importante para mí y que puede contar conmigo y esto es de alguna manera NAVIDAD. Creo que me voy a ir a rezar.


16
diciembre 08

Por estos días me cuestiono…

Amiga, ¿te has dado cuenta que me he pasado los días sin escribir? ¿Te pasa a ti que cuando no te sientes bien contigo misma y con la forma en la que va tu  vida tiendes a alejarte del mundo?  ¿ya sabes por dónde voy? Pues así es, por alguna razón , a muchas mujeres, millones diría yo, en los días cercanos a la Navidad nos llega el famoso síndrome de “melancolía navideña”. Es funny,  cada año  pienso que lo he superado, pero cuando menos lo siento, estoy encerrada en casa como una avestruz; se me antoja quedarme pegada a las sábanas y me da por comer chocolate tras chocolate.  Las cinco libras que baje con tanto esfuerzo ahora  se multiplicaron por diez! Me deprimo.

De repente,  con su carita ilusionada y en su mano derecha una página blanca llena de letras , llega mi pequeña de 11 años a mostrarme su lista de deseos para la Navidad.

La niña ha escrito: -una laptop Mac , un Ipod touch, una bolsa de Juicy Couture, el  juego Wii  de guitarra  Héroe, un teléfono iPhone 3 G en color negro. Además  diez cd de cantantes con su música favorita y la lista no para ahí.

Leyéndola le pregunto: -o.k ¿cuáles son las tres cosas que más te gustaría tener de esta lista?

Abre sus enormes ojos color miel y me dice: -mami, debes estar bromeando, i want all of them (lo quiero todo).

 

Trato de respirar hondo y de hacer caso omiso a la extraña sensación que invade mi cuerpo: la guerra  del materialismo acaba con mis fuerzas. Mi niña esta siendo bombardeada de derecha a izquierda, por delante y por detrás, a través de la Internet y la radio; por medio de los anuncios en la televisión….  pienso en todo esto cuando la escucho decirme con vehemencia: mami , i really need todo eso.

 

 

Que cosa, la maravillosa magia de los medios de comunicación te deja muy poco espacio para  para explicar a un niño de once años que esta época de fiestas y de regalos es además una época :

-para pensar más  en los demás

-para servir a aquellos que tienen menos

-para vivir con intensidad la dicha de tener una familia.

-para acercarse a Dios.

 

Suspirando, me remonto al día sábado por la mañana, cuando visitamos y fuimos  testigos de la experiencia de aquellos niños que materialmente no son privilegiados  y le pregunto a Lizzy , ¿recuerdas todos esos niños a los que estuvimos repartiendo juguetes en celebration of love?

- yeah, me responde.

- pues ¿qué tal si imaginamos que somos una familia numerosa y nos limitamos a escoger dos o tres cosas de esa lista? ¿qué tal si pensamos un poco en los demás? Y ¿qué tal si el iPhone que quieres lo compramos para darlo a uno de esos niños que no tienen tanto como tienes tú?

¡Noooooo!, yo lo quiero todo para mí. Yo necesito todo.

Da la vuelta y se va.

Mientras tanto pienso , ¿en qué momento de esos que salgo a la calle puedo dejar de clavar mis ojos en esa valla publicitaria que me invita a comprar ese maravillos bolso? ¿en qué momento cuando enciendo la televisión puedo hacer que desaparezcan los comerciales que ponen frente a mis ojos esos diamantes? ¿Cómo cierro los ojos y me hago sorda a todo ello? ¿cómo logro que mi hija interiorize en su corazón el valor divino de lo humano, antes que la magia de los objetos materiales se haga más fuerte?  

 ¿Estoy en realidad yo misma dando un buen ejemplo?

 

Creo que voy a ponerme a pensar sobre estas cosas por estos días. Es duro. Sin embargo la conciencia empieza a despertarse.


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