Eres una rosa. Asà te veo. Una rosa esplendorosa. Asombrada te observo crecer todos los dÃas a lo largo del verano . Te imagino como aquel proceso que cada rosa va a experimentar y la cual será fruto de los cuidados y mimos de su dueña.
Se siembra la semilla en la tierra, se le da agua , abono, se le habla con cariño . Se pone toda la esperanza y el amor en ella. Todos los dÃas, su jardinera se asoma para ver su evolución y su crecimiento. Y ¡qué alegrÃa cuando se ve asomar el botón por primera vez! Entonces, vigilante se espera, se espera y se espera.
Hasta que por fin un dÃa , una mañana perfecta, ves a tu rosa abierta, floreciente, con sus pétalos estirados y frondosos recibiendo el sol. Eso eres para mà en este instante de tu vida, mi rosa, que a sus trece años florece exquisitamente. Mi rosa cuyo tallo, percibo es fuerte, al observar tu postura ante la vida ; cuya personalidad se ha visto embellecida por medio de la seguridad que veo en tus acciones y en la que la inocencia sigue ahÃ, como intacta pues aún quedan muchas cosas de niña en tÃ.
Me encanta ver que todo ese cuidado, nutrientes y paciente observación ahora dan como resultado una joven que sin lugar a dudas se siente única e irrepetible en su identidad. Me gusta ver tu felicidad, tu espÃritu de competencia y tu liderazgo. Me encanta ver que seas, ROSA entre las rosas.
Es verano, y las rosas en nuestro jardÃn florecen y florecen. Están todas hermosas. Es verano y eres la más bella de todas mis rosas, la más esplendorosa, esa que ha florecido ”over the summer” (a lo largo del verano).
¡Seguimos juntos hacia el éxito.
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¿Que ya nadie cree en el matrimonio? ¿Que lo importante es estar juntos y no el papel que se firma? Que para afirmar el amor no es necesario casarse? Nada nuevo que existan millones que piensen asÃ, sin embargo, hemos sido millones de millones los que hemos seguido de cerca, la batalla de amor, el tan esperado anuncio, el anillo de compromiso, las compras en ParÃs y la inolvidable boda en el paÃs de Suecia, de la Princesa Victoria y su prÃncipe azul Daniel. Aquel hombre al que conoció en un gimnasio! Aquel que se convirtió en su entrenador personal y después en su entrenador del corazón; el hombre con quien la princesa aprendió a amar. ¡Ahhh! Una verdadera historia de amor que culmina como debe de ser: un matrimonio para dar cobijo a quienes son poseedores de la más altÃsima dignidad: los hijos, sus hijos. 
Sheila Morataya, coach de vida, escritora y conferencista aplica su experiencia en temas femeninos y familiares para ayudar a mujeres a encontrar el amor, la felicidad y el éxito. Ha estudiado asuntos de la mujer y la familia y tiene un Máster en Matrimonio y Familia. En este blog Sheila explora la brújula interior de cada persona, los valores en la vida, el trabajo, el romance, el matrimonio y la familia. Sheila te invita a encontrar esa fuerza interior que transforma tu vida. Visita 