Sandra Ibarra, el milagro de convertir el dolor en amor

Ahí van calle arriba, de la mano como dos novios enamorados. Ahí van: ella con la melena rubia al viento con su edad formidable -recién cumplidos los cuarenta-, castellana y de Medina del Campo como la reina Isabel: elegante, con aire de modelo, sonriente, repartiendo vida. Da gloria verla, aunque le quede en la ojera, a veces, de tanto tenerlo cerca, esa huella que hace más hermosa a la mujer, más fuerte, más amada.

Él va a su vera, o ella al lado de él, aunque son dos sensaciones distintas van juntos, unidos por un lado bien visible, más que reunidos, el uno imposible sobre el otro. ¡He escrito de tantas mujeres a lo largo de mi ya larga vida de cronista de lo que ocurre a nuestros alrededor! Tan humana y tan divina ella, tan buen profesional este madrileño hijo de asturianos. Se le nota (y para bien como siempre) su pareja de hace muchos años, Juan Ramón Lucas. Al que en cuanto puedo, aunque milite en otro sitio, escucho en las mañanas de Onda Cero, donde estuve tanto tiempo. Me gusta lo que hace y cómo lo hace y veo detrás la mano de mi buen amigo, de verdad, mi maestro Lorenzo Díaz, manchego de Infantes -que no todo el mundo tiene esa suerte-… Total, que me entretengo: sé más y además aprendo.

Los dos van de la mano, él ya con el pelo plata, más hecho, mas derecho y ella ahí, estrecha la cintura aunque hace frió y se envuelve en ese abrigo que más que ceñirla la toma por la cintura, cosa que solo saben hacer las mejores maniquíes.

Total, que entre los dos han escrito un libro tan precioso como preciso y tiene un nombre directo: Diario de vida y una edición exquisita. Lo ha editado Amazon y se lo recomiendo inmediatamente, cosa que ustedes saben que yo no hago habitualmente, aunque escriba de los que escriben en los miles de blog que hemos enviado a través de esta misma casa y para todo el mundo, desde Hola.com hace ya no sé cuánto tiempo.

27 historias bien contadas con el pulso del periodista que ha buscado tantas veces, ¡y las que le quedan! La crónica de la vida en todos los medios, Lucas, gran maestro en la prensa, en la radio, en la televisión. El libro es una joya y además es un libro solidario que sirve para una buena causa, un libro que lleva el prologo, bellísimo y emocionante, de ella, de Sandra, la mujer que no solo sobrevivió al cáncer por dos veces (y de la sangre) y que el lleva hueso de su hermano en su médula, la mujer que incluso no quiso esconder su hermosa cabeza desnuda para luchar no solo contra el mal, sino contra su larga, larguísima consecuencia. Sandra, bella Sandra, que a través de su fundación, ayuda, defiende y pelea, contra tantas cosas. Es embajadora merecida de su postura, de su causa, de la ayuda a través de tantas cosas tanto en lo que se ve como en lo que no se ve, solidaria. Lo dicho arriba, sabe cómo hacer el milagro, porque es un milagro convertir el dolor en una forma de dentro fuera, de fara dentro en el amor.

Gran causa, gran libro, gran historia de tantas historias. Sandra, a la que vi llegar a las doce cuerdas del éxito, sencillamente sonriente hace años… tan joven, pero ya tan fuerte. Y de pronto, el enemigo escondido en un rincón del ring de la vida, siempre tan atento a la carne joven de la belleza. Pero ella, que convivió con él, se sobrevivió a sí misma y convirtió su historia en una lección formidable por dos veces, insisto. Sandra Ibarra, que dice que su política es la ética y que no se enferma del cáncer, sino que te hace mas fuerte. A veces, su propia palidez, su rostro  tan lindo, es el más bello espejo de tu propia vida -que en ocasiones se transparenta-, aunque aquel día me dijera la dama que promocionaba la belleza del rostro, que ”la cara no es el espejo del alma”.

Sandra Ibarra, capaz de demostrar lo contrario, como que el dolor incluso embellece. Culta, resuelta en su fundación, alimentando ilusiones siempre. Un día se vino a Madrid desde Medina de las Altas Torres a estudiar Periodismo y Comunicación y ahora es profesora en su medio, porque su mensaje es directo, desde dentro, verdadero, sufrido y convertido en horizonte.

En fin, que hay que comprar ese libro, mañana, hoy, y ayudar a la pelea de esta pareja como de novios que pasean sobre las hojas secas del parque de esta ciudad grande, y que a veces parece suicida. Ahí van los dos, Juan Ramón y Sandra cuerpo a cuerpo después de ese libro que han escrito los dos. Alma con alma, los dos lados de la moneda de la solidaridad, oro puro, recomendable. Él, como si siguiera a esta hora pasada la mañana tras la inmensa pecera de su comunicación con el mundo; ella, como si paseara su más reciente modelo, hierro vertido de seda por la pasarela de esta vida que vivimos, sobrevivimos y a veces como ella, convivimos, y así desde hace ya casi quince años. Ella, capaz de haber dicho mirando a los ojos de todas las mujeres, (y también los hombres, claro) del mundo entero.

-Hay vida después del cáncer.

Y además, en este tiempo de las palabras vacías, de los pensamientos huecos,  Ibara-Lucas son capaces de demostrarlo. Ese es el milagro.

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