Día del orgullo hetero

Este fin de semana celebramos, de nuevo, el Día del Orgullo Gay. El año pasado publiqué un texto que he releído de nuevo hace un rato y que me gustaría volver a recordar aquí porque creo que cada palabra tiene exactamente la misma vigencia que el año pasado. Es un texto en el que hablo desde mi experiencia, dando una opinión muy subjetiva y buscando el máximo respeto. Porque al final de eso va la cosa: de respeto. De respetar a la gente que es como tú.. y a la que no lo es. Pero bueno, no me enrollo más con el preludio. Esta es mi opinión sobre el Día del Orgullo Gay (LGTB).

“¿Para cuándo el día del orgullo hetero?” Pocas frases más vacías, más casposas y más cobardes que esta. ¿Orgullo hetero? ¿Orgullo de qué? ¿De que jamás se te ha perseguido ni se ha condicionado el 100% de tu vida personal por haber nacido diferente a lo mayoritario? ¿Orgulloso porque nunca has tenido que vivir toda tu vida ocultando a quién amabas o hacia quién te sentías atraído porque eso podía suponer un fulminante encarcelamiento, detención, rechazo o expulsión del núcleo familiar? ¿Orgulloso porque tu condición sexual te ha permitido siempre dar la mano a tu pareja por la calle, robarle un beso en el semáforo o pasear con tu bebé en el carrito, una tarde cualquiera, por el parque del Oeste?

 

Voy a explicarle algo (al menos lo voy a intentar con ganas) a todos aquellos que, por preceder sus afirmaciones con un “yo acepto a los gays, de hecho tengo varios amigos”, se permiten terminarlas con esa coletilla que hace que todo valga, la conjunción que anuncia que vienen curvas; el cruci de los adultos: “PERO“. “A mí me parece que los gays tengan su día, pero…”.

Amigos míos, el Día del Orgullo no nace de la noche a la mañana. No nace porque un grupo de gente tenga ganas de fiesta, de subirse a carrozas, de cantar en un escenario con boas en el cuello y de hacer carreras de tacones. El colectivo que abandera el Día del Orgullo lo hace porque miles de ellosllevan años, años y años de silencio, miedo y oscuridad; teniendo que reunirse donde nadie pueda verlos, donde sean invisibles a los ojos de “la gente normal”, donde puedan llevar sus prácticas sucias y abominaciones lejos de los ojos de nuestros regios hijos heteros. Esta gente que hoy sale a la calle a cantar, a reír y a darse abrazos y besos sin miradas censoras de intimidación y repulsa, llevan decenas de años llorando muchas noches porque están absolutamente atrapados entre lo que sienten y lo que pueden decir, años en los que buscan con miradas cómplices lo que no pueden arriesgarse a decir con palabras.  Años en los que decir “me gusta Alberto, Sonia o Christian” han ido ligados a perder a su padre o su madre, a insultos en el colegio, desprecios en la mesa de trabajo y despidos despiadados porque un jefe no ha sabido entender de qué va todo esto.

El Día del Orgullo es y será necesario mientras en una plaza de Almería dos parejas gays sean reventadas a patadas porque “los invertidos de mierd** estos no merece vivir”. Será necesario mientras en salones de este país los niños sigan oyendo “¿cómo van a adoptar un niño dos tías? Eso es contra natura”. Y es y será MUY necesario mientras haya gente a la que le moleste y le ofenda más ver a un chico sin camiseta y con tanga cantando “a quién le importa” que las 2600 personas que solo en Madrid duermen cada noche en la calle, o los decenas de miles de irakíes, iraníes, palestinos, somalíes  o congoleños que jamás sabrán lo que es vivir 40 años sin guerra, sin mutilaciones indiscriminadas entre tus vecinos; que jamás sabrán lo que es tomar un helado de chocolate dando un paseo por la avenida marítima y que nunca podrán bajarse un juego nuevo porque no tendrán ningún dispositivo electrónico donde hacerlo.

La aceptación lleva tiempo, educación y diálogo. Implica conocer aquello que se intenta aceptar y el esfuerzo de querer hacerlo. Sin estos ingredientes, seguiremos pensando que alguien que siente que ha nacido con un sexo que no es el que le ha correspondido es una persona “enferma” o que “algo tiene que tener porque eso no es normal”. España, mi país, ha cambiado mucho, y hoy os aseguro que me siento un poco más feliz de ver cómo decenas de amigos míos tienen la libertad, aunque sea solo por unas horas, de sentirse como yo. De sentir que hoy “todo vale”. Que hoy las marquesinas hablan de ellos, los carteles les dan la bienvenida, y las revistas les dan voz y una manera de expresarse. Hoy, amigos, es vuestro día: salid a cenar, subíos a escenarios de todo el mundo, bailad y abrazaos. Por vosotros, porque os lo merecéis, y por todos aquellos que hoy seguirán llorando en su cama incapaces de entender por qué “esto les está pasando a ellos”.

Feliz Día del Orgullo.

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