Ibiza

Como ya os he contado (o no, que ya no sé qué cuento y qué no cuento, que mi vida digital se mezcla mucho con mi vida analógica últimamente y hay amigos a los que les he contado siete veces mi verano mientras que otros no saben de mí desde 2012 porque me creo que todo el mundo tiene ya Instagram y se sabe mi vida de memoria), acabo de pasar una semana en Ibiza. Y pasar una semana de agosto en Ibiza significa dos cosas inevitablemente: gente y dinero. Porque claro, si quieres estar en una isla que lo tiene todo y en la que además todo el mundo quiere estar, pues la ley de oferta y demanda hace que haya un pequeño colapso.

Dicho esto, nosotros tuvimos la suerte de encontrar un hotel que acaba de inaugurarse este año y en el que nos hicieron un hueco para quedarnos unas noches, el Hotel Las Mimosas. Está en San Antonio (al oeste de la isla), y ahora a continuación os dejaré unas fotos y el enlace por si queréis cotillear un poco 🙂

Por otro lado, además de tener calas extraordinarias y un color de mar que ya quisieran todos los que viven al norte de Europa, la isla tiene otras bondades quizá menos obvias, así que aproveché los días para hacer alguna que otra actividad más: monté en caballo por segunda vez en mi vida, abordé una colchoneta gigante con forma de pato propiedad de dos niños de 8 y 11 años respectivamente, me perdí por uno de los caminos rurales de la isla mientras me quedaba sin gasolina buscando la carretera principal (es lo que tiene confiarle tu vida a Google Maps y quedarse sin batería de repente), me llevé -sin querer, eso sí- un paquete de dos Donuts del Mercadona de Santa Eulalia (o sea, técnicamente lo robé). Y estuvimos en un par de “beach clubs” (que son como los antiguos chiringuitos de playa pero con música más alta, más caros, con sombrillas y hamacas blancas, y con chicos con muchos músculos haciendo las veces de camareros) pasando el día. Ah, y estuvimos viendo las que, para mí, son las mejores puestas de sol de Ibiza, desde el Hostal La Torre. Si alguien pasa por la isla en lo que queda de verano, que no deje de acercarse a ver la puesta. Se puede ir a tomar una bebida mientras cae el sol o a cenar: ambas cosas merecen la pena.

Panorámica del Hostal  La Torre.  Brutal atardecer. 

Así que fueron cuatro días de lo más aprovechados. Eso sí, mucho “Ibiza es solo fiesta, Ibiza es solo fiesta”, y yo no salí ni un día. Ni uno!! ¡Con lo que yo he sido! Que en mis tiempos mozos he salido más que el camión de la basura.. En fin, lo dicho: otros tiempos.

Y bueno, no me enrollo más. Os dejo fotos de estos días!!

Panorámica de la piscina en el Hotel Las Mimosas, en San Antonio, Ibiza. 

Otra panorámica.. .XD

Vista de nuestra habitación: es muy ibicenca, como podéis ver. Todo el Hotel Las Mimosas tiene una estética uniforme con tonos claros donde abunda además la madera, los colores blancos y ocres, y la estética minimalista y funcional. Una pasada, vamos. 

Esta especie de helicóptero circular es una burrata de la que ahora mismo solo queda un bonito recuerdo…

Y también nos comimos un arroz (para dos) del tamaño del islote de Es Vedrá. Mare mía qué rico.

Y esto ha sido todo por hoy, queridos. Besotes y buen finde!

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