Sinatra: adiós hace hoy 20 años

No esta hecho a caso hecho, les doy mi palabra de honor -que aún me queda a pesar del tiempo transcurrido-, pero podría. Lo digo y lo pienso, por eso lo escribo. Tal vez, teniendo en cuenta que el sábado fue Eurovisión, que hay gustos para todo, y ya conocen los resultados, lo cierto es que hoy mismo, 14 de mayo del año 2018, hace veinte años que se nos fue, menos mal que no del todo, el mismísimo Frank Sinatra, una de las más grandes voces, grande no por fuerte sino por única, que hasta el día de la fecha diera el planeta llamado tierra al que aún pertenecemos a pesar de que haya tantos, podría dar sus nombres empeñados en terminarlo de una vez por todas.

Porque le conocí, y personalmente. Puedo contarles hoy que un día en Palm Spring, su casa en el desierto, tan cerca de las Vegas, el señor Sinatra, La Voz, me descubrió de lo que me sentí orgulloso y ademas lo conté en su día, que Julio Iglesias era su sucesor, sin duda.

Y lo cuento, precisamente hoy después de leer que nuestro Iglesias de toda la vida con casa aún abierta en el sur de España, prepara una nueva y última gira musical por todo el mundo, menos por este país, que es el suyo, y donde, piense él lo que piense, le queremos tanto.

Bueno, pues después de lo del sábado en Lisboa, en la que se vio de todo lo visto y no visto, más que atreverme a dar mi opinión, que la tengo sin duda, porque ademas aguanté entero el espectáculo, lo cierto, es que lo que haré será recordar a aquel Sinatra, feo pero bello, como alguien dijo, del que hoy lloramos, por lo menos yo, su pérdida, hace ya veinte años y parece que fue ayer cuando se nos fue “aquel que en la música fue considerado el más grande”.

Les cuento que cuando aquella que fue la mujer a la que más amó, que amó a muchas, Ava Gardner, volvía de la dura noche de Madrid, cuando por aquí estaba rodando, nunca mejor dicho, aquella que fue llamada “la mujer mas bella del mundo”, cosa de la que doy fe por que más de una vez en acto de servicio siempre por mi parte, la tuve a menos de un metro de distancia, cuerpo a cuerpo, cara a cara, aquella hermosa dama, que cuando regresaba de su ruta por las estrellas, reina de copas, siempre, con los zapatos de tacón en la mano, descalza y con las medias rotas, aquellas de cristal inolvidables, entonces aún no se les llamaba aunque ya casi lo eran tacones de aguja, Ava, subía al primer piso del chalet que vivía, cerca de la fuente de los Delfines de Madrid y ponía a todo trapo, con toda la fuerza del mundo en su tocadiscos último modelo, New York New York, aunque él que dormía cerca era ni más ni menos que aquel Luis Miguel Dominguín, el toreador más grande, muerto Manolete, claro, con el  que últimamente vivía la vida a tope y con los seis sentidos, que los cinco ya eran más que suficientes.

Aquel Sinatra, que siempe viajaba en su avión ya personal, que entonces había muy pocos, con veintisiete peluquines en sus sombrereros, lo primero que subía a bordo, cosa que cuento no con ánimo de criticar sino para que se sepa de una vez por todas que aunque era feo, muy feo, estatura mediana, algo así como uno setenta, la verdad es que sabía muy bien quién era porque no había imperio que se le resistiera si te cantaba al oído alguna de sus hermosa, insisto en la palabra únicas, canciones.

Sinatra, un par de veces le di la mano, que siempre lo hacía sin darte importancia alguna, ni falta que hacía ya que era una de las más relumbrantes figuras del planeta de la fama. Insoportable, inaguantable es verdad, insufrible hasta lo imposible, pero eso sí, siempre aureolado porque tenia resplandor por su voz divina, sin lugar a dudas. Incluso le vi bien cerca haciendo de capitán en aquella película Orgullo y Pasión, junto a la Loren, y Gary Grant, ni menos, al pie de las murallas de Ávila, cerca aquel día de un joven guapo, castellano, que luego fue,historia de España, aquel casi muchacho llamado Adolfo Suárez, que en aquella  historia hacia de “uno más en la tropa española”.

¡Cuánto que contarles^, mis leales! Pero así es mi vida, y así es mi historia. Mi historia y mi vida que no es otra que la de los demás, y en eso estoy desde aquel día que consciente de que no seria “alguien”, por lo menos creo que acerté al dedicarme a contar los vicios y virtudes de algunos de los protagonistas de mi tiempo.

Como por ejemplo, hoy, este Sinatra, por muy pocos recordados, simplemente, solamente, quizá porque siendo tan humanos tuvieron un don divino, que es también estos días cuando se habla tanto de Las callas, maravillosa, por una película sobre su vida, y hasta su muerte, a la que también conocí personalmente aquella mañana en Nueva York, en el hall del Hilton, junto a su amor entonces, el riquísimo Onassis. Por cierto, que estos días se ha barajado la historia dramática, terrible, de que una de las causas de su muerte en soledad y en Paris fue  “porque había ingerido, de su propia mano y por su deseo personal, una tenia, un a lombriz infernal, que devoraba todo lo que comía, y así le permitía no adelgazar ni un solo kilo más”, según una dieta feroz por no sé quién recomendada.

En  fin, una fecha para no olvidar, la de aquel Frank, a la que la pobrecita mía, Carmen Sevilla, en su tiempo del olvido, llamaba porque no sabía ingles, Flan Sin Nata, que ahora mismo recuerdo cuando el Alzheimer es el compañero de rodaje, de una de las mujeres más lindas de España, de la que estábamos casi todos enamorados, y a la que el propio Frank, en aquella película al pie de las murallas “tiró los tejos” a su manera, quizá cantándole el Granada de Agustín Lara que él sabía cantar también, nunca mejor dicho lo de “a su manera” que fue el título de una de sus más hermosas canciones, jamás cantadas y que aprovecho para exhumar después de lo del sábado en Lisboa, que ha puesto en órbita el “himno de la gallina” como ha sido bautizada en todo el mundo. ¡Ay, si Frank levantara la cabeza!

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