Ágatha sobre el tejado de zinc

La obra de teatro La gata sobre el tejado de zinc, caliente de la que es autor, inolvidable, Tennessee Williams, al que yo tuve la suerte de entrevistar hace ya muchos años en su casa colonial del Cabo de Florida, entre palmeras, cerca de Miami, donde tenía una casa preciosa cerca de los peces espada, Hemingway, por dar un dato, tan solo fue estrenada hace más de cincuenta años y poco después, además la llevaría al cine junto a Paul Newman ni más ni menos que Liz Taylor, a la que servidor también tuvo el honor y el amor de entrevistar más tarde en Fort Lauderdale haciendo La Loba en el teatro, como se puede comprobar visitando la deslumbrante hemeroteca de nuestra ¡HOLA!

Bueno, pues aprovechando ese título teatral que fue un enorme éxito en su tiempo, servidor jugando a las palabras, que es el único juego que me queda dada mi edad provecta, he titulado este retrato urgente para presentarles a esa persona, única, valiente, rompedora y genial que estos días tiene una enorme actualidad de nuevo, aunque no la había perdido ni en los más difíciles momentos de su vida, porque esta dama, Ágatha Ruiz de la Prada, marquesa, baronesa, y además Grande de España, es uno de los grandes talentos de este país nuestro. Por su talento, insisto, pero también por su talante, que sin perder la sonrisa es una mujer excepcional y a la par capaz de ser primera página de cualquier publicación, si es que ella quiere. Porque es una maestra en lo suyo, lo que se llama el diseño y la moda, pero es que además emerge como el ave fénix de todo aquello que la rodea, la cerque y hasta intenta quebrarla.

Ágatha Ruiz de la Prada, en ¡HOLA!: 'Me siento traicionada'

Ahí está Ágatha, superviviente siempre, aparentemente siempre ganadora, aunque nos parezca perdedora, creadora y alimentadora, vaya palabra, de un mundo excitante, original, divertido y sobre todo difícil, muy difícil de imitar. Ágatha acaba de ser noticia, estoy seguro que por derecho propio y porque le ha dado la gana, al dejarse ver y cerca, de uno de los personajes más misteriosos y personales, de nuestro momento. Luismi, que viene de una vivencia durante muchos años con la heredera del ducado de  Franco, Carmen Martínez-Bordiú, romance que duró mucho tiempo y que mereció los más diversos comentarios. Luismi, como se le llama familiarmente, es uno de los más brillantes y exitosos chatarreros. Sí, comprador y vendedor de automóviles, emperador de un imperio de coches que le han convertido, arriesgando y sorprendiendo, en el mayor en lo suyo, el mayor y el mejor, sin duda. Ágatha, que viene como todo el mundo sabe de un fracaso matrimonial con uno de los mejores periodistas españoles, Pedro J. Ramírez, ha sabido sortear el largo y difícil momento y emerger de él con fuerza y personalidad, como siempre ha hecho a lo largo de su vida, cincuenta y siete años de biografía, de trabajo y de alegría, porque ha merecido ser uno de los más gratos mensajes de color, de acción y de pasión, en la moda de este siglo.

Cerca de ciento cincuenta países saben de ella y su paso por allí por donde vaya es un suceso, un documento sorpresivo en este planeta en el que ya nadie se sorprende por nada ni por nadie. Esto es un modelo suyo, colores, figuras, corazones y palomas, como una cometa en tierra por la Quinta Avenida, donde nadie vuelve la cabeza al paso de nada ni de nadie, se convierte en un espectáculo juvenil y positivo que alegra las pajarillas del alma. Ágatha siempre, siempre sobre el tejado de zinc caliente de la fama, de la gloria, de la sorpresa, es un suceso distinto, en su propia sencillez, en su propia algarabía, en su insisto, genial forma de tratar, usando los cinco sentidos, de posar, de pasear, un vestido, un traje, convirtiendo la calle en una pasarela, mágica y única. Yo, que no tengo el gusto de haberle dado la mano siquiera, debo aquí mismo reconocer que para un periodista es un hallazgo maravilloso, un tesoro encontrado, flaca, sorprendente y como he dicho ya más de una vez, por allí por donde pasa deja huella, siempre en esta pasarela de la vida, por la que ella pasa, pesa y posa, como una reina de la fantasía y sobre todo de la necesaria positividad de la vida en la que estamos.

Ágatha Ruíz de la Prada y Luis Miguel Rodríguez

Bastara saber ómo huele un perfume para saber sin leer el nombre en el frasco que es de ella, ver un vestido que camina, un cuadro por ella pintado, un modelo de zapatos, un apunte escrito u modo una manera de ser y de estar que ha sido capaz de crear no solo una forma, sino un fondo, vivir, sobrevivir, convivir a lo Ágatha es realmente una manera de  existir. Creadora de todo lo que se le antoje, mujer que sin ser bella es bellísima, distinta, nunca distante, madre ya de dos hijos que igual si no lo han hecho ya, la harán bien pronto abuela. Ágatha es una española, además de eso, españolísima, noble además de por el Boletín Oficial del Estado, por su propia manera de ir por la vida, optimista, joven siempre rompedora, ¿lo he dicho ya más arriba?, equilibrista, reina del trapecio  de la cotidianidad, siempre, siempre fabricante de titulares, buena gente, un tesoro insisto para un periodista, un espectáculo de por sí misma… En fin, alguien a quien me gustaría conocer rápidamente. Con Luismi está aprendiendo a reciclarse.

Gran mujer esta, elegante y resultona. Va a convertir el cementerio de coches del gran y envidiable empresario madrileño en una exposición de lujo de los coches más diferentes. Más les digo, atención, en una exposición de lo más divertida y joven de este año. Se van a llevar los automóviles con flores, margaritas y tulipanes, los camiones de colores de primavera,  y yo que lo vea y pueda contarlo. Y si no al tiempo. Mañana mejor que pasado.

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