¡Aquellos días de Hollywood!

Como siempre, por lo menos un par de veces al año, ahora con los Globos de oro, por ejemplo, y en unos días los Oscar. Hollywood se convierte en noticia. Claro. El resplandor de la ciudad de las  “colinas de de oro “  como alguna que otra vez la llame, iluminaba al menos por un par de noches al año, el planeta tierra al menos.

 ¡HOLA! me envió muchas veces a ese lugar único, que ahora se ha convertido en el pueblo de las leyendas del cine, por que donde antes vivieron, disfrutaron y también mucho sufrieron es ahora, el sitio donde vive el nuevo cielo de estrellas de la televisión, los que acaban de llegar como  quien dice y que han terminado, “rentando” como allí se dice las casonas, formidables, algunas verdaderos  eso que ahora se llama casoplones, de los nuevos nombres, y rostros, sobre todo rostros, del pequeño cine azul de nuestras televisiones, ese mundo del cuarto de estar que te trae la gloria y a veces también la tristeza hasta el diván , con muchos pasan la mitad de su día, lo que aún les queda de  vida.

Yo, servidor y perdonarme porque siempre hecho el  “yo” por delante, he ido, he viajado muchas veces, muchísimas, la mayoría por  deseo de ¡HOLA!, verlo para contarlo, a esa ciudad de las estrellas que tenía su propio mapa y un raro fulgor, en muchas ocasiones el que emana la nostalgia. Incluso había, y creo que sigue habiendo, una ruta de los famosos, donde en un coche descapotable- casi siempre hace buen tiempo allí- te van mostrando sin necesidad de apearse del autobús de la gloria, generalmente el raro brillo de aquello que se fue y no ha vuelto. Les diré, que por ejemplo, donde más veces acudí al mismo sitio, fue para ver a Marilyn Monroe, ya desaparecida de este mundo, y que reposaba , pobre niña rubia, en un nicho en el cementerio de Los Ángeles, con su nombre verdadero de Norma, pero eso si al menos mientras yo fui, tantas veces, siempre había una rosa, fresca en el sitio. Una noche larga de tormenta en el archipiélago de las perlas de Panamá, en que fue el marido , el que más la amo, el genio del baseball, Joe Di Maggio, me confesó que él era el que le enviaba la flor de la soledad, que no sé si alguien seguirá enviándola, porque es uno de los sitios, más visitados en la ruta astrológico-astronomina del mundo del llamado séptimo arte.

La última vez que fui al camposanto, donde estaba Marilyn, debo contarlo otra vez aunque lo he descubierto ya muchas veces, encontré una carta escrita a mano, en español. Seguramente por un hispano enamorado. La robe, a ver si un día vuelvo a encontrarla y en ella, decía entre otras cosas, esto que en el fondo y en la forma, era una declaración de amor en toda regla.

-“De haberte conocido antes de que te fueras de este mundo que no te conoció del todo, ni tu estarías ahí donde estas, ni yo, estaría aquí  dejándote esta carta querida Norma…..”

Escalofrío, pero me la traje. Debo buscarla casi inmediatamente sobre todo después de haber podido comprobar, que fue además de una estrella vagabunda, algo mucho más importante, una poeta, no poetisa, formidable. La leo con insistencia, tengo su libro de versos al lado de mi sitio de trabajo, un  trabajo publicado no hace mucho por su propio psquiatra, que se ocupo de la cabeza de Marilyn, donde está de verdad el corazón con más de una vez he dicho.

Ella formaba parte, en la última parte de mis viajes a Hollywwod, que me convertía de hecho en vez de en un enviado especial, en un enviado espacial, por que iba a ver de cerca, no con el telescopio sino con el microscopio de la cercanía, a las que día a día, y desde allí precisamente emitían su luz,  siempre tan envidiada, aunque a veces en el paraíso, ardía también el infierno de su propia vida y su propio destino. Y así, entreviste en su dia por ejemplo, a las hermanas Gabor, a todas, que eran tres, y que siempre fueron un espectáculo digno de ver y contar, y sobre todo tan cerca, conocí, al hispano mexicano Ricardo Montalban, que vivía en lo alto de Hollywood, allí arriba, del todo en una casa tipo pirámide del sol y de la lluvia, fabricada  por un gran arquitecto de origen español que le hizo lo que  quería, vivir como si fuera el ultimo Moctezuma de la historia.

Allí entrevisté al actor, que era ni más ni menos, que el marido de Barbara Stewart, almorcé una terrible paella en la casa tipo california de Charlton Heston, anoche vi por cierto de nuevo en una  versión moderna Ben Hur en la tele, si bien me quedo don la primera. El actor quiso hacerme un presente, no diría yo que envenenado, porque lo hizo con la mejor intención; una paella, made in Heston, decía que había aprendido a cocinarla en  Valencia cuando rodó “El cid”  con Sofia Loren… —-

-Me gustaría saber si le ha parecido buena.

Dije, que sí y le mentí, de lo que aún no me confesado hasta hoy. Estaba horrorosa, pero la  piedad a veces es necesaria.

Tengo las fotos de mi paso por todas las casas de las colinas doradas, algunas, con los jardines, nada cuidados. Las cosas como son. Y estuve también con George Hamilton, aún no tan cerca, como luego más tarde estuve de Liz Taylor, que casi la acompaño hasta reclinar su cabeza la de Liz digo, empujando su silla de ruedas al  final de su fulgurante existencia. A Liz, la entrevisté sin embargo en un teatro de Florida, cuando hacia La Loba. Eran insoportables de aguantar aquellos ojos lilas, donde naufragaba un cisne , cuando la entreviste y me puso una mano en la rodilla, mientras hablábamos, yo tenía entonces treinta años menos que ahora, como he contado también  muchas veces como uno de los momentos inolvidables muchas veces por que uno solo tiene una historia que contar. Por cierto que George Hamilton, descendía de catalanes y llevaba un chevalier en el dedo pequeño de su mano derecha en la que lucía una flor de lis. Era muy guapo, y bebía solo vino español lo que demostraba su talento, aunque el champan de los campos de california, hijo de muchos cruces también está para beberlo.

Vivía en un pequeño hotel cercano,  cercano a la moda azteca, y allí descubrí, que quien levanto el gran letrero blanco, con todas las palabras del barrio de los ángeles, fue un albañil asturiano, del que ahora mismo no recuerdo el nombre, porque los años no pasan en balde y yo tengo ya para ochenta y cinco.

Me gustaría ir recordando los nombres de oro, de aquellas entrevistas inolvidables, que darían para  un libro, pero ya no tengo tiempo yo me siento a escribir para ustedes sin acudir a la wikipedia, si bien debo decirles, que la última vez que fui a Los Ángeles, a una cena de muchos vatios, fue a la casa de nuestro embajador, en la ciudad, cónsul entonces, y que aquel día pude ver juntas, también para ¡HOLA!, a  Sofia Loren, a Angelica Houston, en aquel baile de noche por sevillanas, que  lucieron en homenaje a dos infantas de España, Cristina y  su hermana Elena y fue aquella noche, realmente inolvidable, Hollywood como un ascua encendida al fondo, cuando yo titulé  en un pronto de talento, por que todo se pega en este mundo y allí había para regalar, sobre todo talento de España, con el titular de:

“La noche que había más estrellas en el suelo que en el cielo”.

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