Hoy el protagonista es el cerdo

 

Con la venia,mis ‘blogueros’ tan sufridos siempre, y tan leales, por pocos que sean el todo el planeta, lo cierto es que el que manda es el cerdo, el de cuatro patas, el del hocico avanzado, el del rabo rizado, el de las grandes orejas. Sí, el cerdo, el marrano, el guarro, y ustedes perdonen, el chato como también le dicen. No debo olvidar que, si bien por poco tiempo, fui en mi niñez lejana porquero, que era como llamaban al chiquillo, al nene, que se ocupaba de sacar los cerdos al  campo a ver lo que se encontraba, aunque a veces solo había piedras, piedras que comer que, por cierto, los cerdos no devoraban por mucha hambre que tuvieran, sino las cabras que iban a por todo, las cabras de mi niñez, las cabras de mi abuela Concha, que al final siempre hacían el milagro de dar aquella leche generosa y tibia de la que todos bebíamos, en la ubre en el corral o si me apuran en el momento mismo del ordeño, etc.

Este es el año del Cerdo, en el  almanaque chino y para todo el mundo. Y como sé que a veces me leen, el chino que vende de todo y a buen precio que hasta incluso te dice, sonriente en un español correcto, “ya me pagara usted mañana. Tiene crédito en esta casa”, lo que indica su talento. Forma parte de la familia, como quien dice. Incluso lleva viviendo en esa esquina de la calle, de esta calle del barrio de Chamberí en Madrid, donde tiene usted su casa, tan cerquita de ¡Hola1 siempre, y hasta si me permiten es ya como del barrio. Eso , el chino de la esquina, pero en todas partes de todo el mundo, donde haya una esquina, una plaza, una calle o una tienda, ya saben, hay un chino.

Un día hace ya muchos años, un  líder de América, en aquel tiempo muy querido, me aseguró en el ‘hall’ de un hotel en La Habana del actor americano George Raft, que “estamos rodeados de chinos”. “Como puedes ver en el hall de este hotel. ¿Sabes por qué? Pues porque mira, golpea la mesa, nace un chino, nace un chino, nace un chino ¿no? Bueno pues entre cada uno de esos, nace otro”, decía.

Verdad enorme, cierta, pero es que además, los chinos son un planeta entero dentro de otro planeta. Y además, son los amos del mundo en muchas cuestiones. Y por si fuera poco, cada año se permiten celebrar cada año que pasa con el símbolo de uno de sus animales sagrados. El año que se fue, creo que se trataba del perro, este ya, desde hace unos días, el cerdo es el protagonista. Ya lo están celebrando, en todo el mundo, desde la señal de internet hasta el más pequeño lugar del globo, donde haya un chino de pie, con un resturante, una tienda de lavar ropa, o un imperio, porque en el sitio que hay más ricos del mundo, de todo el mundo, ‘blogueras’ o ‘blogueros’, celebran, desde hace unos días ya, el año del Cerdo.

Quizá, en muchas cosas estamos de acuerdo, que ya saben lo que decían los conocedores de las virtudes del mismo: “Del cerdo, son buenos, hasta los andares”. Cosa ya demostrada. Servidor, que ha hecho ya los pregones de los jamones y demás conjunto del cerdo, en Trevelez, en Teruel, en la sierra de Salamanca, en Guijuelo, en  Asturias, en Montanchez, en Guijuelo, donde fui además nombrado caballero de la orden del  Cerdo, igual que caballero de la Orden de la Morcilla, en el mismísimo Burgos. Además, conocedor como soy de toda la ceremonia, de “la matanza”, en la casa de mi abuela de mi pueblo de los montes orientales de Granada, que era una noche inolvidable con la tradición en la artesa, y la alegría de aquellas horas mágicas, en la vieja casa de la madre de mi padre. Zambombas, el milagro de la longaniza, el chorizo envuelto en papel de plata o de estraza, en la brasa del olivo de la chimenea inmensa, donde podías entrar de pie, si es que quisieras… Y además, por una cosa, amigos, por que yo conozco, China, aquella de entonces, de Mao, cuando fui portada en color del Abc, en la plaza de Tiansamen, rodeado de chinos, aquellos días en la inmensa nación. Entonces todo el día vestida de rojo, de la que me traje entre otras cosas, la lata de ginseng autentico, la caja de guardar relojes de plata vieja y naranjo nuevo y, sobre todo, aquel sabor increíble, inmejorable, del cerdo lacado, de los siete sabores, ¡un milagro de la cocina imperial, mucho antes de los rollitos de primavera tan actuales y de moda, hoy en cualquier rincón del mundo..

Pueblo trabajador, amo de planeta tierra que levanta su imperio, su gran muralla  que yo recorrí con mi gorilla verde, hasta donde me dejaron… El cerdo, bendito sea. El cerdo, mascota que tenía en su casa del campo, mi niña preferida, Eugenia, Duquesa de Montoro. Un cerdo rosa, que fue creciendo discretamente, perfumado por ella, que tanto ama a los animales, a todos, incluido  este servidor de ustedes.

Mi amigo el actor Jesús Puente, que se nos fue, pero que en una ocasión estuvo cerca, muy cerca de la muerte y hubieron de operarle con urgencia y ponerle una válvula en el corazón. Yo estaba cerca aquella noche de gala cuando le acercaron un plato de jamón, por cierto, de los Pedroches, donde se consigue uno de los mejores del mundo. Les hablo de Jesús Puente y el camarero que le traía las hojas  de jamón recién cortadas, y él las eludió después de pasa la bandeja, yo le escuché, lo que dijo en un  largo suspiro: “Me gusta mucho el jamón, quizá lo que más me gusta en el mundo pero tengo el compromiso de agradecer al cerdo, mi vida. La vena nueva que me pusieron para poder seguir respirando era de cerdo, que como usted debe saber, es lo que mas se parece al humano en tantas cosas. Venas de cerdo que salvan seres humanos. Muchas hay. Y también con ellas se hacen, por ejemplo, cuerdas de las mejores guitarras.

Agradecimiento al animal, que científicamente más nos parecemos y que está además, salvando tantas vidas. Podría hoy haber acudido a las fiestas de nacimiento, tantas y tantos que cumplen años, pero no, hoy siquiera por haberme dado tantas veces con su carne, con su severo ronquido, con su áspera caricia, con su sabor inigualable, hoy le dedico mi página de todas las semanas. Que se lo lean y si no, a ver si un día éste viejo papel, escrito en el aire termina en su corral de sierra morena…y le sirve aunque sea de fugaz alimento, al fin y al cabo en las reuniones de periodistas, comentamos el hecho que dice: “Con que sirva lo que hemos publicado hoy para hacer un cucurucho de papel para el pescaito frito”.

Y además, ya lo dice el refrán popular: “El que hace un cerdo hace ciento”.

Asé que, feliz año del cerdo, los dragones en la calle, la ópera en los teatros con sus voces  finas, hermosas, el recuerdo del Yangse, en aquella barca de bambó… el sabor es un amor.

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