“El Puma” ha vuelto a rugir

Parece que le estoy viendo, navegábamos por el Caribe y yo ib, sino, no me hubiera sido posible hacerlo, de invitado. Fue mi buen amigo, al menos entonces, hace ya unos pocos años quien me invito.

“Canto a bordo durante varios días. Va a ser como una especie de viaje de luna de miel, con Carolina, a la que tu ya conoces bien por que me has hecho más de un reportaje  con ella, para ¡HOLA!, que sabes que nos gusta mucho”.

Así, que claro que sí, que me compré un sombrero de paja de los llamados Panamá, y  que se pueden llevar en una maleta sin arrugarse, y me acerqué hasta Puerto Rico, o igual fue desde Miami, -que no me acuerdo ahora mismo, culpa de los años, los míos-, y navegamos que daba gloria. Hablábamos todo el día, una delicia, y por la noche había que vestirse de smoking, yo llevaba uno alquilado en Madrid, y daba gusto escucharlo bajo aquella luna de ensueño con Carolina, su segunda esposa, bastante más joven que él, vestida como un hada desprendida de uno de los cielos mas hermosos del mundo, más rutilantes, y más cuajado de luceros. Fue aquel el primer gran momento para decir, aquello de “había mas estrellas en el suelo que en el cielo” frase más o menos brillante que repetí en distintas ocasiones, por ejemplo, cuando navegaba junto a la infanta Cristina,  por el  gran río, cuando yo la llamé Princesa del Amazonas, como pasa el tiempo.

José Luis Rodríguez era hijo de un español emigrado a Caracas, uno más de los diez hermanos que tuvo en Caracas, aquella numerosa familia, de la que emergió como gran resplandor la voz de aquel muchacho moreno, de pelo estupendo, siempre lo tuvo, que ya desde la cuna misma dio noticia de para lo que había nacido. Guapo, de ojos feroces, no tuvo que buscar mucho en el zoo de los grandes, para llamarse artísticamente “El Puma”. Un nombre muy bien elegido, sin duda. Con el triunfo y ha llegado hasta hoy, a los setenta y siete creo, a pesar de haber sido dado en una ocasión por muerto, tanto es así que incluso el mismo en persona, y en concierto tuvo que desmentir la noticia. Su segundo apellido era, es, González, y fuimos muy grandes amigos, tanto es así, que además de lo del Caribe, El Puma me cantó el Pavo Real, aquel fabuloso, grandioso, que llenaba el escenario, con su pelo alborotado en aquella plaza de toros, la de Quito, una de las más altas del mundo, donde al terminar su concierto, caminando por el barrio hermoso de las iglesias españolas, me permití decirle antes de subir arriba, a la casa estudio del pintor Guayasmin, que por cierto me regaló una litografía suya dedicada que naturalmente, milagrosamente, aún conservo.

-me ha dado la sensación Puma, que había en tu concierto de hoy como un mensaje mas espiritual que ninguna otra cosa, a veces parecías digo yo pienso yo, dime si me equivoco, como una especie de sermón de la montaña, como si quisieras incluso cantando, salvar al mundo de sus pecados..

Se paró, dentro de su guayabera, casi se veía latir su corazón, y me descubrió.

-quiero que seas amigo mío, que es lo que de verdad me hubiera gustado ser, misionero, y de alguna manera es que lo hago en lo que canto, en lo que digo, en lo que hago. En lo que vivo.

Tuvo tres hijos. Los tiene, gracias a Dios. Hizo telenovelas con éxito, llegó a ser uno de los artistas más importantes de todo un continente y a mi me gustaba mucho verlo en escena, no solo en lo del pavo loco, que fue un gran suceso, sino por ejemplo en aquella canción bolero mágica en la que cantaba: “Voy a perder la cabeza por tu amor”

Grabó no se cuantos diccos, hizo películas, en América entera, la del norte y la del sur, llegó a ser un ídolo. Parecía no envejecer aunque ya respiraba de una manera difícil. Y es más, cuantos más años tenía, más personalidad. Una elegancia feroz, en la escena, cantando, moviéndose, e-na-mo-ran-do. Llegó a tener, su propia cadena de televisión, creo que fue en Maracaibo, y cuando venía a España llenaba hasta la bandera,  batía record de audiencia. Gustaba mucho.

Y de pronto, la salud. Hubo que arreglarle del todo un pulmón. Lo perdió en combate, cantando. Un día me llegaron de él unas fotos angustiosas, pobre Puma, de esta no sale, pensé. Pero salió, desde su casa de Miami, aquel ático de cristales desde el que se dominaba el mundo entero. Enflaqueció, parecía un Quijote pero seguía vivo, editando viejas canciones, presentando proyectos nuevos, y siempre que era posible, ser-mo-ne-an do. Pensé que terminaría quizá aconsejando espiritualmente, dando clases a los niños, pero siguió hasta hoy mismo peleando. Pero ya no solo con un pulmón, sino que hubo necesidad de operarle de los dos, y los dos, se los trasplantaron, después de una serie de largas operaciones a vida o a muerte. Pienso yo que su cercanía con lo divino, quizá hizo el milagro e volver a verlo como ahora mismo lo veo delgadísimo estropeado, claro con los pulmones de otro, u otros, pero según las noticias recién llegadas a todos los medios del mundo

“Pienso presentarme a presidente de mi país, porque sé que puedo servirle mejor hasta el último momento. Lo haré oficialmente en estos días. Si Venezuela me necesita, aquí me tiene, y aprovecho para ello sacar un nuevo disco, con las mejores canciones de mi vida, y otras nuevas. Me siento fuerte y lo que es mejor, mas útil que nunca. Quiero que mi país sepa en este momento que me tiene a su disposición mas que nunca. Jamás deje de ser, un buen venezolano”.

Igual lo consigue. Sabe que se lo digo de veras. Sé que a pesar de todo, su voz y su actitud, serían como lo fueron siempre, trascendentales para su pueblo, suerte Puma, mi viejo amigo.

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