Hoy, soy, Lunático Medina

Aunque solo sea por un solo día,o mejor dicho por una sola noche ya que soy más alondra que lechuzo, como dice el viejo refrán periodístico. O sea, generalmente yo uso, la noche, para soñar, ya sea con los ojos  cerrados o abiertos, que también así me gusta desear lo que nunca podre conseguir que es lo habitual en mi caso.

Pero lo cierto es que la luna, hoy, estos días es más noticia, y a la actualidad me someto. Verán, estos días se celebra en el mundo entero que el ser humano subió hasta la luna, hace creo que cincuenta años, y por si fuera poco, también es casualidad, anoche hubo eclipse de luna, por lo menos en España cosa que no pude ver, porque para mí, tan acostumbrado estoy al dicho ese de “Más estrellas en el suelo que en el cielo”.

Por mi oficio, ya saben, de coleccionista de estrellas, estoy también hecho a  poder comprobar incluso en mis propias carnes, que ese dicho es realidad,  compruebo que son más los eclipses que las apariciones, aunque prefiero contar un nuevo resplandor, que llorar sobre la estrella caída, en la avenida de las estrellas crepusculares.

Y a lo que voy, que el mismo día hace tantos años que el humano llego allí a lo alto, servidor estaba saliendo del fondo mismo de la cueva del mundo, allá lejos en la Isla Filipina de Mindanao, donde un Kennedy acababa de contar para el National Geographic -cuyo amarillo especial del canto me gusta tanto-, donde gracias al permiso especial de un buen amigo mío ministro de minorías del presidente lejano me había sido posible llegar hasta allí, al fondo donde los  habitantes de la tribu Tasaday, que aún vivían en la edad de la piedra, de ahí el descubrimiento, desayunaban por ejemplo una especie de gigantescas orquídeas  crudas, como si fueran lechugas, que yo también tuve que comer en aquel largo fin de semana donde además pude descubrir que la especie humana en su principios, en sus raíces lejanas, era mucho más solidaria en este momento en que volvemos de la luna,  presumimos de ello. Aquel ya viejo amigo Balayam; que está esperando en el ayuntamiento de mi pueblo de Piñar, que por cierto es un viejísimo eslabón de la prehistoria en España, de ahí esa cueva de las ventanas, esa cueva del agua donde  de niños jugábamos a buscar por ejemplo dientes de tigre sable, que los había cuando el mundo empezaba a parecerse, a veces desgraciadamente, no hay mas leer los periódicos del día, al tiempo durísimo en el que vivimos…

Y además, nosotros, sobre todo los granadinos, ya teníamos el poeta Federico García Lorca, que tanto escribió de la luna, y además prodigiosamente, poniéndola cada vez más cerca, no hay más que recordar aquel verso que ya de niños aprendíamos en las escuelas de nuestra geografía

Cuando Federico decía aquello de

La luna vino a la fragua

Con su polisón de nardos

El niño la mira mira

El niño lo está mirando…

Tan cerca estábamos de la luna,  poética que el primer y quizá único verso que yo escribí a los siete años, si a los siete, en la huerta de mi abuela en mi pueblo donde tan cerca se ven las estrellas,  decía Así y Que he contado tantas veces.

Soñando siempre en ser lápiz

El ciprés solo y abuelo

Con la raíz honda honda

Y un  murciélago en la fronda

Quiere pintar en el cielo

Haro de luna redonda

La luna como un pañuelo.

O sea, una luna imposible y cuadrada, cuando la luna es redonda, y si es media luna, o es cuarto de luna, es gracias a los eclipses esos que la  convierten en la luna a pedazos, y no me atrevo a decir a cachos porque sería un sacrilegio.

Además yo he estado en la Nasa de donde partió la expedición, y  he entrevistado años después a uno de los coroneles, que volvieron de la luna, y le entrevisté y le recomendé, además, que “se acercara a Granada si quería ver a la luna de una menara única“, que era reflejada en los jardines del Generalife, mientras suena el agua que salta, y verá como los de aquí abajo ya habíamos visto la luna  y vuelto sin necesidad de dejar nuestra huella en la superficie, de esa criatura que desde allí arriba, nos mira, nos ve, y sobre todo calla, y observa…

Por otra parte les puedo hablar de la Media Luna roja, que trabaja en la caridad humana de las guerras, como nuestra Cruz Roja, y les podría decir, de la redonda e inmensa luna de África en el paisaje seco del baobab, o la luna amarilla, o la luna verde, o la luna azul que también existe, o la luna de la copla aquella de mis tiempos que decía mientras la cantaba Nati Mistral…la luna es una mujer…

¡Qué tiempos aquellos! la luna de los gitanos, la luna de la guitarra, la luna otra vez del poeta.

La luna es un pozo chico

Las flores no valen nada

Lo que valen son tus bracos

Cuando de noche me abrazan…

Las niñas que se llaman Luna, y que son algunas que yo conozco, las lunas de la playa de la lanzada, los lunares, palabra que viene de luna, la media luna de las sandias, la luna aquella impresionante del valle de la luna, de Bolivia de donde yo volví en su día, los valles de la luna, la luna espía, la luna encendida, la luna de los fareros, que siendo la misma luna son bien distintas. Yo tengo, si bien inmerecidamente, aquí entre mis libros la veo, la enseña de El Pozo de la luna de Federico, que es un galardón, maravilloso que te entregan en Fuente vaqueros una vez al año y que en las noches de mucha luna, se enciende por dentro como un farol chino -¡cuánta luna hay en mi vida! ¡Cuánta luna, luna luna, luna lunera cascabelera!-.

También la luna de la sangre, esa luna negra de los asesinos de la noche, esa luna, que un día vi de tan cerca como la tuve, cuando aquella entrevista para ¡Hola! , de Liz Taylor, cuando suavemente sentada en su silla, paseo por mi rodilla su mano llena de platino y diamantes.

La luna que sigue siendo noticia, y por eso hoy en el blog que viaja por todo el mundo de ¡Hola!, que no hay más que repasar sus cifras, cuando podría contar como Sofía Loren, vuelve al cine, a sus ochenta y cuatro años, aun no cumplidos, o contar la historia de esa dama belga de apellido alemán, madre de siete hijos, que siempre viste pantalones, según su propia declaración de principios, presidenta, la primera de Europa, acudamos a la bendición de los chinos  aquellos a los que un día descubrí – la luna que lleva en sus uñas Rosalía, dibujadas dedo a dedo por un especialista que habla mandarín- aquella noche inolvidable, en Barrios de Luna, en León, cerca de la Virgen del Camina, cuando me hicieron pastor mayor, porque defendí a los cuidadores de ovejas, frente al lobo depredador, pobre lobo, especialista en lunas aunque prefiere que para cumplir su cometido, prefiera las loches sin luna…

La luna, siempre la luna, queramos o no la luna. Hoy dicen que Trump, ha dicho que ahora donde hay que llegar es a Marte. Vale, para entonces, ya sea marte, o miércoles,  yo ya estaré  quizá de vuelta de la luna. Por eso hoy me permiten que firme de esta manera siquiera por una sola semana -ah, y aquella luna del primer número de ¡Hola!, aquel primerísimo de Dña. Mercedes y don Antonio, que habían visto la misma luna, siendo de dos lunas distintas. Y es que como dice aquella hermosa canción de ayer mismo, todos, somos eso: Hijos de la Luna…-

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