CUCURRUCUCU PALOMA, SAN BASILIO

De pronto, aparece fulgurante y valiente, defendiendo a un amigo, y sobre todo a un maestro. Emerge sonriente, culta, valerosa, culta, como siempre, ha hecho a lo largo de su vida e inmediatamente después, vuelve a su habitual y fascinante silencio.

Y así durante tanto tiempo, la conozco desde hace mucho, muchísimo tiempo. Un día en la tele mi maestro en tantas cosas y que se nos fue tan de pronto, Don Manuel Martín Ferrand, me  ofreció un  regalo inolvidable.

-Te voy a presentar a una chica, que además de cantar muy bien, estudia en la Universidad de Madrid, es muy bonita, y va a dar muy bien en la tele.

Y presentó, aquel programa inolvidable, que se llamó, todavía se llama, ‘Siempre en Domingo’, y que estará en el archivo formidable de televisión española, donde hay tanto mío, o debe haber, tanto hecho…

Y a lo que voy. Era una chica de su tiempo, flaca, moderna, actual, que además de su elegancia persona, escribía de gloria, y tenía un arte  para presentar lo que se echara, sin renegar, formidable.

Ahí la conocí, y desde entonces, a través de aquel programa inolvidable que se llama ‘Trescientos millones’, y que se sigue viendo aunque a trozos en América, la América de nuestro idioma y en la otra también por que ya hay más hispanos en la tierra de las barras y las estrellas, que americanos de pura tierra, ahí cantó mucho y bien, y de una forma verdadera, se abrió ella misma, de su voz, tan linda, aquella inolvidable ‘Tú me acostumbraste’, ‘O la misma de Evita’, cuando hizo de Evita, en ‘No llores por mí Argentina’. A veces cuando yo viajaba todos los meses a América, a la nuestra, y a la otra buscando siempre lo nuestro, la veía llegar al avión, con un traje ya de dormir y envuelta en un poncho chileno, dispuesta de esta forma, porque volábamos de noche, salíamos de Madrid  con las primeras luces y llegábamos por ejemplo, a Santo Domingo, o a México con las primeras de la mañana. Fue una triunfadora en su tiempo, creo que publicó un libro como de memorias, siempre discreta, incluso en los grandes secretos de entonces, que dijeron que llegó a enamorar a un rey, en fin, mucha lengua suelta, pero debo decir, que la entreviste no sé cuántas veces, en su casa de la Florida de Madrid, que ella se ganó con su propia sangre , cantando, actuando, siendo, querida Paloma San Basilio, chamberilera del corazón de Madrid, madrileñísima y universal, nacida en el cincuenta, cosa que digo para que se sepa que aún está en ese dorado otoño invierno, en el que se, que baja al sur a esa casa blanca que tiene elegante y sencilla, ya sobre el océano , ella es oceánica, claro, pintando lo que le da la gana, igual un sol que un niño que corre tras de una cometa, solidaria, discreta, elegante, parece que la estoy viendo, ahora que en el otoño se acerca su próximo cumpleaños, que pienso felicitarla. A veces hace una exposición, sencilla, con su obra última, y ahora me gustaría saber lo que está pintando. Sé que hace yoga junto a la  piscina, cerca de donde tiene la casa mi amigo, mi buen amigo y maestro en las cosas que no se pueden tocar con las manos, pero que existen, J.J. Benítez, ese sabio de las estrellas que se ha ido ahí porque las tiene a todas a mano y puede hablarse de tú, ya que conoce como nadie su idioma.

Bueno, pues ahí está nuestra Paloma San Basilio,  después de haber sido noticia, creo que contra su propia voluntad, en mi vieja agenda de piel negra, debo tener todavía, creo su teléfono, y me gustaría hablar con ella donde ella quisiera, incluso en un avión trasatlántico, que fue tantas veces nuestra casa y nuestro encuentro.

Paloma, tiene una niña, que ya debe ser eso que se llama una mujer bien criada, y recuerdo aquel cuadro de flores, preciosas, de su casa de la Florida, cerca de donde vivía, entonces, Adolfo Suárez, extraordinario presidente del Gobierno, al que conocí, personalmente y que me mandó a México para atar lo que pudiera atar cuando volvieron a anidarse las relaciones diplomáticas, que las de sangre ya estaban desde hace, le pese a quien le pese, más de quinientos años.

Hizo Eurovisión, cantó con una voz limpia, como un chorro de agua clara, de las  fuentes del Generalife de Granada, ¡ay mi Granada!, por tratar de encontrar un símil, y sé que sigue escribiendo, o componiendo a su aire y pintando, mientras recibe  la caricia permitida, de ese sol y ese viento que ella ha sabido encontrar, silenciosa, comprometida, única. Por eso como la adoran en  México, que se metió en un bolsillo a la primera que pisó su  mapa,  he titulado esta pieza, como aquella canción inolvidable, otra vez inolvidable la palabra tan usada, con el nombre de aquella copla mexicana que cantaba entre otras como poca la Vargas, que también fue su maestra.

Ella, inteligente, supo encontrar su norte al sur, y por eso además de admirarla la admiro tanto… paloma, que deja de ser cuando quiere ser águila. Gaviota, ahora que es cuando la paloma vive cerca de la mar, y sobre todo, inolvidable Paloma, que a veces y como nadie la que más sabe callar, canta y cuenta. Como ahora acaba de romper su silencio, de tantos y tantos años, para defender a quien mucho la enseño, y del que tanto aprendió. La lealtad también es un grado.

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