MARÍA ASUNCIÓN BALAGUER YA ESTÁ JUNTO A PACO RABAL

Hoy escribo sobre María Asunción Balaguer, y lo escribo como lo siento, cosa que a veces me pierde pero es que, aunque quiera, no puedo remediarlo.

Se nos ha ido una gran de la escena, una dama inolvidable, entrañable a la que tantas veces he entrevistado. Siempre atenta a “la sonrisa de la escena” como se la ha llamado estos días en la que hoy vuelve a ese hermoso pueblo de Águilas, en la costa murciana, en nuestro mediterráneo puro, donde nuestro Paco siempre con su gorrilla marinera (como la que yo me pongo a veces), la acompañará junto a las gentes del pueblo donde vivió tantísimo tiempo a pesar de ser catalana, y de las buenas.

Os confiesa que, un día me contó el extraordinario director de teatro Pepe Tamayo, que además es paisano mío que tenía a María Asunción de primera actriz ya siendo ella jovencita. Se enamoró de ella hasta las trancas, como se dice en la calle (o por lo menos en mi calle, ya que soy un chico viejo, de barrio y además de pueblo y cateto a mucha honra). Bien, pues aquella dama de la escena y del gran teatro resulta que hace muchos, muchísimos años se prendó de aquel chico, grande, fuerte, de voz ronca y de pelo negrísimo que, hasta entonces, trabajaba en la tramoya de electricista. Le encargaron trabajar en aquella pieza de teatro griego, que además, atravesara la escena con una antorcha en la mano y sin decir una palabra, ya que lo importante era la figura de gladiador, de centurión, de paisano con una túnica corta, pierna larga y sandalias hasta las rodillas. Un papel sin más en el que mostrar su figura y que, tras ese papel poco a poco fue ganando sitio en el drama. Paco sabía recitar el verso como nadie con aquel vozarrón que le acompañó hasta que se nos fue y del que yo disfruté tantas veces.

Me viene a la memoria aquel día en las tierras de Huelva cuando sonriendo, ya con la cicatriz en el rostro de aquel maldito accidente de automóvil me dijo “no me quito la gorra porque me he olvidado, macho, de ponerme la rata en la cabeza”.

Cuando hablaba de la rata, hablaba del peluquín que, en ocasiones se ponía don Paco Rabal al que tantas veces fui a entrevistar o a su casa de Madrid, aquel primer piso lleno de recuerdos, de clase media o, en su sitio más amado, aquel lugarcito frente al mar, donde un día me presentó a María Asunción Balaguer además de a sus tíos Paco y Vicente, creo recordar. Tíos que son los más sabios del mundo y que representaron tanto en su vida.

Hoy, María Asunción Balaguer yace junto a su Paco, al que tanto quiso y aguantó (las cosas como son). Aquel Paco de las películas con tanto drama dentro, las típicas españoladas de su tiempo y al que tanto se admiró en Europa y que no quiso irse a Hollywood porque “nada como su España”. Esa España de pueblo, la humilde de antes, la España de la pena y de la pana.

María Asunción, una actriz enorme y muy querida, de la mejor escuela dramática, se acaba de ir con 94 años y, que hasta el último momento fue, según han dicho sus hijos Teresa y Benito (dos grandes de la interpretación y la dirección), se ha ido una leyenda (como lo son ellos en su tiempo).

María Asunción fue elegante, divertida y a pie de obra siempre, capaz de ir a cualquier lado donde fuera llamada para un papelito en una serie o para una interpretación fugaz. En su día, la entregué el premio Jubilo, una especie de Óscar que se daba a los mayores no por el hecho de ser mayores en sí, sino también por ser mejores. Un premio que recibió tan agradecida, emocionada y que resaltó con palabras de amor y verdad.

La van a dejar en su pueblo querido y luminoso junto a su Paco, su esposo que de haber cielo, que igual lo hay, después de un merecido y largo purgatorio porque no es fácil mantener atado en el puño a un halcón peregrino como lo fue en vida aquel grande entre los grandes, en la vida y en la escena de manera poderosa.

Todos aquellos que han escrito de ella estos días han dicho que Balaguer fue una grande de la escena, que fue muy importante en su época, casi heroica ya que su vida fuera de las tablas, lejos de los focos, fue muy normal. Hace no mucho, tuve la suerte de entrevistarla, charlé con ella sobre sus películas y cuando nos despedíamos, mientras se apagaban las luces del estudio con Inés Ballester de presentadora, me dijo “Tico, que a ver si me llamas cuando cumpla los cien, porque ¿tú cuántos tendrás más o menos?” y yo le respondí de la manera más cariñosa posible “Alrededor de noventa, María Asunción, alrededor de noventa”. Fue entonces cuando emocionada me dijo “lo dicho, ya sabes dónde me tienes. Yo viviendo así, me siento feliz y contenta”

No ha llegado a los cien, después de una larga, larguísima vida como actriz, como esposa, compañera y madre. Pero, aún queda su resplandor de mujer excepcional y entrañable. Adiós Balaguer, un beso para ese ser único que fue tu marido, tu compañero, Paco Rabal que, desde que se fue lo echamos mucho de menos. Por las veces que nos dio de comer en tiempos mucho más difíciles.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer