Comida inteligente

Son muchas las veces que vemos algunos cuerpos sanos y fuertes y lo primero que se nos viene a la cabeza es pensar “¡Qué buena genética tiene esa persona!”  O más bien, “debe vivir pasando hambre” y desde mi humilde opinión ninguna de las opciones es siempre la real.

No cabe duda que la genética juega un papel fundamental en la forma de nuestro cuerpo pero no en su composición; el que tengamos más kilos, menos kilos, más grasa o menos grasa no depende del todo de la genética sino más bien de nuestros hábitos alimenticios y estilo de vida.

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Siempre he leído que alimentarse de forma inteligente es un arte y de verdad que creo que es así. De nada nos vale hacer períodos de dietas restrictivas o de muy pocas calorías si al cabo de un tiempo volvemos a alimentarnos sin tomar conciencia de lo que comemos, esto no solo trae fluctuaciones en el peso sino en el estado de ánimo y en el organismo en general.

Creo que para alimentarnos de forma inteligente lo primero que debemos descartar es la palabra “dieta” y sustituirla por “alimentación sana”. Además, es importante mantenernos activos, y cuando me refiero a actividad física no lo relaciono con apuntarnos a un gimnasio porque entiendo que no todas las personas disfrutan de lo mismo, pero sí movernos lo más que podamos y evitar el sedentarismo.

Una vez tomas conciencia que alimentarte bien y de forma sana no es un sacrificio sino un gran beneficio para tu organismo tienes la batalla ganada.

Otras veces encontramos las típicas excusas como “no puedo llevar una vida social porque esta me incita al picoteo”, “no puedo comer en casa todos días”, “empiezo la dieta el lunes o el 1 de enero…” ¡No! Todo ello es posible y os lo digo de primera mano: en cualquier restaurante hay ensaladas, verduras a la plancha, proteínas magras…. en cualquier situación social en la que nos podemos encontrar siempre habrá opciones más saludables que otras y ese es el truco: Saber escoger.

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Igualmente cuando vamos a hacer la compra, llenar el carro de productos y alimentos tentadores es un desacierto porque luego es lo que vamos a consumir, otra cosa es que eventualmente compremos algo y lo comamos, pero de forma sistemática no nos va a garantizar una buena alimentación. Es preferible tener la despensa repleta de cereales integrales, frutos secos, avena y alimentos altamente nutritivos y bajos en grasa que tenerla a tope de alimentos  de calorías vacías y la nevera llena de verduras y frutas de temporada.

Otro punto importante es saber leer los etiquetados, al menos la información más básica: debemos saber el porcentaje de azúcares y grasas saturadas que tiene cada alimento, para reconocer si es el más apropiado, o por el contrario, debemos optar por otros.

Los productos ‘light’ no son siempre lo que dicen ser, así que en este punto hay que informarse bien de lo que nos llevamos a la boca porque muchas veces y por desgracia productos no recomendables los disfrazan con frases tipo “light, bajo en grasa, cero grasa, etc.” y pueden no serlo.

Así que si queremos disfrutar de un peso adecuado y estar saludables y fuertes no olvidemos también tanto para nosotros como para nuestra familia. Recordemos que todo ello a la larga se traducirá en salud.

Besos y hasta otra,

Virginia.

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